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 Tesis de un ángel cruel.

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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Tesis de un ángel cruel.   Vie Oct 21, 2011 8:29 pm

Tesis de un ángel cruel.
Primera tesis.
“Decepción”

Han pasado ya algunos años de aquel incidente. La memoria nos obliga a recordar. Cada instante feliz que pasamos con aquellas personas que amamos. Familia, amigos y otras personas que ocupan un lugar en nuestra memoria. Todas ellas son importantes. Algunas más, otras menos, pero todas tocan nuestro corazón de una forma sensible.

Nos cuentan cosas que nosotros atesoramos. Secretos, noviazgos, decepciones, alegrías… en fin.

Recuerdo como comenzó todo… Fue aquel fallido 25 de octubre del año 2003. Un sábado como cualquier otro. Mi amigo Matías Bencini y yo, Benjamín Ortega, habíamos quedado por Internet con dos chicas. A la cual “una” ya era mi novia.

-Benja, no van a venir, capaz que te vieron y se asustaron… semejante “Coso” que sos –Este era mi amigo, siempre tan animado él.
-Hay que tener un poco de fe, yo le dije que no éramos ningún “Brad Pitt”.
Estábamos en el Shopping del Abasto. Antiguamente este lugar era un gran mercado de frutas y cosas por el estilo. La verdad, eso era cuando yo aún no había nacido. Tampoco me importaba demasiado. Seguro que si busco información por Internet encuentro pero ni ganas da.

-Vamos a llamarla a la casa, seguro que ahí saben algo –Propuse yo, a lo que Matías aceptó.
En el lugar había unas cabinas telefónicas con Internet por si alguien quería chatear.
Llamo…
-Hola, ¿está Graciela?
-Salió, ¿Quién le digo que la llamó?
-Un amigo que la esperaba en el Abasto ¿A que hora salió más o menos?
-Como al mediodía.
-Muchas gracias y disculpe la molestia.
Miré a mi amigo algo desilusionado.
-No está, salió. Seguro que viene para acá. Salió al mediodía de la casa.
-Negro… ¡Son las cuatro de la tarde! ¡No va a venir!
-Pero…
-Hagamos una cosa –Dijo él mientras yo le pagaba al administrador del locutorio- volvamos al hall de entrada, si no están nos vamos, ¿De acuerdo?

Yo suspiré. No quería abandonar las esperanzas. Volvimos al hall y no estaban allí. No había nada más que hacer. Matías tenía razón, no iban a venir.

Mientras volvíamos en el subterráneo pensaba las veces que fracasé en mi vida amorosa. Tenía dieciocho años y aún no había debutado sexualmente, al igual que mi amigo, mientras que la mayoría de mis compañeros de colegio ya lo habían hecho.

Veníamos los dos mirando el suelo del subte. La decepción que nos habíamos llevado era mayor que toda la monotonía impuesta por la vida. Nosotros de verdad íbamos ilusionados. No nos dirigimos la palabra en todo el viaje. Subimos al tren –luego de bajar del subterráneo- sin siquiera mirarnos.

Me despedí de Matías desganado. No tenía ni ganas de ver a mi familia. Pero cuando llegué me llevé una sorpresa.
Mi mamá, Adriana, me sorprendió.

-Benjamín, te llamó por teléfono una chica. Una tal Graciela.
Mi corazón dañado volvió a latir. ¡¿Por qué no llamé a casa antes de llamar a la casa de ella?!
-¿Qué dijo?
-Dijo que la disculparas pero no podía ir al Abasto por que tenía que hacer una tarea en la casa de una amiga.
¡Estupido! ¡Re-Estupido! ¡¿Por qué no se me ocurrió antes?!
Estaba enojado, furioso, tenía ganas de pegarme la cabeza contra la pared. Lo bueno, mi sentimiento de autosuficiencia volvió.
Tomé mi bicicleta y corrí al cibercafé “Kuato” donde trabajaba Matías.
Dejé mi bicicleta allí en la entrada y entré corriendo. Matías estaba en una de las maquinas haciendo mantenimiento.
-Mati, me llamó… Bah, no a mí… la llamó a mi vieja…
-¿Posta? ¿Qué pasó?
-Llamó después de que salimos para allá avisando que no podía ir.
Matías se quedó pensando un momento y acto seguido me pegó un zape en la cabeza.
-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¿Qué haces loco?
-Sos un salame, andá a tú casa y llamála.
Como si fuera un perrito que le ordenan ir a la cucha, tomé mi bicicleta y volví a casa. Tenía que llamarla.
-Má, voy a usar el teléfono…
-Bueno, apúrate que en un ratito pongo los fideos…
Tomé el teléfono y llamé.

-Hola, ¿Esta Graciela?
-Sí, está. Ahora te paso. Una pregunta, ¿Sos el novio?
-Algo así... –Se escuchó una pelea con Graciela y atendió ella- Hola.
-Hola amor, escúchame, ¿Qué pasó que me dejaste plantado?
-Yo no te dejé plantado, te llamé a las once de la mañana y ya te habías ido… ¡Nos teníamos que encontrar a las dos de la tarde!
Por supuesto, ella tenía razón. Me fui temprano por que me gusta disfrutar del viaje. Es algo que me fascina desde que era chico.
Seguimos hablando un rato más hasta que me dice que la amiga se enfermó y otra no tenía. Así que quedé para ir solo el sábado primero de noviembre de ese año.
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Tesis de un ángel cruel.   Vie Oct 28, 2011 1:46 pm

Segunda tesis.
“Mi novia”

Pasé la semana escolar pensando en ella. Mi mejor amigo del colegio me recomendó paciencia.
-Se paciente mi Padawan –Un Padawan es un aprendiz de Jedi en la historia de “La guerra de las galaxias”, mi amigo imitaba a Obi Wan Kenobi, personaje de esa saga de películas- La soledad no es eterna, la inquietud lleva al lado oscuro.
-Espero no estés equivocado, maestro –Le resalté la última palabra como si él fuera el Jedi y yo el Padawan- ¿Cómo será?
-Confórmate con que sea mujer…
-Según ella, no es virgen y solo tiene quince años… será lo que será.
-A la nada…

Por fin llegó el sábado. Ya casi no lo resistía. Ese día habíamos quedado a las dos. Fui temprano por lo de “Kuato” y me quedé jugando y chateando un rato. Matías estaba medio depre pero conmigo se hacía el fuerte. No quería demostrar su tristeza. Yo lo entendía. Había esperado años por este momento.
Llegué al Abasto y me paré en una de las columnas en espera de que llegara. Había lavado la ropa que me había prestado mi primo y me la había vuelto a poner. Para colmo esa semana fue una semana húmeda.
Mientras esperaba me ponía a imaginar como sería. Esto es así 40% a que es linda y otro 40% a que es horrible, el otro 20% es incertidumbre.
Vi varias chicas que llegaban vestidas como ella. Pero ninguna se llamaba Graciela.
Una chica que no media más de metro y medio entró. Estaba vestida como ella se había descripto. Pelo largo atado en una cola de caballo, campera y remera negra, y un pantalón negro que le quedaba espectacular. No era muy linda de cara, pero… Mientras yo pensaba, ella pasó por mi lado y me miró, pero no me saludo, solo me dirigió una mirada furtiva.
Al cabo de diez minutos se acercó a mí.
-¡Hola! ¿Sos Benjamín?
-Sí, soy yo… ¿Vos sos Graciela?
-Sí.
Me puse tan nervioso de hablarle que me olvide de darle un beso.
Nos pusimos a caminar sin abrazarnos, solo caminamos. Ella parecía divertida. Se reía de cualquier tontería que yo dijera.
Llegamos al salón comedor del Shopping. Ella, con su dinero, se compró una torta helada de frutillas. Nos sentamos y empezó la charla.
-¿Y? Contáme que haces de tú vida. ¿Estudias no? –Le pregunté a ella.
-Sí, es una escuela técnica…
-Ah vas a una técnica, yo también… es la número dos de “El palomar” en Tres de febrero.
-La mía es la número dos de “Chacarita”… Parece que estamos conectados. ¿Te puedo hacer una pregunta? –Dijo ella- ¿De donde sacaste mi mail?
-Te explico: Hace algún tiempo una tal Kittyblood publicó una carta en la revista “Lazer” –Está revista se dedicaba al análisis de anime y series de culto, ya no existe- y yo, de bueno que soy, le “Hackie” la casilla. Allí había un mail que me llamó la atención. Robé el e-mail y te agregué a mi MSN. Lo demás ya lo sabes.
-O sea, ¿Sos un Hacker?
-Algo así, ¿y vos que onda? ¿Tú familia?
-Mi papá, Sergio, es maestro mayor de obras y es insoportable. Mi mamá, Ana, es profesora de inglés y estudia en la UNTREF…
-¿La universidad de Tres de febrero?
-Sí, ¿la conoces?
-Solo de nombre, nunca la vi… Me contaste por teléfono que tenés una hermana. ¿Puede ser o yo escuché mal?
-Sí, se llama Daniela –hizo una pausa y comió un pedacito de la torta helada- ¿Querés saber algo de ella?
-no, nada que ver… simple curiosidad.
En ese momento sentí que nuestras almas se tocaban. Nos miramos un segundo a los ojos y nos dimos cuenta de que estábamos destinados a estar juntos. Pero como dice el proverbio “Lo bueno siempre es efímero”, hasta este momento no soy conciente de lo real que es ésta frase.
La miré y noté que uno de los pelos de su flequillo había caído hacia delante. Por un impulso, se lo corrí de su amplia frente y se lo eché para atrás.
-Gracias…
Degustó nuevamente un pedazo de esa torta y me miró. Dejó su cucharita de lado y me dijo…
-Benjamín, ¿somos novios o no? Ni siquiera me tomaste la mano desde que llegué. Ni siquiera el beso de saludo me diste…
¡Estupido! ¡Re-Estupido! ¡¿Cómo no me avivé?!
-Perdona, es que estaba en otra cosa –Instantáneamente le tomé la mano. Suave y ligera como una pluma. Nunca había tenido una experiencia similar… Nunca.
Luego de aquella muestra de cariño, nos fuimos abrazados hasta la puerta. Aún no me animaba a darle el beso. Tenía miedo. Toda mi vida me había sentido solo. Único en el mundo. Tal vez aquí había encontrado a mí otro ser de luz e inspiración.
Abrazados allí, bajo la luz de luna de noviembre, me sentía único. Decidí acompañarla a la parada de autobuses. Allí le daría el beso que venía esquivando hacía un tiempo.
Se hicieron las ocho de la noche.
-Amor –me dijo ella- mi viejo me dejó salir hasta las nueve de la noche…
-¿Ya te tenés que ir?
No, no podía. No quería que se vaya. Pero, si quería que el padre la dejara salir devuelta, no tenía opción.
-Te acompaño a la parada…
Juntos fuimos abrazados hasta allí. Esperamos el autobús, creo que era el 110.
Apenas llegamos me apoyé en la pared y le pedí un beso. Ella me lo dio. Era mi primer beso y era dulce, hermoso y especial. Nunca lo voy a olvidar.
Pero, dentro de mi cuerpo algo pasó, sentí como que un sello se rompía. Algo se liberaba dentro de mí… algo que no era bueno.
Diez minutos después, y casi sin respirar, ella soltó mis labios por que venía andando el autobús.
-¿Nos vemos el próximo sábado?
-De acuerdo –dijo ella y se acomodó el pelo- el sábado que viene a la misma hora.
Y así quedamos. Yo volví re contento a mi casa. Mientras viajaba en el subterráneo pensaba en lo loco que había sido nuestro encuentro. Todo fue pura casualidad.
-¡No te quiere!
La voz de mi mente, aquel que habla cuando yo pienso que está todo bien, hablaba conmigo.
-¡Vos cállate! ¡No tenés derecho de hablar así! ¡Esta vez no estoy solo!
La voz rió. Pero no dijo más nada. Yo sabía que él estaba equivocado. ¡Ella me amaba! ¡Y yo más a ella!
Ese día me fui a dormir recordando aquel beso. Pero en sueños comenzó a pasar algo.

Gedeón y sus trescientos hombres llevarían acabo una batalla importante. Él estaba preocupado. ¿Cómo ganar a treinta mil hombres con solo trescientos? ¡Era una locura! Él lo sabía. Pero había alguien allí a su lado… Alguien importante. Su Dios, Yahvé, lo había mandado. Aunque a Gedeón no le agradaba lo que veía.
En la distancia podía ver a los inicuos filisteos con sus grandes campañas. Estos habían sido enemigos acérrimos de los Israelitas desde tiempos inmemoriales. Sus dioses no se coincidían. Pero Yahvé era más poderoso y haría caer allí en la llanura de Har-Meguido a sus antiguos enemigos. No había tregua.
Pronto, los filisteos comenzaron a reír del poco “ejército” que tenía el “Dios de Israel y de Judá”.
Gedeón se acercó aquella mañana a unos pocos metros del ejército de los filisteos y les dijo:
-Él Dios de Israel y de Judá ha dicho: ¡Arrepiéntanse oh enemigos de Yahvé, o mi furia caerá contra ustedes!
-¿Qué nos rindamos? ¡Tú Dios debe estar de broma! ¡Dile a tu Dios que nuestro dios ha dicho: ¡No podrán contra mis fuerzas! ¡Nosotros venceremos!
Ante la humillación recibida de un Dios falso, Yahvé planto el miedo en los corazones de los difamadores filisteos. Estos, asustados, comenzaron a gritar de pánico.
Gedeón aprovechó el momento de confusión y fue eliminando uno por uno a sus enemigos. Sabía que aquello era obra de su Dios. El espíritu estuvo a su favor y prevaleció. Pronto, la batalla, que no fue sino una masacre, acabo con todos los hombres muertos del bando filisteo y sin un solo herido por parte de los Israelitas.
La fiesta fue inminente. Gedeón festejo bebiendo y comiendo de los manjares que traían en sus campamentos los filisteos. Guardaron un resto para su viaje por el desierto hacia la tierra prometida de Canaán. Allí a su lado estaba él, el ángel que les había salvado: Gatasbael.
¡Despierta Gatasbael!

Desperté esa noche temblando y todo transpirado. Ese sueño era nuevo para mí. Había leído hacia mucho tiempo la historia de Gedeón y sus trescientos hombres. En realidad él tenía más hombres, pero Yahvé le dijo que si llevaba al resto del ejército no le iba a dar la victoria. Si uno lo analizaba desde el punto de vista de un Dios, el enemigo no se atemorizaría viendo que estaban en igualdad de condiciones. Pero si se llevaba menos hombres talvez se burlaran de ellos y eso acarrearía su propia destrucción.
No me explicaba por que ese sueño ahora. No tenía sentido.
Entré en la pieza de mi madre y tomé una sabana en silencio. Cambié la que estaba transpirada y me volví a acostar. De repente, olí sangre. Era un olor metálico y ocre que yo conocía muy bien. Me agarré la cabeza. El cerebro me palpitaba a mil. Mis músculos se tensaron. Todo indicaba que me estaba volviendo una persona diferente. Pero, el olor, así como vino, se fue. Los dolores menguaron y me dormí.
Seguí mi vida normal. El colegio, casi terminando el poli-modal, me había tirado a chanta. No soportaba que, a pesar que te esfuerces y otros no lo hagan, uno desaprueba y el otro aprueba. Me dio tanta bronca que me prometí no estudiar directamente. Además terminé casi libre. Tenía muchas faltas. En fin…
En segundo año del poli-modal había insultado a un profesor: el buen Murano, a veces lo extraño. Por esa razón tenía que faltar los jueves a clases. Imagínense, ¡Faltaba todos los jueves!
Mi mejor amigo, Enrique Cataldo, me aconsejó un día de esa semana donde, por medio de la preceptora, me enteré de que había quedado libre.
-Benja, ¿Por qué no dejas el colegio si quedaste libre?
Lo pensé miles de veces. No servía que fuera y no estudiara. Y de eso era conciente…
Me acerqué enojado a la puerta, con mochila y todo, y le dije a la chica que abría la puerta:
-¡Abrime!
-¿Tenés autorización del director? –me exigió ella.
-No, pero si ustedes me hicieron quedar libre no tengo ninguna razón para quedarme –le contesté yo.
-Lo siento pero yo sin autorización no puedo dejarte… ¡Ey! ¡¿Qué haces?!
Me puse como loco. Patié la puerta y rompí uno de los vidrios. La chica, asustada, cerró la ventanilla donde estaba el timbre que abría la puerta. Justo en ese momento, percibí que la puerta donde estaba la otra salida se abría para dejar salir a los de primaria, que salían una hora antes. Fui corriendo y, en medio de la confusión, me escapé. ¡Era libre! Fui esclavo del estudio durante muchos años. Ahora era libre.
-Libre nunca, todavía estoy yo.
Era la voz de mi mente la que hablaba. ¿Podría ser que me estuviera volviendo loco?
-Soy libre y no se hable más –le reproché yo- nunca me vas a dominar.
-Si vos lo decís…
Volví a casa. Allí, mientras caminaba de regreso, pensaba en lo que me había convertido. No me importó mucho, solo que me sentía solo. Necesitaba hablar con Graciela. No sabía donde quedaba su escuela. Sabía que era en “Chacarita”, pero no exactamente donde.

Llegué a casa temprano y, como siempre, mi vieja no estaba. Ni ella, ni ninguna de mis dos hermanas. Por cierto, todavía no hablé de ellas. Mi hermana Romina, a la cual le digo Momichi de cariño, es un año y medio menor que yo. No tiene novio. Y cada tanto sale a bailar. Le gusta la cumbia –Yo odio esa música- igual que a la más chica. Ella en aquel momento tenía diecisiete años.
Mi otra hermana, Vanina, aún no sale a bailar, tiene solo nueve años. Me quiere mucho, a veces tanto que me asusta.
Ya que estamos les voy a hablar de mis puntos de conflicto: Mis padres.
Mi mamá es buena pero un poco obsesiva, especialmente con la limpieza. Todos los días limpia a fondo la casa. Tiene, al igual que yo, un problema con la obesidad. En este momento esta por los ciento diez kilos pero llegó a pesar casi ciento cincuenta kilos, una monstruosidad.
En cambio mi viejo, es un nabo de aquellos. Sexualmente activo y hasta un poco enfermo. Hay una explicación para que esto sea así.
Mi abuelo, don Orestes Ortega, quedó impotente a los cuarenta y tres años. Mi papá vivió con el miedo de que a él también le sucediera algo parecido. Aunque a él todavía le anda.
También está mi abuela, Elsa Yolanda Ricci, a quien el barrio apoda simplemente “Doña chola”. Ella vive con nosotros. Tiene una salud de oro, excepto por su memoria. Y… está vieja.
Ese día, como no iba a ir al colegio, había decidido no aparecer más. Nunca más.
En casa no hacía nada en todo el día. Me iba a los videojuegos con mi amigo Matías y no volvía hasta la noche. Esa era mi vida. Los días pasaban y pasaban… Pronto llegó el sábado. Y ese día…
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Tesis de un ángel cruel.   Vie Nov 04, 2011 9:33 pm

Tesis 3.
“Decisión”

Ese sábado me levanté como siempre a las nueve de la mañana. Desayuné un café con leche mientras miraba el noticiero.
Mientras escuchaba la ola de delincuencia y muertes sin sentido, con sentido solo para unos pocos –los asesinos y ladrones- una voz estalló nuevamente en mi cabeza.
-¿No sería lindo acabar con la delincuencia?
Tomé un sorbo de café. Decidí ignorar aquella voz que venía de mi mente.
-Te lo dejo pensar…
Seguí desayunando sin darle importancia a aquella voz. Hacía algún tiempo ésta voz –o puede que sea otra parecida- me había llevado por un mal camino. Se había instalado en mi mente e hizo algo imperdonable: tomó el control de mi cuerpo. El objetivo de “él” era una de mis amigas de la cual estuve enamorado por un tiempo. La lastimó tan profundo que hasta hoy sigue resentida.
Está voz influenciaba de alguna manera mí estado de ánimo: Si él era feliz yo también, después de todo somos dos en un solo cuerpo.
Una vez, hacia como un año ya, un medico japonés me había alertado sobre el peligro de la doble personalidad y la urgencia de medicarla. Me mandó dos pastillas: Risperidona y Akinetol. No sabía las funciones de ésta medicación. Las desconocía.
Lo importante era lo que me había dicho a mí y a mi mamá.
-Esto se controla ahora o después puede ser tarde.
-¿Qué pasa si no se lo medica? –Preguntó mi mamá.
-Puede haber daños para él y para los demás…
Yo no era conciente de lo que esas palabras significaban.
Seguí mirando el noticiero y miré, con asombro, que se estaba disponiendo para llover. Igual iba a salir de todas maneras.

Llegué al Abasto más temprano de lo que me había dicho ella. Esperé tan solo unos minutos. El cielo se estaba poniendo oscuro fuera, menos mal que yo estaba dentro del Shopping. Pero recordé que ella no. Preocupado salí a la puerta de aquel lugar y vi que Graciela venía corriendo bajo la lluvia que, por suerte para ella, recién había comenzado.
Entramos al Shopping y ella me dio un beso. Traía una mochila. Imaginaba lo que traía allí. La abracé como nunca abracé a nadie en la vida.
Yo ya estaba más relajado. Recordaba la primera cita y me reía solo. Yo también había llevado una mochila negra de la banda Yankee “Limp bizkit” y la mochila de ella era de otra banda Yankee: “Evanescence”. A mi también me gustaba esa música. Era triste. Hablaba de tristezas por la perdida de un amor y de suicidios. En fin…
-¿Qué hacemos? –Preguntó ella- ¿Vamos a los videojuegos?
-No sé, decidí vos… Pero antes tengo que contarte una cosa… vamos a buscar algún lugar para sentarnos –dije yo.
Subimos las escaleras en silencio. Después me enteré que ella pensó que yo quería dejarla. Totalmente lejano a la realidad.
Nos sentamos cerca del centro del salón de comidas. La miré a los ojos y le expliqué cual era el motivo por la que le había hecho subir hasta allí. La miré a sus ojos, en ellos podía ver un fulgor violáceo único, así que le dije:
-Graciela, dejé el colegio…
-¿Solo eso? –Me dijo ella y noté que la tensión en su cuello había desaparecido- Me asustaste. Pensé que ibas a dejarme.
-¿Yo dejarte? Hay que estar loco para dejar a una chica tan linda como vos.
-La verdad, sos el primero que me dice una cosa tan linda, siempre me han tratado de bicho.
-¡Quién que lo mato! –Ella rió y yo también. De repente vino a mí una imagen de un sueño que tuve cuando falleció mi abuelo Orestes.
En el sueño, comíamos en familia. Al lado mío estaba Graciela –o se le parecía mucho- pero faltaba mi hermanita Vanina. En eso, entra mi abuelo muerto, pero vivo, con mi hermanita en brazos.
-¿Qué haces vos acá? ¡Vos estás muerto!
-No lo estoy. Te voy a seguir a donde vayas.
Sus ojos se encendieron diabólicamente y yo desperté.
Bueno, la chica que estaba de mi novia en ese sueño era Graciela.
-Ey, ¿estás bien? –Graciela me acariciaba el rostro- Te pusiste pálido…
-No es nada. Simplemente que recordé un sueño…
-¿Un sueño?
-Sí –En ese momento le explique lo que había soñado- …
Ella dudó antes de contestar.
-Y… ¿Estás seguro que soy yo? Mira que después no hay marcha atrás…
-¿Quién necesita marcha atrás?
Sentí desde adentro, a pesar de la música y el barullo de las personas que allí estaban, un tronido.
-¿Te gusta ver la lluvia caer? –Pregunté yo.
-No me molesta, mientras no me moje.
-Tranquila, estando a mi lado ni la lluvia te va a tocar…
Nos paramos de nuestros asientos. Y ella se sentó de vuelta.
-¿Pasa algo? –inquirí yo preocupado.
-Nada, solo quería hacerte un préstamo de Mangas.
Los Mangas son como las historietas, solo que en formato libro y, la gran mayoría, en blanco y negro. Yo en mi mochila llevaba algunos y ella otros. Hicimos el intercambio y salimos a la puerta.
La lluvia me producía una sensación de tristeza. Como si hubiera perdido algo en el camino. Aunque esa sensación la tuve siempre que llovía, exceptuando la vez que yo produje la lluvia.
-¿Sabes que una vez yo produje una tormenta? –Le dije como si fuera tan natural como tomar un vaso de agua o masticar un chicle.
-¿En serio? ¿Podes controlar la lluvia?
-Sí y no –Aclaré yo- En realidad, era un día soleado –Metí las manos en el bolsillo del pantalón y saque dos caramelos menta cristal- ¿Querés?
-Me hace doler la cabeza pero bueno… Contáme, ¿Cómo fue? –Dijo ella mientras peleaba con la envoltura del caramelo, yo intenté sacárselo para pelarlo pero ella dijo que podía.
-Sí, vos decís… Estaba en la hora de “Educación física” –Era una materia del colegio- hacia un calor importante. Fui al baño a mojarme la cara y, mientras me tiraba agua en la cara, la magia entró en mi mente. Dije unas palabras en un idioma desconocido y apunté con mis manos al suelo. Inmediatamente, una serie de aros color azul se elevaron hacia el cielo. Salí del baño y observé para mi impresión mental que se había levantado una tormenta, la cual no estaba anunciada en ningún noticiero, impresionante. Mis compañeros subían a sus bicicletas. Yo, justo ese día, no había llevado mi vehículo. Así que llegué a casa empapado y asustado. Y así fue como forme la tormenta. Por cierto, tengo un familiar que me tiró una vuelta las cartas y me dijo que yo, en la otra vida, había sido un gran mago oscuro.
Graciela quedó impresionada y, con una voz débil, me dijo, tomándome el brazo y acercando su rostro al mío.
-Te quiero.
-Yo te quiero más –Y le toque amistosamente la nariz. El beso que siguió a eso hizo que me sintiera espectacular. Querido, especial. Ojo, mi familia también me quiere mucho, pero ellos no me dan “Ese” tipo de amor y cariño.
Estuvimos toda la tarde besándonos con la lluvia de fondo.
-Amor –Dijo ella en un respiro. El gusto del beso era a menta, culpa del caramelo- tengo algo que contarte.
-Mientras no me digas que te gustan las mujeres –Dije yo y reí. La risa no fue correspondida- ¿Te gustan las mujeres?
-Y… los hombres también.
Mi mundo se venía abajo. Dejé de abrazarla.
-¿Te decepcioné?
La voz en mi mente me decía:
-Úsala y después déjala, ¿Qué tienes que perder?
Yo tomé la re-compostura y dije:
-No, no es eso. Es que yo soy virgen con dieciocho años y vos con quince años ya… bueno, se entiende…
-¿Me Querés dejar? Si es así me voy.
La atmosfera que se respiraba era sofocante. Pasamos de jurarnos amor eterno a no mirarnos las caras.
Lo pensé mejor. ¿Qué tenía que a ella le gustaran las mujeres? ¿No podíamos ser felices igual?
Ella se levantó con los ojos lagrimeando. La había lastimado.
-Pará –dije yo tomando fuerzas- No te vayas. Esta historia recién comienza y no voy a permitir que te me escapes. Por más que seas lo que seas esa sos vos y no tenés por que ir pidiendo permiso a nadie.
La lluvia amainó un poco, mientras yo la tomaba de la cintura y la besaba. Ese fue un cierre espectacular. Y hasta el día de hoy no me arrepiento.
Nuevamente sentí que el sello de algo profundo y oculto, algo que está en mi alma, si es que acaso tuviera una, y arañara mi cuerpo desde adentro como si quisiese olvidar que somos dos.
Esa noche soñé. Estaba en el Shopping del Abasto. Escondido detrás de una estatua. Él me buscaba. ¿Qué quería de mí? ¿Qué podía darle a él? “Entrégate, dame tu dominio” “No quiero” “No te resistas” Me asomé y vi que había una persona igual a mí.
-¿Quién eres?
-Soy vos… en realidad soy lo que deseas ser… ¡Un asesino!
-Pero, yo no quiero matar… yo soy…
-¡Vos sos lo que nunca quise ser! ¡Esto es en lo que la tristeza debía convertirte! ¡Un verdadero asesino!
Desperté del sueño y algo raro paso. Me vinieron imágenes de mi asesinando niños. En esas imagines caminaba como Ninja y me movía entre las sombras. Llegaba hasta un árbol y ponía mi espada hacia abajo, como para ensartar, y al pasar alguien lo hería de muerte. Al matarlos, aparecía un ángel y se llevaba el cuerpo, dejándome solo allí. Todo esto fue una especie de visión, pero fue… tan real.
















Tesis 4
“Locura”

Habían pasado un par de meses en nuestra relación. Con respecto al colegio, las chicas –dos viejas- del gabinete vinieron a pedirme por favor que volviera al colegio, que muchos profesores habían “saltado” y hablaron con el director para que me reincorpore. Yo acepté, quería cerrar esta historia de una vez por todas. Fui a la ceremonia de graduación, tuve que pagar el diploma, y me dieron un muñeco que era una botella de gaseosa vestida de graduado americano, o sea ambo negro y gorrito cuadrado en la cabeza. Después de eso no volví nunca más hasta hoy a pisar ese colegio.
Por otro lado, las visiones de muerte habían aumentado en intensidad. Soñaba que mataba, descuartizaba y me volvía una especie de mensajero de Dios. Casi no dormía ni pasaba tiempo en casa. Hasta que…
-Amor, tengo que hablar con vos… -Me dijo un día Graciela cuando vino a casa- … Conocí a una chica… ¡Es mi pareja perfecta! ¡Si la conocieras!
-la conozco y va a morir…
-¿Qué?
-Así como escuchaste…
En ese momento sentí como mi personalidad se rompía, se hacía añicos.
“¡No! ¿Qué haces?”
“Volver a ser yo. No voy a permitir que ella me deje. Fíjate…”
-¿Quién sos en realidad Benjamín?
-Soy un ángel, un enviado de Dios, y te necesito a mi lado por que vos sos parte de mi alma…
“Para”
“Silencio, escucha”
-Hace muchos años, Dios creo a los ángeles en el cielo. Muchos ángeles traicionaron a su creador y se unieron al diablo y satanás, pasando así a llamarse “Demonios”… Es como si un humano, además de humano fuera “Ladrón”, en este caso los ángeles, además de ángeles, son “Demonios”. Entre esos ángeles estábamos nosotros “Gatasbael, el ángel de la victoria segura”… Hubo pelea en el cielo y fuimos expulsados… Lo malo para nosotros es que no podemos entrar en uno solo, por eso fuimos divididos en seis: dos fuerzas, dos inteligencias y dos agilidades. Solo yo conservo la memoria intacta.
-¿Quiénes son los otros? ¿Matías y Jenny?
Ese es un punto que me olvide de aclarar. Graciela le presentó una de sus compañeras a Matías y estos, a su vez, se juntaron a vivir juntos. ¡Que error!
Ella se llama Jennifer Andrea González, es de la localidad de Palermo en Capital. Su padre es un golpeador convulsivo y ex militar de la dictadura Argentina, solo que no se por que razón sigue trabajando de seguridad en un supermercado “Coto”. Calculo que la empresa no sabe quien es ese tipo.
Volviendo a la historia.
-Sí, vos y yo somos las dos fuerzas, ellos dos son las dos inteligencias solo que aún no he encontrado a las dos agilidades. Como dije antes solo yo conservo la memoria…
-¿Y cual es el objetivo por el cual fuimos enviados?
“Ya cayó, ¿Te fijaste? Dijo FUIMOS enviado, no FUISTE”
“¡No caigas Graciela! ¡No permitas que este coso sea parte de vos!”
Una risa oscura y potente se escuchó en mi mente.
-Nuestro objetivo es… ¡Babilonia “La grande”!
-Disculpa mi ignorancia, pero Babilonia cayó en el gobierno del rey Nabucodonosor… –Acotó ella, a lo cual yo meneé la cabeza-, ¿Cómo que no? ¿Acaso existe…?
-Una babilonia moderna… esa que fue destruida era la vieja babilonia, “la chica” –Yo me movía caminando de un lado al otro- esa Babilonia se caracterizaba por el uso de la magia, la prostitución y el uso de imagines, como santos, para la adoración de su dios… ¿A que se parece?
-¿El catolicismo? –Tiró ella.
-Sí, ni más ni menos, ellos son “La gran babilonia”.
Hizo silencio durante unos segundos.
-¿Matías lo sabe?
-No.
-Contá conmigo.
Ese día mi otro yo tomó el control de mi cuerpo.
Pasaron algunos meses mientras planeábamos el ataque a una iglesia en Palermo. Habíamos recolectado algunas armas, muy básico, y planeado junto a un selecto grupo conocido como “Los ángeles guerreros” la muerte del mismísimo Papa.
El 11 de Octubre de 2003, al mediodía de un feriado por el día de la raza, la policía me lleva detenido (Solo a mí) por los cargos de “insania”… Ese día me internan en un Manicomio de nombre Open Doors en Luján. Desde ese día nunca he vuelto a ser el mismo, aunque Gatasbael no ha vuelto a mi vida, he estado aquí desde entonces. Veo a mi familia poco ya que casi no me visitan y habló con los que deambulan por este lugar acerca del fin del mundo.
Con respecto a los sueños, según mi psiquiatra, eran proyecciones de mi otro yo para hacerme entrar en su juego.
Por fin estoy en calma conmigo mismo y puedo morir pidiéndome perdón a mi mismo.
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Tesis de un ángel cruel.
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