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 Noche de soledad

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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Noche de soledad   Mar Oct 11, 2011 7:25 pm

Hola! Soy newbie en el foro. Soy de Argentina, tengo 26 años y soy hombre! Lo aclaro por que siempre piensan que soy mujer T_T jajaja. Bueno, ejem... Soy escritor y me gustaria compartir una de mis historias mas recientes "Noche de soledad". Esta historia esta basada, como muchas otras, en alguna parte de mi vida. En este caso, el "Bully". ¿Que es esto? Se considera "Bully" al famoso abusador del mas debil. Yo sufri este efecto, como veran en varios Flashback de la historia.
La historia en si cuenta como Mauricio J. Ghomikian (yo) se encuentra con su ex compañero Americo R. Díaz, el cual se ha convertido en un respetado medico... y en secreto es agente de una organizacion que lucha contra lo paranormal, la cual se llama D.I.P.A (direccion de investigacion paranormal activa). Ghomikian a hecho un trato con un ente demoniaco para matar cada uno de los que se burlaron de él.

aca la historia: Noche de soledad.

Prologo.

2/2/2011-A la mañana- 9:15 A.M.
“Estimada Pamela A. Gorosito: Me presento, mi nombre es Raimundo López. Estoy a cargo del sector pagos de loterías y quinielas de la provincia de Buenos Aires. Según a referido usted por teléfono llamando a nuestras oficinas, ha salido favorecida con el premio mayor de u$d 100.000.000.000 (Cien millones de dólares) Lo cual corresponden el 1% de la ganancia para la agencia donde se jugó el billete ganador cuyo número de serie es 250.585. Desde aquí le solicito tenga el agrado de acercarse a nuestra sucursal ubicada en la localidad de La plata. La calle con el número están impresos en el reverso de esta carta. Desde ya muchísimas gracias. Saluda a usted Atte. Raimundo H. López”
Fragmento de la carta enviada a Gorosito.

2/2/2011-A la mañana- 11: 32 A.M.
“Estimada Pamela A. Gorosito: No se bien como comenzar el E-mail, tal vez ya ni me recuerdes. Hace años, te regalaba rosas todos los días de los enamorados… Es más, en una ocasión, te presté mi walkman marca “Pony” para que escucharas música con tus amigas. Ahora viene lo importante, contarte el por que tarde tanto en escribirte este e-mail. Miedo, supongo. Yo en aquella época no era muy dado con la gente, pero en realidad yo quería tener amigos, aunque no terminé muy bien. En fin, me gustaría verte, saber que hiciste en tantos años. Yo, por lo pronto, te comento que soy el flamante dueño de una cadena de Pizzerías en la zona de Palermo. Como yo antes vivía en Villa Bosch, que es donde actualmente vive mi mamá (mis viejos se divorciaron, pero eso no viene al caso) y quería poner una pizzería aquí en ésta localidad me compré una casa en un “Country” cercano. Bueno, no hay más que decir, excepto que tengo un hijo con una psicóloga de esta zona. Estoy separado. Él se llama Facundo. Por cierto, olvide decirte mi nombre, me llamo Mauricio J. Ghomikian. Hasta pronto y espero tú respuesta.”
Extracto del e-mail enviado a Pamela G.

3/2/2011-A la tarde- 5:34 P.M.
“Estimado Mauricio J. Ghomikian: Gracias por tu e-mail, te he visto en una ocasión, ya que yo vivo en la misma zona. En esa ocasión te salude, pero supongo que sos más gente que yo como para rebajarte a saludarme, ¿No? No importa, ya no tiene sentido que me escribas. No deseo verte y si te veo, no te voy a hablar. Olvídame. Tengo demasiada plata como para salir con “Rascas” como vos. Lo siento, así son las cosas. Si quieres saber por que digo lo que digo, lee el diario de hoy. Adiós.”
Extracto del e-mail enviado a Mauricio G.

En su casa, Mauricio sonríe cínicamente y detrás de él, alguien le dice: “Que comience la cacería”


Capítulo 1: Compañeros.

Era un día de verano en la escuela 42. Los niños de todas las edades jugaban, reían y disfrutaban del recreo. Todos se divertían en grande jugando a la pelota, escuchando música o cambiando figuritas. Todos reían.
Pero había un chico que no disfrutaba de la presencia de los compañeros de curso. Su nombre era Mauricio J. Ghomikian. A él no le agradaba nadie. Ni los compañeros ni las compañeras. Hacía años que estaba solo, o eso pensaba él. Solo había un compañero al cual quería ver, su amigo: Américo R. Díaz.
En aquel momento, Mauricio no sabía donde era que se encontraba su amigo. Aunque tampoco le importaba demasiado, donde estuviera y en que lío se hubiese metido no eran su problema.
Sacó del bolsillo izquierdo un walkman, se puso los auriculares, puso un cassete y disfrutó de las más bellas canciones. Pero su felicidad, si es que era así, fue efímera. Una niña de cabellera rubia y unos bonitos ojos color celeste se le plantó delante del lugar donde estaba sentado. Mauricio no le llevó el apunte, cerró los ojos y siguió escuchando su música. Alguien le golpeó él hombro, él abrió los ojos y se sacó los auriculares.
-¿Qué quieres? –dijo con su voz rasposa y escupiendo saliva para todos lados.
-¿Nos prestas el walkman para escuchar un ratito?
Mauricio sabía que la chica le pedía el walkman para hacerse la interesante entre sus compañeros. Pero, prestárselos no hacia la diferencia en lo más mínimo. Solo se quedaría sin música durante diez minutos –Que es lo que duraba el recreo- ¿Qué podría haber de malo en ello? Se lo entregó resignadamente.
-¿No quieres venir a escuchar música con nosotros?
¿La chica le estaba ofreciendo su amistad? Había algo raro. Nadie lo quería a él, para que ir.
-No, gracias.
-Pero…
-¿No entendiste? Ándate, déjame con mi soledad… Así estoy bien.
Mauricio despachó a la chica, pero ella volvió y le dio un beso en la mejilla, le dijo gracias y se fue con sus amigas.
-¿Qué significa eso? ¿Me llama la maestra un rato y ya andas a los besos?
Era Américo quien le hablaba. Él era un chico menudito, bajito, de pelos y ojos negros. En cambio, Ghomikian era alto y medio gordito.
De repente, todo ese recuerdo se volvió apenas una bruma.
Ghomikian despertó de su sueño, que no era más que un fragmento de su pasado. Él, de pequeño, había sufrido el efecto Bully. Por culpa de su mala forma de hablar, fue discriminado y alejado de la sociedad.
Habían pasado once años desde la última vez que se vieron con Américo. Miró a su alrededor tal vez tratando de encontrar algo que lo una a su amigo. Ahora, él estaba flaco y tenía un rostro llamativo. Sus pelos rubios, teñidos, eran ahora un manojo despeinado a los que él acomodaba aplanándolos con la mano.
Recostó su cabeza sobre la almohada nuevamente y se dio cuenta que esta estaba transpirada. Se levantó y sin hacer ruido fue hasta el lavadero. Prendió la luz y sacando la funda transpirada de la almohada, la arrojo al tacho donde estaba toda la ropa sucia.
Eran las cinco y media de la mañana, todavía podía dormir un rato más. Volvió a su habitación sin hacer ruido, tomó otra funda de uno de los cajones donde se guardaban las sabanas y las fundas. Debajo de ese cajón se guardaban las frazadas y los manteles. Y Debajo de este la ropa limpia. La cajonera tenía cuatro cajones y acabo de nombrar tres. En el cuarto cajón Mauricio guardaba sus recuerdos más preciados. Allí era donde descansaban aquellas fotos del primario. Él, si bien extrañaba a Américo, ahora tenía un nuevo amigo con el que esta unido por un pacto de sangre: Enrique Martín Alvarenga. No conocía mucho del pasado de Enrique, solo sabía lo que él le había contado y no era mucho.
Eran ya las seis de la mañana de un Lunes cuatro de febrero. Rápidamente, despertó a su hijo de cinco años para llevarlo al jardín de infantes. Este quedaba a solo dos cuadras de su casa. Así es que vistió al niño después de darle su desayuno y lo llevó al Jardín. De camino paró en un kiosco de diarios y compró uno, necesitaba leer las noticias con urgencia. El encabezado decía: “Asesinan a un hombre en Belgrano”; y otro decía: “Desaparece joven embarazada en el barrio de Palermo”, este segundo artículo le gustó más. Era la señal que él esperaba. Su amigo había empezado a moverse tal y como habían pactado. Dejó al niño, de nombre Facundo, en el Jardín y tomó la ruta camino a su trabajo. Él trabajo de Mauricio constaba en preparar y vender pizzas. Pero él solo se quedaba un rato viendo trabajar a sus empleados mientras recogía la plata del día anterior. Javier, que era el encargado del local, le daba el dinero y luego de eso Mauricio los dejaba trabajando hasta el día siguiente. Javier se encargaba de todo. Luego, una vez hecho eso, podía ir a visitar a su amigo Enrique y tomar unos mates. Solo que ahora estaba llegando a la pizzería. Detuvo el coche en la puerta, estaba todo cerrado. Era lógico, eran las siete y media de la mañana y Javier no llegaba hasta las ocho.
Fue de nuevo al coche y se quedó allí sentado en el asiento, solo, esperando. Abrió el diario y leyó el artículo que le interesaba y este decía:

“Desaparece una joven embarazada en el barrio de Palermo”

“En el día de ayer, a la hora del mediodía, desapareció una joven en el barrio porteño de Palermo. La misma, de solo veinticuatro años de edad, se fugó, según dice la última persona en haberla visto, quien es su pareja actual. Según refiere a la policía, todo estaba bien entre ellos.
La desaparición se registro en el día de ayer, a las 12:24 P.m. La desaparecida, de nombre Carla Cecilia Costilla no registraba problemas psicológicos ni ninguna otra enfermedad. Su madre ha pedido a los medios que no se haga un “Circo” de ésta desaparición. La policía sin embargo está en su búsqueda y la de un posible tercero”

Mauricio cerró el diario y vio que su empleado estaba llegando. Bajó de su auto con el periódico en la mano y lo saludó con un estrechón de manos. Luego de sacar la puerta y levantar la persiana, comenzaron a entrar sus empleados, que llegaron luego de unos minutos, ellos son: Miguel Contreras y Claudio Gauna. Uno está casado y el otro tiene novia, pero nunca sabe cual es cual.
Se pusieron a amasar, mientras Mauricio ponía la radio y escuchaba el noticiero. Decían que iba a haber lluvia para los próximos cinco días. Eso lo tenía sin cuidado, la lluvia no afectaba su negocio y en ese lugar no se inundaba casi nunca. A veces un poco de agua se filtraba pero nada grave.
-¿Todo bien? Lo noto preocupado –Le dijo Javier mientras tiraba la masa al aire y la volvía a atrapar.
-¿Yo? No, nada que ver, es más… ¡Estoy feliz! El negocio va de diez, mi vida también, ¿Qué más puedo pedir?
-¿Viste la chica que desapareció? –Comentaba Miguel a Claudio- Dicen que era de por acá cerca…
-Ey, ustedes dos, dejen de hablar y trabajen –los regaño Mauricio- Si vuelven a hablar de esa chica en mi presencia, los despido. ¿Escucharon?
-Si –dijeron los aludidos.
-Esto es suyo –le dijo Javier y le extendió el sobre con el dinero del día anterior- ¿Se lleva también los registros?
-Así es –le contestó Ghomikian- el dinero del mes va a estar depositado hoy. Dentro de un rato voy a pasar por el banco y les deposito sus sueldos.
Mientras él hablaba, una señora mayor de unos noventa y tantos años, entró en el local.
-¡¡¡Vengo a presentar mi queja!!! ¡¡¡Quiero hablar con su jefe!!! –Gritaba una y otra vez la señora, mientras Claudio la intentaba calmar. En el local, un médico que era cliente habitual, la miraba sorprendido ante la ofuscación de la señora. El hospital estaba a la vuelta de la pizzería.
Mauricio agarró a la señora por el hombro, pero ésta se le desmayó allí mismo. Él médico la agarró justo en el momento que la señora se iba a golpear la cabeza con el mostrador.
-¡Llamá al 107 Claudio! –Gritó Ghomikian.
-Tranquilos, yo soy doctor…
El médico se agachó y le tomó el pulso. Este estaba lento pero firme.
-Esta bien, su pulso es normal para su edad, ayúdenme a subirla al auto.
Mauricio, ayudó al medico a subir a la señora al auto y ellos se fueron al hospital.
Él médico, era bajo de estatura pero –hay que admitirlo- era lindo de cara. Pelo negro azabache y unos ojos verdes espectaculares, además de una mandíbula bien formada.
Entraron en la guardia con la mujer desmayada, justo cuando a ella se le caía el documento con la billetera y todo. Un asistente del hospital la levantó y la llevó con él.
Mauricio esperaba fuera de la sala hasta que el médico volviera.
-¡Que desastre! ¡Espero que la vieja no se muera!
Sonó el celular en su bolsillo y Mauricio salió afuera a atenderlo.
-Hola…
-Hola Mauricio, soy Enrique… ¿Cómo anda mi cliente favorito?
-En este momento no muy bien, estoy en el hospital a la vuelta del negocio. Una señora se desmayó en mi negocio.
-Lo siento… ¿Te parece que llame más tarde?
-No pasa nada, decime…
-¿Leíste el periódico de hoy?
-Sí, me encantó lo que hiciste… -Mauricio miró que nadie lo observara-… ¿Qué hiciste con el cadáver?
-Lo guardé… En realidad no está en ningún lado.
-¿Cómo?
-Vos no te preocupes, deja todo en mis manos.
-OK, confío en vos.
Mauricio colgó el teléfono y volvió a la sala de esperas. Allí lo estaba esperando el doctor.
-¿Qué pasó Doctor? ¿Está bien la señora?
-Sí, pide hablar con usted, voy a necesitar su nombre para informarle a la familia quien fue el que la trajo.
-Sí, como no… -fueron hasta un trípode donde había un libro enorme, el médico lo abrió y le dijo: ¿Su nombre?
-Mi nombre es Mauricio Ghomikian.
-¿Qué? ¿Ghomikian?
-Sí, ¿Por qué? –Mauricio miró a los ojos al médico- ¿Nos conocemos?
-Por supuesto que nos conocemos… Veo que no me reconoces, claro, eh cambiado mucho en once años… ¡Soy tu amigo Américo!
-¿Américo? Pero vos tenías los ojos negros…
-Lentes de contacto.
-Debí imaginarlo… La vida es un pañuelo ¿eh? Mírate, estás hecho todo un profesional de la salud.¿Que más podes pedir?
-Sí –admitió entre risas- aunque hay veces que no me gusta ser quien soy.
-Américo, escuchame, ahora estoy medio apurado, este contratiempo me distrajo un poco –Mauricio sonrío socarronamente- a que hora tenés el cambio de guardias.
-No lo sé, no estoy seguro, tengo que cubrir los dos puestos por que el médico que tenía que hacerme el relevamiento está con parte de enfermo… ¿Tenés Celular?
-Sí, por supuesto…
-Dame tú número y te mando un mensaje de texto cuando este desocupado ¿De acuerdo?
-Sí
Ghomikian le dio su número al doctor Díaz y, después de un largo abrazo, cada uno volvió a su camino.
Ghomikian volvió caminando a la pizzería. Mientra volvía sacó su celular y lo llamó a Enrique. Esté no lo atendió inmediatamente sino que lo dejó sonar varias veces.
-¿Qué pasó Mauricio? –Le contestó Enrique al momento de atenderlo- para que vos me llames tiene que ser grave.
-No bromees… escuchame, vos me pediste que si encontraba a alguno de mis ex compañeros te avisara…
-¿A quien encontraste?
-Américo Rodolfo Díaz, resulta que ahora es doctor y trabaja a la vuelta de mi negocio.
-¿Lo querés muerto?
Mauricio hizo un silencio y luego de unos segundos dijo:
-No, para él tengo otros planes.
Lentamente el destino movía sus agujas… y esto recién empezaba.

Una chica rubia poseedora de una mirada penetrante estaba buscando lo que sería su nueva casa. Ella se llamaba Pamela Gorosito. Viajaba en su auto junto al agente de ventas.
-Este barrio es muy seguro, casi no hay robos y cuando llueve casi no se inunda… -Le decía el agente.
Los agentes de ventas son únicos. ¿Dónde se vio un barrio donde no haya delincuencia o inundaciones? Pamela no masticaba vidrio. De pronto, a su izquierda vio un Country.
-¿Tiene alguna casa en venta allí? –Le preguntó ella- Me gustaría vivir ahí.
-¿Ahí? Sí, tengo una casa ahí… está casi al fondo, ¿Quiere verla?
-Sí, por favor…
Pamela dirigió el auto a la entrada del country. Allí un hombre de seguridad les pidió documentos. El vendedor se identifico y les permitieron entrar.
Pamela condujo hasta donde le indicó el vendedor. El lugar era hermoso. Grandes fuentes con cascadas decoraban el lugar. Algunos árboles con su fruto delicado y aromatizante estaban por allí.
Llegaron hasta la casa, estacionaron el auto y descendieron del mismo.
Pamela observó el hermoso jardín y sus flores. A ella no le interesaba tanto la casa sino más bien los espacios verdes. Le importaba más descansar ahora que tenía plata. Había dejado su antiguo trabajo, era tejedora de overlock y recta en una fabrica de carteras tejidas.
Después de mirar la casa e inspeccionarla minuciosamente decidió que era una bonita casa.
-¿Y? ¿Qué opina? –Le consultó el vendedor.
-Es una linda casa y el jardín que tiene delante es de mi agrado –hizo un instante de pausa, como para ponerle misterio al asunto- Está bien, me la quedo.
El vendedor sacó la llave con la que anteriormente abrieron la puerta y le dijo:
-Es ésta, sírvase –y le dio la llave- Como verá la casa está totalmente amueblada, usted también puede comprar el derecho al mobiliario y quedárselo si es que decide mudarse.
-Está bien, solo dígame cuanto es todo.
El vendedor le dio el precio y ella extendió un cheque por ese importe.

Mauricio depositó el dinero de los sueldos de Miguel y Claudio en las respectivas cuentas. De paso, volvió al jardín de infantes y espero a su hijo. Eran las 11:34 de la mañana, faltaban veintiséis minutos para que su hijo saliera del jardín de infantes. Enfrente del jardín había una plaza, allí se juntaban los padres de los niños y hablaban entre ellos. Mauricio casi no hablaba con nadie. Y si alguien se le acercaba, él los esquivaba. Solo hablaba con una chica: Débora se llamaba. Una chica pelirroja de curvas llamativas. Sus ojos eran del color del café antes de ser plantado.
-Hola –Saludó la chica- Has llegado temprano hoy…
-Sí, encima con este calor se hace insoportable la espera…
-Sí, para colmo empezaron las clases antes… No entiendo como la presidenta permite eso.
-Y… Esto es Argentina –Ambos rieron jovialmente.
-Mauricio, mañana es el cumple de Rodrigo, me preguntaba si querrías venir –Lo invitó la chica tímidamente.
-¿En serio? –Débora asintió, ruborizándose su hermoso rostro- Vaya… No se que decir...
-Si no quieres no hay problema –La chica no se atrevía a mirar a la cara a su interlocutor y Mauricio supo lo que le estaba costando a ella hacer eso- Podemos dejarlo para otro momento.
-No, iré… Nunca me habían invitado antes a un cumpleaños –Accedió Mauricio- ¿A que hora es?
-A las cinco y media de la tarde –Débora buscó en su bolso una invitación y se la entregó- Aquí tienes, sin ella no podrás entrar.
-Bien, gracias.
Las puertas del jardín de infantes se abrieron y los niños eran entregados a sus padres o a alguien autorizado. Facundo estaba en la salita celeste casi en el pre-escolar.
Mauricio agarró a su hijo y subió al coche. Puso algo de música, le gustaba el rock & roll. Condujo hacia su casa pero le sonó el teléfono. Aprovechó que había un semáforo y se detuvo allí.
-Hola.
-Mauricio, soy yo, Américo.
-Ah sí, ¿Qué pasó?
-En un rato salgo del trabajo. Tipo dos de la tarde. Espérame en el café enfrente de tú local.
-Ah, sí, estoy llevando a mi hijo a casa en un rato te espero ahí.
-Listo, quedamos así.
Pronto Américo y Mauricio se iban a volver a encontrar y a recordar viejas épocas. Muy pronto…


Última edición por Raziel_Saehara el Dom Oct 23, 2011 1:34 pm, editado 1 vez
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Jack

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Miér Oct 12, 2011 9:31 pm

Nada mal, la historia me engancho, pero trata de separar los parrafos para facilitar la lectura (Es un concejo muy tipico)
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Jue Oct 13, 2011 5:21 pm

Si, en el original estaban separados pero no se que paso que aquí no. Gracias.
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Dom Oct 23, 2011 1:56 pm

Capítulo II: La primera muerte.

Era la mañana del tres de febrero del año dos mil once. Ariel Castro había tenido un sueño horrible. No lo recordaba. Pero era seguro que este no le gustaba. Era raro que él soñara algo feo –Probablemente muertes o accidentes- nunca se cumplían.

Aún no había sonado el despertador. Igualmente se levantó y fue a ver a sus hijos. Dormían como ángeles. Cuando volvía a la cama para despertar a su esposa, algo cayó de su lado de la cama. Lo levantó y lo miró.
-¿Qué hace esto acá?

Era una foto de todos los alumnos del colegio. Allí estaban, todos ellos, Damián, Roberto, Andrea e inclusive Pamela, la suertuda que se había ganado la lotería.
-Amor, ey, despertate… -La mujer abrió los ojos-… ¿Qué hacía esto debajo de la almohada?
-¿Ah? Eso… -Bostezó-… estaba en el suelo anoche, así que supuse que era tuyo.
-Sí, es mío, es una etapa de mi vida que quiero olvidar. ¿De donde habrá salido?
-¿Querés que la queme?
-No, dejala, a veces me viene bien recordar quien soy…
Hacia casi tres años, después de tener a su primer hijo, él tuvo un accidente mientras andaba en su moto. La moto quedó irreconocible. El camión que lo chocó la partió al medio y él salió despedido casi diez metros. Su cabeza fue a dar contra el cordón de la vereda del lado contrario de la calle. No se murió de casualidad. Pero pagó caro su inconciencia. Cuando despertó en el hospital y vio a su esposa, no la reconoció. Había sufrido de amnesia. En estos dos años y medio ha tratado de reconstruir su vida. Al principio, después del accidente, no reconocía a nadie. Lentamente, y con apoyo psicológico, fue recuperando su memoria. Pero aquella foto… recordaba a todos sus compañeros, exceptuando a uno. Este era gordito y cachetón.

Igualmente no era algo que le preocupara demasiado. Su memoria aún no había vuelto del todo.
Él trabajaba en una empresa que hacía papas fritas, chizitos e inclusive maní de copetín. Según su esposa, él trabajaba ahí cuando se conocieron.
Se fue al trabajo mientras su esposa llevaba al niño, dormido, al jardín maternal y ella también se fue a trabajar.

Eran ahora las dos y media de la tarde. Ariel había pasado a buscar a su hijo al jardín maternal y lo llevaba a la casa de un hermano de su esposa. Llevaba en una bolsa Alcohol etílico, de ese que se usa en sanaciones y cirugías, y cigarrillos. Desde aquel incidente con la moto, había agarrado la costumbre de fumar cigarrillos rubios. En aquel momento venía fumando. De repente, sintió que su coche se aceleraba, quiso frenar apretando el pedal con todas sus fuerzas pero este no respondía. ¡El coche no le respondía! Quiso saltar del auto en marcha pero las puertas se trabaron solas.

-¡¿Qué demonios está pasando?!
-¡¡¡Papá!!! –Gritaba el niño asustado- ¡¡¡Papá!!!
En ese momento sintió un escalofrío, había alguien allí en ese auto que no correspondía. Una especie de sombra. El cuerpo era como la bruma más espesa que nadie jamás haya visto. No tenía rostro. Ariel, aún gritando de miedo, sintió el terror en su piel.

-¡¿Quién eres?!
La sombra no habló, solo tomó el alcohol y lo rocío por todo el coche.
-¿Qué haces?
-¡Hago lo que se me ha ordenado! ¡Tú y tú hijo morirán aquí!
Sin previo aviso, el cigarrillo en la mano de Ariel voló de su mano y cayó al piso donde había alcohol, como en el resto del coche y en sus ocupantes. Pronto, el fuego se apoderó del auto y perdió el control del mismo.

Eran las dos y media de la tarde. Américo y Mauricio estaban degustando una pizza en el bar donde habían quedado por teléfono. Estaban sentados junto a la vidriera, en la vereda. Podrían haberla degustado en el local de Mauricio, pero sus chicos estaban ocupados atendiendo a la gente que llegaba. Así fue que, en vez del café caliente, recordemos que hacía calor. Decidieron comer algo.
-Contáme Amé, ¿Cómo es que ahora sos el “Doctor” Díaz?
-Estudiando mucho…
Ambos rieron ante el comentario.

-No, que sé yo… si uno se esfuerza puede obtener lo que sea en este mundo –Dijo el doctor tomando una porción de pizza- ¿Y vos como hiciste para obtener ese imperio? –Acotó señalando la pizzería de la cual Ghomikian era dueño.
-Es una historia larga… Después de graduarme en la primaria mi voz cambio, ya no me trababa y no arrastraba la R. Allí tuve muchos compañeros que en lugar de “gastarme” me ayudaron, especialmente uno, él se llama “Enrique Martín Alvarenga”

Américo sintió una ola de pánico con solo escuchar su nombre. Y en ese momento el teléfono de Ghomikian sonó. Él lo sacó y atendió.

-Hola Mauricio… ¿Me escuchás?
-Sí, con algo de interferencia…
-Salí de ese bar ahora mismo.
Mauricio miró para todos lados y vio para su asombro que un coche en llamas se dirigía donde ellos.
-¡Por Dios! ¡Corré Américo!
Américo, entre la sorpresa y el asombro, decidió que era mejor hacerle caso.
El coche en llamas entró en el negocio con mesas y bancos incluidos. Un cliente que en ese momento tomaba un café adentro del local fue atropellado sin piedad por el vehículo.

Américo fue en busca del extintor de llamas y lo accionó. Sin embargo, las flamas eran muy fuertes.
-¡Salí de ahí Américo! –Le gritaba Mauricio una y otra vez- ¡Esto va a explotar!
-¡Hay un chico quemándose en el interior! –Mauricio lo tomó del hombro y lo alejó justo a tiempo, el fuego llegó al tanque de combustible volando el auto en mil pedazos.
Américo comenzó a llorar, y Mauricio lo contuvo.
-No podemos hacer nada… -Ghomikian simulaba estar triste, pero sabía que en ese coche estaba uno de sus ex compañeros de primaria. No sabía como era que Enrique lo hacía, pero lo lograba- todo pasa por alguna razón.

Pamela se acomodó en su nueva casa. Era lujosa, eso seguro. Además, el country que eligió parecía de una seguridad impecable. Sacando eso, todo lo demás estaba bien. Solo había una cosa que le preocupaba, y esta era… su novio.

Beto “El tati” Lecouna era conocido en los lugares que se movía. Era medio “dealer” medio “chorro”. Vivía junto a sus hermanas, que no se parecían en nada a él, en un asentamiento de gente humilde. Cayó preso varias veces. La policía lo paraba cada vez que se lo cruzaba solo por “Portación de rostro”. Habitualmente Tati no disparaba con su arma a la policía. Pero ese día era diferente.

Llovía torrencialmente cuando entró encapuchado a un supermercado chino con sus amigos. Ellos eran tres. Allí cometieron el atraco. Robaron y golpearon a la gente que se encontraba comprando en el supermercado.
-Ey, vos gil –Se dirigió uno de sus compañeros al hombre de seguridad que custodiaba sin armas el local, era más para que nadie se robara mercadería que para un atraco de estas magnitudes- Dame el arma.

-No tengo arma –Dijo él y mostró su cintura como diciendo “Acá no tengo nada”.
El ladrón lo golpeó en la nuca y lo desmayó.
-Ey Gato, te dije sin violencia –Lo corrigió Tati- atacás a alguien más y te juro por mi dios que te vacío el cargador.¿Entendiste?
-¿Tan poderoso te vas a creer?
-¿Querés probarme? –Lo desafío Tati.
Un cajero, que en el momento del robo estaba en el deposito, accionó la alarma silenciosa. Dos minutos después la policía se hizo presente.
Con un altavoz, un uniformado, apremio a los ladrones.
-Sabemos que sos vos Tati, salí con las manos en alto…
Dentro, los ladrones no sabían que hacer, seguramente habría policías por todos lados. Pensó en ese momento en su novia, en Pamela…
-Me voy a entregar…-Dijo Tati casi en un susurro-…No quiero más esto…
-¿De que hablás gil?
Tati se dirigió a la puerta de vidrio y la abrió.

-Si te vas por esa puerta estás muerto para nosotros.
-Que así sea, ustedes están muertos para mí…
Tati salió a la calle con las manos en alto. Hizo la mitad del camino cuando un policía lo tiró al suelo.
-Estás arrestado, tenés derecho a guardar silencio, todo lo que digas puede ser usado en tú contra…
-Ya sé, conozco mis derechos…
La lluvia no había arreciado ni un poquito, mojaba a ambos.

Un fogonazo se escuchó dentro del local. Luego otro y otro y uno más.
-¡Entren! ¡Entren! ¡Entren! –Gritaba el oficial al mando mientras otro subía al esposado al coche. Ya no se escuchaban fogonazos. Ni uno, sus amigos habían muerto.
Una lágrima silenciosa cayó al coche pero su ruido se camufló con la lluvia.

Pamela se sintió mal. Su novio estaba tras las rejas. Según le había dicho la policía se había entregado sin resistirse. Las dos personas que estaban tomadas de rehén pelearon con los otros dos que quedaban dentro del local, las armas se dispararon y ambos ladrones murieron. ¿Qué loco no? Pensar que esas personas mueren y… ¿Van al cielo? ¿Al infierno? ¡Nah! Ella no creía en esas pavadas. La muerte era definitiva. Todo terminaba allí sin importar que religión profese uno. Además, ¿Quién juzga lo que es bueno y lo que es malo? “Mamá, mate un insecto” ¿Al infierno? Además, si fuera así, ¿Dónde van las almas de los insectos, de los animales y de las plantas? Ellos también tienen alma. Estaba pensando en estas cosas cuando alguien tocó a su puerta. Observó por la mirilla. Era un hombre de unos treinta y cinco años de edad. Abrió la puerta.

-Buenas tardes –Saludó ella.
-Buenas tardes, mi nombre es Miguel Osuna, vivó en la casa de enfrente. Le he traído un obsequio de bienvenida.
-¡Oh! Es usted muy amable.
-Por favor, tutéeme.
-Usted… digo, vos también.
-Gracias.
Pamela no sabía que hacer. Tenía a un extraño en su casa. ¿Y si era un ladrón? ¡Nah! Ya la hubiese asaltado.

-¿Querés tomar alo frío?
-Si, te agradecería.
Pamela fue en busca de algo frío para servirle a su interlocutor. Volvió al cabo de un momento con dos vasos de jugo de naranja helados.
-Tomá asiento…
-Gracias.
Ambos se sentaron en el mullido sillón.
-¿A que te dedicas? –Preguntó ella como para romper el hielo.
-Cazador de tesoros.
-¿Y eso?
-Pues, viajo por el mundo buscando tesoros perdidos… El mes pasado estuve en unas excavaciones arqueológicas en Jerusalén. –Tomó un trago de la bebida fresca- Tendría que ver la cantidad de veces que hemos encontrado la tumba de Cristo…
Ambos rieron.

-Pero, ¿Para que buscarla? ¿No alcanza con lo que dice la biblia?
-No, en la biblia no se habla de los tesoros… ni siquiera de los malos…
-¿A que te refieres? –Pregunto Pamela interesada- ¿Han encontrado algo?
-Hemos encontrado algo, “El tesoro de Ketael” –Dijo Miguel poniendo voz misteriosa y cautivante- Es una especie de manuscrito… el único en su clase… Está escrito en el idioma de los ángeles.
-¿En el idioma de los ángeles? –Pregunto Pamela cada vez más interesada.
-O eso creemos, ya que la única palabra escrita en hebreo que pudimos traducir fue “Ketael”, el resto del documento está ilegible.
-¿Ketael?
-“Dios oscuro” significa, tal vez sea otro nombre dado al diablo. Lo sabremos cuando hayan restaurado y traducido aquel documento aunque sea al inglés –Miguel miró la hora- ¡Oh! Ya son las siete de la tarde, bien, debo irme –Se puso en pie- Gracias por la bebida.
-De nada.
-Esta semana voy a estar de viaje por la India, así que por lógica no voy a poder venir a visitarte.
-Bueno, gracias por el regalo…

Pamela cerró la puerta. Le hubiera gustado un tesoro de regalo. Pero bueno… Tomó el regalo que le trajo Miguel y lo abrió. Era lo más maravilloso que le habían regalado en mucho tiempo. No sabía muy bien lo que era o para que servía, pero era bonita. Era una especie de bolita cristalina que, según como le diera la luz, cambiaba de color. Rosa, amarilla o anaranjado. Lo dejó arriba del modular y salió al patio. Allí se quedó pensando. ¿Qué había hecho de su vida? Ahora que era millonaria, ¿Qué la hacia diferente a otros ricos? Cuando era apenas una niña pensaba que los ricos eran la basura más grande del mundo. No ayudaban a nadie ni hacían nada por la humanidad. ¿Qué era lo que estaba pasando en su mente? Se sentó en la reposera a tomar algo fresco mientras disfrutaba de su nueva casa. Y allí se quedó pensando… Solo pensando.

Eran las siete de la tarde de aquel día caluroso, el doctor Díaz y Ghomikian se encontraban en la morgue del hospital. Allí, junto al doctor “Jekyll”, así llamado por sus compañeros –aunque no sabía bien por que, probablemente algo relacionado en la forma en que hacia las autopsias- realizaban la investigación a los dos cadáveres.

-¿Dicen que este joven fue uno de sus compañeros en la primaria? –Inquirió el doctor Jekyll- ¡Como es el destino! Sabio y caprichoso. Apágueme las luces doctor Díaz.
Díaz así lo hizo.
-¿Qué es eso? –Inquirió Díaz al ver un resplandor sobre el cadáver de ambos. Ariel brillaba con una luz única al igual que el niño.
-Parece algún tipo de residuo, tal vez Nafta o Alcohol –Contestó el doctor Jekyll- Vamos a ver el otro cadáver.

-¿El otro? –Inquirió Ghomikian- ¿Acaso hay otro además de estos dos?
El peritaje siguió en el otro cadáver, el señor que estaba tomando un café cuando fue atropellado por el coche en llamas.
-El cadáver de este hombre solo presenta un aplastamiento de cráneo y algunas costillas rotas ya que quedó atrapado entre el coche y la pared del bar. No hay residuos –Dijo el perito- eso indica que el accidente no fue accidental.
-¿Qué quiere decir con “no accidental”? ¿Acaso alguien lo hizo a propósito? –Inquirió el doctor Díaz- Eso es imposible, el coche estaba cerrado con traba electrónica, los peritos de la policía científica y los bomberos mismos lo aseguraron.
-Yo te digo lo que veo, y por lo que veo, esto se trata de un asesinato –dijo el forense- ahora déjenme hacer mi trabajo.
Jekyll hizo que los dos jóvenes salieran al vestíbulo.
-¿Quién querría matarlo? –Inquirió Américo.
-No lo sé, pero debemos estar atentos, ¿leíste las noticias hoy?
-¿Te referís a la desaparición de Carla? Sí lo leí… Pero aún no se sabe si está muerta –Indicó Díaz- ¿Vos decís que alguien quieren matarnos?
-No lo sé, pero si alguien se mete conmigo va a tener mala suerte. Mucha mala suerte –Sonó el teléfono en el bolsillo de Ghomikian- Me disculpas
–Sacó el teléfono- ¿Hola?
-Hola, soy yo, Enrique.
-Ah, sí, ¿Qué paso?
-¿Cómo quedó?
-Bien, bien, la pintura está perfecta.
-Ya veo, no puedes hablar. Bien, estoy en tu casa, junto a tu hijo… Estela me dejó pasar, antes que digas nada.

-De acuerdo, voy para allá –Cortó el teléfono y vio que Américo se había puesto detrás suyo- Me tengo que ir Américo. Paso en otro momento, cuídate.
-Está bien, anda tranquilo –Américo se fue a revisar al paciente, al entrar sacó su propio celular- Hola, habla Américo, pásame al jefe… -Espero unos segundos y el jefe se puso al teléfono- Hola Lalo, escúchame, quiero que investigues a Mauricio Ghomikian, sí mi ex compañero… Avísame ante cualquier novedad.

El doctor Jekyll, que había ido por un café, se le acercó por la espalda.
-Doctor Díaz, ¿Por qué no le dijo a su amigo que usted es parte de la policía científica?
-Tengo un mal presentimiento y espero estar equivocado.

Eran ya las ocho de la noche, la lluvia había comenzado a caer sobre la ciudad. Primero suave y luego fuerte. Mauricio se preguntaba a que habría ido Enrique a su casa.

Enrique tenía la misma edad que él, 25 años. Hacía algún tiempo habían cursado juntos la secundaria. Pero hubo un tiempo, uno largo, en el que dejaron de verse. Sabía que Enrique vivía en una casona vieja en la localidad de Floresta. No tenía hermanos y sus padres habían muerto hacia algún tiempo. No sabía de donde había sacado su poder, pero estaba claro que lo poseía.
Enrique poseía un poder único. Podía hacer que las sombras hicieran lo que él quisiera. Especialmente matar. Aparentemente este poder hace que no le sea necesario comer ni beber, aunque eso no le impedía hacerlo. Además, había otro problema, sus ojos. Estos eran de un color rojo intenso. Todo su ojo parecía inyectado en sangre, sin embargo a él no parecía afectarle en nada. Nunca le explicó como había obtenido esa habilidad, pero de algo estaba seguro, iba a cumplir el contrato costase lo que costase.

El muchacho de seguridad del Country levantó la barrera y lo dejó entrar. La lluvia desgarraba los cielos y los truenos caían en distintos puntos de la ciudad. Se veía desde lejos que la lluvia iba a prevalecer. Además, había oído que la lluvia iba a durar solo cinco días, justo lo que él necesitaba.
La lluvia era materia de preocupación en su trabajo. El repartidor de la pizzería, al cual desconocía ya que este llegaba siempre que él se iba, tendría grandes problemas para llevar la comida a domicilio.

Todo esto de la lluvia no era de su gran preocupación. Lo único que molestaba a Mauricio era haber encontrado a Américo justo en este momento de su vida. No quería matarlo. Pero si él llegara a entrometerse en su vida… ¡Que Dios lo ayude!

Sacó sus llaves y toco el botón del garaje. La puerta se abrió hacia arriba dejando ver un lugar ordenado y limpio. Entró el coche y cerró el garaje. Bajó del auto, cerró la puerta y abrió la puerta que comunicaba con la casa.
Al llegar al living, que por cierto era de lujo, fue recibido por Estela. La sirvienta, de origen paraguayo, tenía alrededor de cuarenta y cinco años. Vestía el uniforme que le había sido entregado el día que entró a trabajar a esa familia. A pesar de su edad ella poseía muy buen físico. La casa de Ghomikian tenía gimnasio propio. Lo había comprado en el momento en el que se juntaba con su ex esposa, ya que él llegó a casarse. Pero ahora hacia un tiempo que no la veía.

-Señor –Saludo la sirvienta- ¿Cómo estuvo su día?
-Bien, aunque he tenido mejores –Decidió no relatar lo que había sucedido en el bar- ¿Mi hijo?
-Durmiendo señor –respondió ella- Lo espera en el living el señor Enrique.
-Gracias, ¿Qué preparaste para comer?
-Hoy estaba de oferta en la carnicería el asado, así que compre eso.
-¿Compraste chinchulines? Sabes que son mis preferidos.
-Sí, señor. Lo hice. ¿Quisiera pedirle permiso para irme a mi cuarto señor, no me siento muy bien –Pidió amablemente Estela- No se que me pasa.
-No te hagas problema, anda a descansar.
-Gracias.

La sirvienta abrió la puerta que comunicaba con la sala de estar y subió lenta pero pesadamente la escalera. Allí en un sillón lo esperaba Enrique. Él tenía el pelo corto, usaba una barba candado y su pelo azabache y revuelto daba una sensación de desprolijidad. También llevaba unos anteojos negros, como si el sol estuviera dentro de la casa. Nunca se los sacaba, ni siquiera si un profesor, durante su tiempo de secundaria, se lo pedía.
-¿Cómo estás Mauricio? –Saludo Él extendiendo su mano, la cual fue tomada por su amigo- Tu hijo me contaba que tenés un cumpleaños mañana.
-Sí, es del hijo de la madre de un compañerito suyo. Ella se llama Débora… ¡Tiene un lomo!
-¿Te estás enganchando? –Mauricio se sentó y se tomó su tiempo para contestar.
-No se si engancharme es la palabra correcta –dijo luego de unos segundos- pero supongo que no tiene nada de malo restituir mi vida sentimental, ¿No?
-Por supuesto que no –consintió Enrique- Pero no olvides que tenes una misión y un trato que mantener.
-Sí, yo acepte el trato, pero no entiendo de que puede servirte “Eso” a vos –Dijo Mauricio en un susurro- Igualmente, lo pactado es pactado.
Mauricio se puso en pie y se dirigió a la cocina. Enrique le marcaba el paso.
-Tengo hambre, por tu culpa no pude degustar esa pizza –Le echó la culpa Mauricio, y como toda respuesta Enrique se encogió de hombros- Esa pizza se veía deliciosa. Pero más deliciosa es la venganza.

-Mañana antes de ir al cumpleaños, andá a ésta dirección, fíjate que nadie te siga.
-¿Quién me podría seguir? –Preguntó asustado- ¿Acaso… sabes algo que no me queres contar?
-Nada en absoluto. Solo que las estrellas se están moviendo hacia el norte. El cielo se prepara para el gran final. Solo cinco días es lo que falta…
-Vos siempre tan misterioso, nunca te voy a entender.
-No hace falta que me entiendas –Las campanas de la Iglesia cercana se hicieron escuchar- Bueno, es hora, debo irme.
Y sin decir más se enrolló sobre si mismo y desapareció dejando una pequeña voluta de humo en el lugar que estaba antes.
Mauricio por fin se dedicó a cocinar, cosa que lo apasionaba. Pero… No era muy agradable comer solo. Ni modo, iba a hacer un sacrificio.

El doctor Díaz vio como el doctor Jekyll realizaba la autopsia. En los resultados finales, el doctor hizo la siguiente observación:

“El fallecido, de nombre Ariel Luciano Castro, de veinticinco años de edad, a sido evaluado y la resolución y causa de la muerte son las siguientes: a) la causa de la muerte fue quemaduras internas y externas causadas por alcohol etílico en altas proporciones.
b)No había alcohol o estupefacientes en ninguno de los tres fallecidos –Ariel, el niño que era su hijo, y el hombre que tomaba un café cuando el auto fuera de control lo atropelló.
c) He calificado ésta muerte como “Muerte dudosa y/o asesinato”, aunque no hay un móvil claro ni una razón para ésta.”

Américo revisó los papeles. Aunque no estaba de acuerdo con el resultado final no se explicaba como había muerto su ex compañero. Así que decidió investigar por su cuenta. Él era parte de una organización llamada D.I.P.A. Esta organización, cuyo cabecilla es un oficial ligado a la INTERPOL , investiga casos paranormales, sus siglas según su significado son “Dirección de Investigación Paranormal Activa” (D.I.P.A) Hay en el mundo solo veintiséis miembros activos, de los cuales Américo es el líder en Argentina. Aunque su “Cabeza” de organización es Eduardo “Lalo” Masera.

Pronto Américo recibió la información que había pedido a su superior, y está decía:

(Foto de Enrique)
Nombre: Enrique Martín Alvarenga.
Domicilio: No declarado.
Ocupación: No declarado.
Registro delictivo: No posee.
Tipo de sangre: A+
Numero de documento: No posee N/N

El formulario no servía de nada. Sin embargo, esto lo hacía sumamente sospechoso. No Tenía domicilio, no trabajaba, no poseía registro de delincuencia. Nada, estaba limpio.
-mmm... Mauricio dijo que lo había conocido en la secundaría –Pensaba el doctor Díaz. Saco el teléfono celular y llamó a Lalo.
-Hola, ¿Lalo?
-Lo siento, Lalo ya no está más en este mundo –dijo una voz que no era, lógicamente, la de Lalo- Y te aconsejaría que dejaras de investigar. Puede irte muy mal.
-¡No te tengo miedo! –Le gritó Américo.
-Pues deberías –Al terminar de decir estás palabras, Américo se tomó el corazón. Sentía todos los síntomas de un paro cardíaco.
Los médicos que estaban cerca corrieron a socorrerlo. Américo sentía que se le iba la vida. Sentía por un lado que algo, con terrible fuerza le presionaba fuertemente el corazón. Un medico fue en busca de una tijera y cortó el ambo junto con la remera. Lo subieron a una camilla y lo llevaron directamente a resucitación. Allí le hicieron electro shock hasta que comenzó a respirar profundamente.

Despertó en una camilla. No entendía como había llegado hasta allí. Una enfermera joven a la que él conocía de haberla visto en su hospital paso por al lado de su cama.
-Enfermera…
La chica se acercó donde estaba él.
-¿Cómo se siente doctor?
-Mejor, gracias, pero… ¿Qué pasó?
-¿No recuerda nada?
-Recuerdo… -Un flash back le mostró que antes de desmayarse le había agarrado un paro cardíaco- … ¿Me agarró un paro cardíaco?
-Sí, repentinamente su corazón comenzó a bombear como loco.
-¿Se me hizo algún estudió para verificar esto?
-Sí, ¿Quiere verlos?
El médico asintió y la enfermera, que no pasaba los veinte años, se los trajo. El doctor los miró.
-¿Me los puedo llevar?
-Son suyos.
Américo no podía ver lo que venía ni de cerca. Sentía que la sombra del mal se acercaba. Y ésta no estaba muy lejos.
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Jack

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Dom Oct 23, 2011 7:19 pm

MMM... la historia es muuuy interesante

Espero la continuacion
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Nyarlathotep

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Lun Oct 24, 2011 1:58 am

jajajajajajaja, cuando lei el titulo pense que era un cuento sobre una noche de soledad que incluia una chaqueta XDXDXDXD
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Lun Oct 24, 2011 1:35 pm

No entendí... Cool
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Nyarlathotep

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Miér Oct 26, 2011 1:08 pm

cualquier lector de mexico te dira que es una "chaqueta" saludos
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Jack

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Miér Oct 26, 2011 9:23 pm

LOL... lo que vas a encontrar no te va a gustar... ¿para cuando el tercer capitulo?
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Miér Oct 26, 2011 9:33 pm

Posiblemente para el viernes este el tercero.... Gracias por leerlo... seguis tambien tesis de un ángel cruel? Y otra cosa, para el que guste puede pasarse por mi blog que es http://novelaspremium.blogspot.com hay alguna que otra historia nueva mas lo que subo aqui. Abrazos.
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Vie Oct 28, 2011 1:43 pm

Capitulo III: El chico y el ángel

-¡Buenos días! –Saludo Alejandra al entrar a la panadería. Ella era clienta de ese lugar desde hacia algún tiempo. Más exactamente desde que vivía en la zona de capital llamada “Caballito”. Ella estaba feliz. Esa mañana se había hecho un test de embarazo el cual le había dado positivo. ¡Estaba embarazada! Pero había un problema… este no era de su actual marido, sino de su amante.
Ella no quería perder el contacto con su actual marido, pero tampoco quería dejar a su amante. Estaba en un gran dilema, pero tenía que decidirse.
Aunque ahora tenía otro problema… ¿Flautita o miñones?
Compró todo lo que necesitaba y, caminando, volvió a su casa. Su marido se había ido más temprano al colegio donde daba clases de historia. Ella, por lo pronto, trabajaba en su casa vendiendo productos de belleza y Cosmética.

-Estoy aburrida, voy a tomar una ducha, con este calor insoportable estoy toda pegajosa.
Comenzó a desvestirse lentamente observando cada parte de su cuerpo y su pequeña pancita.
Abrió la ducha y llenó la bañadera. Trajo su “Chanchita” –equipo redondo de música- y la colocó en una esquina de la bañera que tenía una punta para evitar que algo eléctrico cayera al agua.
Se metió. Comenzó a pensar en como tomaría su marido y su amante la situación. Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir una persona estaba arrodillada a su lado mirándola, observando todo el movimiento de la muchacha.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? -Preguntó ella asustada.
-Soy… mmm… un admirador. Y diría que soy uno muy obsesivo. Te haré tres preguntas… si contestas mal… bueno… ya veremos.
El ser, que era todo negro y cuyo ojos eran violáceos, comenzó el test.

-Pregunta uno. ¿Quién te odia?
-¡No sé!
-Pregunta dos. ¿Quién te persigue?
-¡No tengo idea!
-Entonces está sí… ¿Quién te deja una flor cada día del amigo para ver si lo aceptas en tu circulo?
-¡Ghomikian!
-Correcto.
La sombra golpeó a la “chanchita” y está cayó al agua, electrocutando a la chica y a su bebé.

Pamela se levantó. Ya era de día. Observaba lentamente las plantas crecer en su jardín. Estaba feliz. Nada de lo que le dijeran podría cambiar su estado de animo.
Desayuno una infusión de té verde, cosa que le gustaba mucho, y decidió ir a ver a una de sus amigas. Hoy era el cumpleaños de su hijo. ¿Qué loco no? Todos sus compañeros se habían casado o juntado. Todos menos ella. Por cierto, aquella chica que desapareció en Palermo era una ex compañera de curso de ella. ¿Tendría algún problema? ¿Qué se sentiría fugarse y dejar todo atrás?
-¿En que estoy pensando? –Se dijo.

Pamela no tenía familia. Sus padres habían muerto en un accidente de autos. En realidad su padre se enteró que su madre lo engañaba con un montón de hombres y en un viaje familiar, cuando Pamela tenía dos años e iba sentada atrás en el auto, chocó a propósito contra la columna gruesa de un puente. Ambos padres murieron. Ella sobrevivió por que iba atrás atada con el cinturón de seguridad. La gente la llamó “la niña que sobrevivió” y, aún hoy, muchos recuerdan ese apodo. Luego de aquello, la adoptó la única hermana de su padre. Pero hacia solo unas semanas atrás su tía-madre había muerto. Indudablemente todos vamos en pos de ese destino. Unos más rápido otros más lento. ¿Por qué será que el hombre no acepta el hecho de que debe morir? Una vez había leído en una revista de ciencias que el hombre no está preparado para morir. El hombre está hecho para ser inmortal. Pero, como señalaba la revista, las células regenerativas en lugar de proceder con su función simplemente mueren.

-Es extraño –Pensó ella mientras salía al patio y miraba a sus vecinos salir. Pobre de ellos, allí haciendo sus quehaceres. Uno de los vecinos la saludo de lejos. Ella le devolvió el saludo. Fue adentro de la casa y buscó algún libro que leer. Encontró uno, aunque no era de los que prefería: La Biblia.
En fin, lectura era lectura…

Mauricio se levantó temprano ese día. Era el cumpleaños del hijo de Débora. ¿Qué le llevaría de regalo? Aún no sabía. Tampoco sabía cuantos años cumplía. Calculando, tendría que tener la misma edad que su hijo. ¿Ropa? ¿Juguetes? Los niños a esa edad amaban los juguetes. Pero la madre agradecería ropa.
Mauricio conocía al niño. Era pelirrojo y un poco más alto que Facundo, su hijo. En fin, decidió dejárselo al destino. Sacó una moneda. Si era cara sería ropa. Pero si fuera seca le regalaría un juguete. Lanzó la moneda al aire. Observó como esta caía lentamente hasta detenerse en el aire. Se congelo allí. Pero no solo la moneda. Todo lo que se movía había quedado quieto. Inclusive la televisión que anunciaba la muerte de una persona. Mauricio observó en el televisor el nombre de la chica muerta “Alejandra Lorena Iiori”; Enrique lo había hecho devuelta. Pero… ¿Qué era lo que estaba deteniendo el tiempo? ¿Magia? Imposible… aunque viendo como estaban dadas las cosas se lo pensó más seriamente.

-Fui yo quién detuvo el tiempo…
La voz provino de atrás suyo. Un hombre, como si fuera una sombra oscura y vacía se había manifestado de la nada.
-¿Quién eres?
-Soy su servidor. Alguien a quien tienes mucho que agradecer.
-¿Fuiste vos? ¿Vos mataste a Carla, Ariel y Alejandra?
Una sonrisa aún más cínica se dibujo en su rostro.
-Pero no he venido aquí a alardear. Simplemente a recordarte que mi señor Enrique desea verlo antes de que se haga el cumpleaños del nene.
-Bien. ¿Pero donde?
-En la capilla abandonada al costado de las vías del tren Sarmiento. Allí debes ir. Procura que no te sigan, de lo contrario habrá una muerte innecesaria… y nadie quiere eso. ¿Verdad?
La vos de la sombra parecía salida de un lugar oscuro y tétrico, pero eso no asustaba a Mauricio. Sabía que aquél ser estaba de su lado.
-Ghomikian, espero no te arrepientas de tu contrato.
Ghomikian rió.
-Por supuesto que no. Esto recién empieza.
La sombra se envolvió como si fuera una pequeña persiana y desapareció. Todo se descongeló al instante. El televisor volvió a andar y la moneda al fin cayó, rodó por el suelo y se detuvo a medio cara y a media seca.
-Supongo que tendré que comprarle ambas cosas.

El doctor Díaz conducía su auto camino a casa. El director del hospital se había enterado del pequeño percance. Su jefe consideraba necesario un descanso y él no tenía ni voz ni voto en la decisión. Aunque le explicara que fue un acto sobrenatural no le creerían. ¿Qué sentido tenía aquello? ¿Y porque querrían matarlo? Con estas preguntas en el aire debería darles una razón. “Pertenezco a una agencia investigadora de lo paranormal” Américo rió. ¿Qué tan loco suena “Paranormal”? o ¿Qué tan loco suena “Agencia investigadora”? Es cierto, llevaba una doble vida y no era la primera vez que se enfrentaba a algún ser paranormal.

Llegó a su casa y abrió la puerta del garaje electrónicamente. Y aunque no dejaba de maquinar razones en su cerebro, había una pregunta que en verdad lo aterraba… ¿En que se había convertido su amigo y por que no lo mató aquel ser? Igualmente no se iba a dejar amedrentar por un ser del más allá, si es que era de ahí. Debía correr la bola a sus compañeros de equipo: Julián “La parca” Napolitano y Roxana “Melody” Juárez.

Entró en su casa y se dirigió directamente al sótano. Allí tenía el sistema de cámaras de toda la ciudad. Podía ver todo desde ahí. La pared central estaba completamente tapada de monitores. Incluso había cámaras en algunas casas. Era ilegal pero servía. Lamentablemente no había cámaras en aquella casa.
Manipulando ágilmente el teclado de aquel complejo sistema logró dar con una visualización de la entrada a la casa de Ghomikian.
-Muy bien “Amigo” este es tu juego. Veamos como lo juegas. Por que yo soy… ¡La justicia!

Mauricio salió de su casa en el country, sin su coche, había decidido irse caminando con su hijo.
-Papá, ¿Qué es un cumpleaños?
-Es una fiesta donde reís, jugás y te divertís junto a otros chicos.
-¿Y es malo divertirse?
-No, es lo más lindo que hay. Jugás, conoces nuevas personas y cosas por el estilo.
-¿Por qué nunca me hiciste una fiesta?
-Bueno… eso es porque… mmm… No tengo tiempo de festejar…
-¿Cuándo es mi cumpleaños?
- El veinticuatro de Abril…
El niño, luego de unos instantes acotó:
-¿Es el mismo día en que nací?
-Así es.
Mauricio notó que arriba suyo, las cámaras instaladas por seguridad y para su seguridad, se estaban moviendo. Giraban en cuanto el pasaba. Como si quisieran seguirle el rastro. ¿Quién podría querer seguirles el rastro?
Cuando estaba cerca de la salida, divisó allí a una chica rubia. Se le hacía conocida. Cuando estuvo más cerca se dio cuenta de quien era: Gorosito. ¿Qué hacía allí? ¿Habrá venido a comprar una casa? ¡Maldita sea! Esto no estaba en sus planes.

Al ir llegando a la portada donde estaba el guardia, escuchó una pequeña discusión.
-Olvide mis documentos dentro. Lo juro. Yo vivo acá.
-Reglas son reglas...
-Pero estas pueden romperse Alfred…
-¡Oh! ¡Señor Ghomikian! –Pamela lo miró exaltada al escuchar ese apellido.
-¿Qué sucede aquí?
-La señorita salió sin documento o algo que la identifique…
-Pero es una dama, verdad señorita…
-Gorosito, Pamela Gorosito.
-Alfred, déjala pasar, yo me hago cargo –Alfred levantó la barrera y le dio paso libre- Ahora, para asegurarnos que esto no vuelva a pasar, señorita… ¿Se encuentra bien?
-Estoy bien, solo un pequeño mareo, voy por mis documentos y vuelvo, gracias Ghomikian.
-De nada.

Díaz seguía el trayecto que hacía Mauricio. Incluso pudo escuchar la pequeña charla entre él y Gorosito. Ghomikian se traía algo entre manos, ¿Pero que era? Lo vio caminando hasta las vías del ferrocarril Sarmiento y, como si de magia se tratara, se esfumó junto a su hijo. Díaz buscó desesperadamente para ver si lo volvía a encontrar. La iglesia, la plaza, el observatorio… ¡No estaba por ningún lado! ¿Qué demonios estaba pasando allí?

Ghomikian observaba admirado como la situación había cambiado. Todo a su alrededor estaba distinto. La vieja iglesia, que se encontraba deshabitada y en estado de decaimiento, ahora estaba más reluciente que nunca.
Las paredes, otrora descuidadas y sucias, ahora estaban pintadas de color fucsia y amarillo. El techo, alto, de grandes cúpulas y rústicos dibujos en sus vitrinas, brillaban de impecabilidad.

Observó que alguien, vestido con una capa larga y tapado con una capucha, una especie de monje al que no se le veía el rostro, se le acercaba. Cuando llegó junto a ellos, Ghomikian saboreó el gusto de la sangre en sus labios.
-¡Sangre!
Ghomikian se dio cuenta de que su hijo también sangraba.
-Acompáñenme –dijo una voz hueca que parecía venir de el asilo donde se ocultan los demonios- Mi amo los espera…
-¿Qué es este juego papá? –Dijo Facundo- ¿Es un juego no?
-Sí, y me parece conocer al que está detrás de este juego…
El monje los guío hacia una estatua. A primera vista pensaron que se trataba de la estatua de Cristo, pero luego se dieron cuenta que no era así. Se trataba de un ángel, y era el más hermoso que jamás se haya visto. Frente a la estatua gigante –llegaba al techo- se hallaba él… enemigo de los humanos… sus ojos brillaban como el fuego mismo del infierno.
Al verlo, Facundo se desmayó. Su padre lo dio vuelta y trató de reanimarlo.
-Déjalo, ya despertara. Vete Satanás.

Sin lugar a dudas se había referido a su sirviente, este respondió a su amo y se retiró. ¿Qué otra opción tenía? Luego de que él se fuera, Ghomikian sintió como si le volviera la respiración.
-¿Qué es este lugar Enrique?
-Es mi casa, aquí vivo, aquí está mi verdadero ser. Esto es lo que soy…
-¿Eres un demonio?
Enrique rió.
-No, ese que se fue si que lo era. Era uno de baja extirpe.
-No entiendo…
-No hay nada que entender. Te contaré una historia…

…Hace seis años, en una casa cercana a esta, existía un joven al cual todos consideraban un autentico buen vecino. Nadie osaba contradecirlo. Él era un sacerdote en ésta misma iglesia, solo que era otra la estatua. El nombre de este sujeto era Néstor Oscar Alvarenga y era mi hermano.
Mis padres, por alguna razón, nos abandonaron. Me dejaron solo con él. Para colmo de males, él era mi gemelo.
El problema más grave en todo esto era que a mí…je… me faltaban las dos piernas, ya que nací sin ellas.

A la edad de cinco años mi hermano me encerró en el sótano de la casa y desde ahí en más fingió ser hijo único. La señora con la que habíamos quedado a cargo pensó que yo había muerto porque así se lo dijo Néstor. Para colmo, él me había atado las manos y me había amordazado. Sin piernas, con las manos atadas y amordazado, rodeado de ratas y cucarachas y sin una sola luz que me alumbrara mucho no iba a vivir demasiado. ¿Dónde estaba Dios en este momento? ¿Acaso no veía como sufría?

Sin embargo, desnutrido y deshidratado, logré aguantar siete largos años. ¿Razón? ¡Odio! ¡Mucho odio! Y todo contra mi hermano.
-¿Me escuchás? –escuché una voz en mi cabeza que decía eso.
-¡¿Quién eres?! –Pregunté yo en mi mente ya que aquel pañuelo seguía en mi garganta.
-Soy tu salvador…
-¿Mi salvador?...
-Se por lo que estás pasando y puedo ayudarte… escúchame y no me temas, no soy el malo en esto… el malo es Dios. Por su culpa estamos acá abajo… Ambos queremos venganza… ¡Pues venguémonos!
-Pero… Yo no tengo piernas…
En ese momento, sentí un dolor, algo caliente y punzante que se extendía desde el muñón hasta… ¡El pie! ¡Tenía pie!
Hice un poquito de fuerza y rompí las cuerdas que me ataban, lo pude hacer por que ya estaban viejas y desgastadas. De hecho nunca me las habían cambiado. Eso posibilitó el que yo pudiera romperlas. Saqué el trapo de mi boca. Y me puse en pie tambaleante. Sentí la ira crecer dentro mío. Fui hasta la puerta y la rompí a patadas. Sentí unas punzadas y un ardor en los ojos. Busque a mi hermano por toda la casa pero no lo encontré. Opté por bañarme y quitarme el polvo de esos años malos mientras pensaba en lo que le haría cuando lo viera.
Me afeité, me puse su ropa y salí a la calle. Todo estaba muy cambiado y había cosas que ni conocía. Decidí esperarlo en el sótano. Fui allí y prendí la luz. En un rincón se hallaba un sarcófago negro. Lo que había allí dentro me cambió la vida.

Esperé que mi hermano llegara y le acuchillé, pero no lo maté. Me lo comí… después si, desde luego, quedó muerto en mi estómago…

…Y esa es mi historia. Desde aquél día, lo que había en el sarcófago, me ha ayudado y ha sido como un padre para mí. En aquella casa aún me llaman Néstor cosa que no puedo evitar. Por ello vengo aquí donde está él –dijo señalando la estatua- y él es Ketael uno de los setenta y dos ángeles de la Cábala.
-¡Guau! ¡Que historia! ¡Podrías escribir un libro!
-Sí, en ocasiones pienso en hacerlo, pero después descubro cual es el rol en mi vida y desisto.
-Entonces… ¿Ketael es un ángel?
-Así es… Un “ángel” que no ha sido bien cuidado. Por eso ha caído a la tierra. Pero eso lo dejo para otra ocasión. Ahora, lo que me concierne, es “Dopar” a tu hijo. Convertirlo en una sombra para que vos, mediante ordenes comunes y simples, puedas dominarlo, como si se tratara de una mascota.
-Mi hijo… ¿Un asesino?
-mmm... si queres llamarlo así…
-Está bien, acepto el trato…
Enrique sonrió mostrando sus dientes blancos.
-Empecemos…
Golpeó sus manos al aire y, en solo un segundo, se vieron rodeados de sombras. Ghomikian ni siquiera se inmutó, sabía de hecho lo que iba a suceder.
Su hijo, aún con los ojos cerrados, se puso en pie. En realidad una de las sombras lo sostenía desde abajo, como si esta fuera una alfombra negra y maquiavélica.
Las sombras que lo rodeaban se convirtieron en una especie de liquido y de ésta forma entraron en el cuerpo de Facundo que cayó suavemente al suelo como si de una hoja seca en pleno otoño se tratara.
-Cuídalo bien, no dejes que lo descubran -Le indicó Enrique y con un chasquido padre e hijo se encontraron fuera de la vieja iglesia.
Y de ésta manera el terror dio inicio.
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Vie Nov 04, 2011 9:31 pm

Capítulo IV: La fiesta.

-¡¿Qué demonios pasó?! ¡¿Dónde están?!
El doctor miraba una y otra vez las pantallas buscando y buscando a Ghomikian y a su hijo. Sus dedos iban de una punta a la otra del teclado a una velocidad casi extrema. El sudor frío le recorría el rostro hasta terminar en su pecho y de ahí al suelo.
-No los vas a encontrar…

La voz vino de un lugar detrás de él, pero luego recordó quién estaba ahí.
-He venido como me pediste –dijo la voz oscura y retraída. Díaz lo buscaba a su espalda pero este no se mostraba tan fácil y, considerando que era uno de los siete mejores agentes de DIPA en el mundo, no iba a ser tan fácil verlo. Américo continúo su examen de las pantallas en busca de los desaparecidos- Parece que usan una especie de portal…
-¿Un Kenkai?
-Tal vez un derivado… Un Kenzora. No hay nada que hacerle. No vas a poder verlos hasta que salgan de ahí.
El Kenkai es un escudo que divide los mundos. Un mundo alternativo donde todo es irreal e infinito y que solo desaparece cuando muere su creador.
El Kenzora es un escudo que utilizan entes demoniacos para esconderse en este mundo. Según la biblia los demonios viven entre nosotros y la única forma de que no los descubran es el mundo paralelo de los Kenzora. Ellos pueden ir y venir de este mundo sin ningún problema gracias a estos.
Díaz solo podía esperar a que salieran de aquel mundo.
La espera se hacía interminable. Por lo pronto, Díaz comenzó a recordar un asuntó de la primaria…

-¿Quién fue?
La maestra Silvana quería saber quién había silbado en su hora. ¡No podía permitir que alguien faltara el respeto de esa manera! ¡Menos en su clase!
-No van a salir al recreo hasta que no sepa quien fue el que silbó.
Mauricio lo sabía. Él lo había visto. Pero… ¿Quién era él para culpar a otros? No le importaba. Él no se iba a meter.

-¡Fue Ghomikian!
La voz había sido del verdadero culpable: Adrián Carrión.
-¿Vos lo viste? –Preguntó interesada la maestra.
El alumno lo afirmó. Ghomikian ni se molestó en contradecir.
-¡Deja de mentir! ¡Fuiste vos Adrián! –Mi voz sonó irritada, pero tenía que defender a mi amigo.
De pronto él se puso de pie.
-No me defiendas Américo, Cada uno es responsable de sus propios actos y si él dice que fui yo… Ni modo… habrá que ver quien es el estúpido que le cree.
La maestra enfurecida le gritó y lo mandó a dirección.

… ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Él trato que le dieron sus compañeros provocó ésta reacción. Y ahora que recuerdo… ¡Ninguno de sus ex compañeros estaba exento de culpa! ¡Él único soy yo!
Los pensamientos iban y venían en la cabeza de Américo. ¿Acaso era eso lo que pretendía? ¿Una venganza? ¿Con que fin? ¿En que momento entró en contacto con el demonio?
-¿Qué recordaste Américo? –Este se exaltó al escuchar otra voz allí, había olvidado que “La parca” aún estaba allí. Pero, se le ocurrió una idea- Parca, necesito que me hagas un favor.

-Usted dirá…
-Camúflate y entra a la primaria numero 42 de San Martín. Tráeme el expediente de Ghomikian. Hay cosas que no me cierran. Ah y decile a Melody que se infiltre en el cumpleaños y lo vigile.
-Sus deseos son ordenes… ¿Y que hay de vos?
-Voy a ir al cuartel general…

El cumpleaños empezó. La gente iba llegando con sus regalos. Débora, la madre del niño agasajado, había alquilado para la ocasión un inflable con pelotero para que jugaran los niños mientras los padres, y otros invitados, hacían sociales.
Cuando Ghomikian llegó a la fiesta, fue amablemente recibido por Débora y Damián, su hijo.
-Pasa Mauricio, ponete cómodo…
-Acá está el regalo para Damián, no sabía si traerle ropa o algún juguete.. así que le traje ambas dos.

-No tenias que molestarte…
-No es molestia –dijo él mirando alrededor- ¡Guau! Tenes una linda casa.
La casa a la que se refería Mauricio era mucho más pequeña que la de él pero no por eso menos acogedora. Débora se dio cuenta, tal vez algo en la mirada se lo dijo, de que Mauricio no era sincero. La chica se percató de que el niño aún estaba ahí.
-Facu, andá a jugar adentro…
El niño no contestó y en solo un minuto se perdió de vista.
Mauricio entró y fue presentado entre otras madres y padres de los compañeritos del Jardín al cual asistía Facundo.
En un momento de la fiesta, la madre de una compañerita de Facundo se le acercó a Ghomikian.
-Hola, ¿Usted es Ghomikian no?
-Sí, así es. Puede tutearme si gusta.

-Gracias, usted también puede si quiere. ¿Me dijeron por ahí –hizo un gesto con la mano como si revolotearan pájaros a su alrededor- que estas divorciado?
-Así es, nos divorciamos apenas nació Facundo, ella vive en España, Madrid más exactamente.
-O sea que está lejos… Perdón, no me presenté, Andrea es mi nombre… ¿Tú nombre es?
-Mauricio…
Siguieron hablando un rato largo. Lo que Mauricio no sabía era que estaba siendo vigilado. La chica, Andrea, es en realidad Melody disfrazada de la madre de Morena, la compañerita de Facundo. La verdadera madre de Morena, la verdadera Andrea, está desmayada en el placard.
Mientras la fiesta continuaba dentro de la casa… En el patio techado algo pasaba…
Uno a uno los compañeritos de Facundo caían desmayados, con la nariz y bocas ensangrentados… Una de las madres se dio cuenta de lo que sucedía y comenzó a gritar. De un momento a otro todo era un caos. Nadie sabía para donde correr o que hacer. El griterío estaba por todos lados. Pronto, los gritos inundaron el lugar.

-¡Llamen a una ambulancia!
-¡Luciano!
-¡Ey! ¡Ayúdenme acá!
Entre medio de la confusión vio que Andrea no iba corriendo hacia su hija sino que se quedaba allí, parada, asustada, estaba pálida. Ghomikian, que aún no había visto a su hijo, se acercó a ella.
-¿Qué pasa Andrea? Estás pálida…
-Tú hijo… Míralo.
Nadie se había percatado. Nadie lo observaba. Entre el griterío se escuchó el grito del niño.

-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Déjame en paz! -Gritó el niño, provocando así una onda expansiva que rompió todos los vidrios del lugar.
En medio de la confusión, Ghomikian corrió a través de las ondas y llegó hasta su hijo. Al abrazarlo, el rugido se calmó y Facundo cayó al suelo desmayado.
Ghomikian sabía lo que pasaba. La sombra se estaba apoderando del cuerpo del niño y había liberado su poder devastador.

La ambulancia llegó y corroboró que los niños, a pesar de haber perdido mucha sangre, estaban bien. Lo único que les extrañó a los médicos es que los niños tenían moretones de golpes. ¿Cómo fue que paso eso? Además, TODOS los niños estaban moretoneados.
Ghomikian maldijo para sí mismo. No podía quedarse todo ese día en el hospital. El poder tenía un límite de cinco días. ¡Maldición!

Mientras tanto en la escuela donde había cursado Ghomikian, un hombre vestido de negro y apoyado en un bastón ojeaba los archivos del colegio.
-Bien, esto servirá…
Y se enrolló como si fuera una cortina. Apareció de vuelta en una sala con una mesa circular. Allí, en aquel cuarto, sus poderes eran anulados. Allí era la central de DIPA.
Díaz, que por medio de unas cámaras seguía los movimientos de Ghomikian, el coqueteo de Melody y el despertar del poder del niño, se sobresaltó al escuchar el ¡Plop! Por el cual había aparecido su compañero.
-Llegaste Parca…Vení a ver esto –La parca, que no se dejaba ver en ningún lado salvo en la central, se acercó apoyándose en su bastón. Caminaba como si no estuviera acostumbrado a ello, como si volar o flotar fueran más normal.
-¿Qué ha pasado en la fiesta?

-Melody ha hecho contacto con él y, de un momento a otro, todo se volvió un caos.
-¡Ja! Propio de las sombras. En un segundo voltear todo para arriba.
-Al parecer de quien debemos cuidarnos no es de Ghomikian sino de ese niño. Al parecer, él es el que posee el “Alma” de la sombra –Díaz miró a la Parca a los ojos y vio que estos eran blancos en su totalidad- Nunca te había mirado a los ojos, vaya, son blancos.
-¿Te asombra?

-No, en realidad no. Tienes el poder de desaparecer y esconderte en las sombras, ojos blancos y no hay ni rastros de tu pasado en los archivos. ¡Je! –Américo sonrió- ¡Eres un fantasma perfecto! ¡Una parca perfecta!
La parca solo se mantuvo en silencio. No sabía si aquello era un cumplido o un insulto.
-¿Trajiste lo que te pedí? –Inquirió Américo.
-Aquí está.
El médico tomó entre sus manos los papeles que le dejó la Parca. Los observó un rato largo y luego dio un silbido pronunciado.
-No recordaba todo esto de mi amigo. Con razón quiere vengarse de sus compañeros.
Américo pareció pensar por un instante y luego agregó:
-Es mejor que vaya al hospital a cumplir con mi labor…
-Américo tené cuidado, vos no conoces a Enrique…
-Y vos tampoco a mí –abrió la puerta y se fue.

Pamela disfrutaba de un paseo bajo la lluvia. Si había algo que le gustaba era la lluvia. Pronto llegó hasta una pizzería. Era casi de noche ya y estaba un poco húmeda, no chorreando agua pero si húmeda. La lluvia había amainado un poco, gracias a ello Gorosito no estaba empapada de pies a cabeza sino simplemente húmeda.
Observó que con aquella lluvia, mucha gente optaba por pedir las pizzas a domicilio, sin embargo ella estaba ahí, lista para disfrutar la vida.
-¿Pamela? -Ella se dio vuelta. Un hombre de estura normal y vestido con ambo y jeans es lo que sus ojos veían- ¡Gorosito!
-Hola… ¿Quién sos? Te veo cara conocida.
-Américo Díaz…
-¿Quién?

Américo rió. Él tampoco había sobresalido demasiado en la primaria al parecer.
-Soy un ex compañero tuyo de la primaria. El mejor amigo de Ghomikian, pero hace tiempo que no lo veo –Mintió él al ver la cara de horror de la chica.
-Sí, ahora te recuerdo, al que llamaban “Murdock”…
-Murdock… hace tiempo que nadie me llamaba así… Aunque nunca supe el por que del apodo.
Pamela rió.

-Yo tampoco. ¿Qué fue de tú vida Américo?
Américo se encogió de hombros.
-Nada en particular. Ahora soy médico clínico…
-Te gustaría comer algo conmigo ahora…
-¿Acá? ¿En ésta pizzería?
-Sí, ¿por que no?
-De acuerdo, creo que dispongo de unos minutos extras.
Américo se dijo que sería una excelente oportunidad para averiguar cosas de Ghomikian.

Se sentaron a una mesa en el exterior del local, debajo del toldo, y pidieron una pizza grande de jamón y queso acompañada de una botella de Coca cola.
Comieron y charlaron un rato largo. Américo llevaba a su victima a su encuesta.
-… en fin, nunca encontré a mi verdadero amor –decía ella- salí un tiempo con un tipo de una villa, un paria, Tati le decían, era como el hombre lobo: de día era buen tipo, educado y romántico; pero cuando se pasaba un poco con la dosis de alcohol se volvía violento, agresivo y hasta un poco loco. Aunque yo se que en el fondo el no quería eso. Él solo buscaba su felicidad mediante la agresividad.

-Una mala manera de buscar la felicidad si me preguntan…
-Sí…
-Pamela, ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Sí, dos al precio de una –y tomó un sorbo de coca como para humedecer los labios, la atmosfera se había puesto pesada de golpe…
-¿Cuál es tu historia con Ghomikian?
Pamela al escuchar aquel apellido abrió los ojos de par en par.
-Yo… yo…
-Hablá Pamela…
-Está bien, no me presiones, es un viejo recuerdo, algo que paso de chicos… En aquel entonces yo estaba enamorada de él, casi hasta la locura… pero un día.

“Volvía a casa del colegio. Nuestras casas estaban cerca. Éramos vecinos por cuadras. Y entonces, él se me adelantó y me cruzó…”

-Necesito que hablemos…
-¿Qué pasa Ghomikian? No me asustes por favor.
-Asústate, téneme miedo… No te enamores de mí, si lo haces te voy a odiar de por vida, aléjate de mí… Los monstruos no podemos amar.

“Me dejó ahí. Temblando bajo el frío de Mayo, justo el día de mi cumpleaños. Pensé que iba a ser un buen cumpleaños pero me había equivocado. Lloré y juré no hablarle nunca más.”

El silencio se hizo en la pizzería. Solo se escuchaba el sonido de la lluvia cayendo sobre la lona de plástico que cubría el espacio entre el local y la calle.
-Bueno, tengo que irme, ya es tarde –Dijo Pamela- Un placer haberte visto de nuevo… y gracias… ahora me siento mejor.
Américo se quedó en silencio. Estaba maquinando a cien. Su descubrimiento explicaba algunas facetas del comportamiento de Ghomikian.
-Muy interesante -levantó la vista del suelo- Gracias Gorosito –Una sonrisa se dibujo en su rostro.

La prisión del Palomar es un lugar terrorífico. Ni siquiera el juez más atrevido desea meterse en aquel lugar a investigar.
Tati, el ex novio de Gorosito, se encuentra allí encerrado. En estos pocos días que ha estado ahí lo han golpeado hasta quebrarlo. Pero, para su suerte, hoy no se han molestado en hacerle daño. Quizás se aburrieron de él.
Pronto Tati se durmió y en sueños empezó la pesadilla. Estaba allí en la cárcel cuando un hombre se le presentó.
-Tati… has buscado el poder por mucho tiempo… pero… de verdad lo quieres…
La voz parecía venir del inframundo, aunque no lograba ver al que le hablaba.
-¡Quiero el poder! ¡Dámelo!
-Es tuyo.
Tati despertó. Se sintió renovado. Con fuerzas suficientes como para llevarse el mundo por delante. Se acercó a la reja y de una patada la voló en pedazos. La alarma sonó y él, rápido como la centella, fue matando uno a uno a los guardias. Los disparos se escucharon en el recinto pero solo era la sinfonía de lo siniestro.
Tati salió a la calle vestido de policía, tomó uno de sus autos y se fue de aquel lugar antes de que los refuerzos llegaran. Ya no se llamaría Tati, ahora era "the Reaper"
Y así pasó la primera noche de soledad.
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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Dom Nov 06, 2011 1:25 am

mmm... ¿The Reaper?

Ja, algo me dice que su vida sera muy interesante a partir de este momento
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Raziel_Saehara

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MensajeTema: Re: Noche de soledad   Sáb Nov 26, 2011 7:34 pm

Gracias por la espera. Aqui el quinto capitulo de esta historia que empieza a ponetrse jodida. Abrazos.

Capitulo V: Pasado…

Mauricio pasó una noche horrible. En principio no la paso en su casa ya que su hijo y los demás niños quedaron internados en el hospital de niños Ricardo Gutiérrez. Al parecer muchos niños fueron golpeados por la sombra que habita dentro de Facundo.
En segundo lugar, su hijo había llamado la atención de una de las madres del grupo: Andrea. Ahora ella debería morir. Aunque pensándolo bien… Ella no había dicho nada de lo que había pasado. Ni siquiera a Débora.
Miró la hora en su reloj. Era de madrugada y aún no traían al niño. Facundo aún permanecía en observaciones desmayado.
Sonó su celular. La pantalla de cristal liquido decía “Enrique”. ¿Qué querría? ¿Sabría acaso lo que iba a pasar? Atendió.
-Hola…
-Salí de ahí, no digas quien soy…
-De acuerdo, voy a salir fuera para ver si hay señal, no te escucho bien…
Mauricio camino hacia la salida del hospital, no había nadie en la puerta, bajo la escalera y salió a la calle.
-Ahora te escucho…
-Alguien te vigila Mauricio y temo que no son solamente mirones… vení a la iglesia ahora mismo… tengo que mostrarte algo.
-Llevo a mi hijo…
-Me da igual.
-De acuerdo, voy para allá.
Por un momento pensó en llevar a su hijo para que lo “revisara” y le dijera si eso era normal… claro que dependiendo a lo que ellos consideraban normal. Por suerte la iglesia estaba cerca del hospital.
Caminó mirando a un lado y a otro de la calle, de repente había quedado solo en aquel lugar.
-Tu corazón está latiendo más fuerte que nunca, ¿Qué pasa? ¿Estás asustado?
Mauricio se dio vuelta y vio tras él a un hombre que no pasaría los cuarenta años y ni los aparentaba en caso de tener esa edad. Vestía una vieja capa, que parecía ligera, y tenía el pelo rubio.
-Mauricio, se que estás enojado con el mundo, con tú vida, con todo lo que te rodea –dijo el extraño que en ningún momento había abierto los ojos- pero no arrastres al mundo a su destrucción. Recuerda que hay gente que te ama, que te quiere tal y como eres. Por ejemplo: el doctor Díaz.
-¿Américo?
-Sí, sabemos que él es al único que no matarías…
-Ponme a prueba…
Durante unos instantes se miraron, aunque eso era relativo. Si llamamos mirar sin abrir los ojos, eso es lo que hacía el joven de negro.
-Ghomikian, recuerda tus propias palabras: “Haz lo que quieras, en cualquier momento del día, pero hazlo sin molestar a nadie”
Dicho esto, el joven de la capa negra se fundió con el entorno y desapareció.
Poco a poco la gente que caminaba por la calle empezó a aparecer. ¿Quién sería ese tipo? Acaso…
Se le cruzó por la mente la idea de que Américo podría tener algo que ver. Pero. ¿Qué había pasado para que se enterara? ¿Cómo lo supo? Sería bueno avisarle a Enrique.

Dentro del hospital, una sombra se movía indistinta, inmutable. Cada paso que daba era un paso hacia la muerte.
Facundo se había levantado de la cama y caminaba arrastrando los pies. Se tomaba la cabeza como si se fuera a caer si la soltaba. Todavía era temprano para los médicos así que no había muchos de ellos rondando por ahí.
-¡Vete! ¡Vete! ¡Vete! –repetía por lo bajo el niño.
Llegó a la recepción vistiendo apenas un Slip y en cuero. Allí, la recepcionista y una señora que hablaba con ella lo vieron y corriendo se le acercaron.
Lo tomaron del hombro y le preguntaron donde estaba su padre ya que lo reconocieron como el niño que recién había entrado en la guardia.
-¡Vete! –repitió una vez más y tomo la cabeza de la enfermera entre sus manos mirándola directamente a sus ojos.
El gritó que se escuchó en el hospital fue tan alto que alertó a los de seguridad.
Cuando llegaron ellos al lugar encontraron todo hecho un desastre. Pero lo más horroroso fue ver al niño parado entre los cadáveres sin cabeza de la enfermera y la recepcionista.
El niño sonrió. Ya no le dolía la cabeza. Ahora ya nada le dolía. El niño solo movió la mano para delante y de esta manera arrancó de cuajo la cabeza de los hombres armados. Luego se enroscó como si fuera un rollo de papel o una cortina replegable y desapareció.

Ghomikian llegó hasta el punto de encuentro donde lo esperaba Enrique… aunque había alguien más, un niño, pero… El niño le sonreía en la distancia.
Mauricio corrió hasta apostarse junto a ellos.
-¿Qué le has hecho a mi hijo? Esto no estaba en el trato…
-¿Trato? O sí, es verdad, el trato decía que si yo te daba el poder de matar a tus compañeros vos me entregabas a tu hijo como sacrificio para crear el cuerpo del ángel. Pero creo que yo no te dí ningún certificado ¿verdad? –Todo esto empezaba a poner nervioso a Mauricio- De todos modos, tal vez puedas contarle todo a la policía… ¿Te creerían?
-¿Me estás traicionando Enrique?
-Tómalo como quieras, eso no es problema mío, lo cierto es que tu hijo ahora es como yo. ¿Verdad hijo?
El niño sonrió macabramente y emitió una risita que aterraría a cualquiera.
-Acábalo… -Fue la orden que dio Enrique.
Ghomikian no tuvo tiempo ni de correr. Su hijo le saltó en la cabeza y con fuerza estuvo a punto de arrancársela.
Un fulgor blanco pego en el pecho del niño justo cuando este saltaba hacia su padre y progenitor.
Mauricio giró la cabeza y vio al joven que lo había advertido. El mismo le dio una pistola. Enrique rió.
-¿Una pistola? ¿Qué piensan hacer con eso?
-¡Dispárales! –Gritó el joven- Esta pistola contiene mi sangre y puede purificarlos o matarlos según desee yo… ahora… ¡Dispárales!
Con la velocidad del rayo el joven misterioso se enrolló y apareció detrás de Enrique. Pero instantáneamente Alvarenga desapareció y el niño hizo lo mismo.
El joven misterioso le dio una mano al asustado Ghomikian y este reaccionó llorando.
-Mi nombre es Julián Napolitano, pero me conocen como la “Parca”, te seguí hasta aquí por que mi objetivo es eliminar al demonio conocido como Enrique Martín Alvarenga.
Mauricio aún estaba un poco shockeado. ¿Quién era aquel hombre? ¿Por qué no abría los ojos? De repente se sentía desvanecer. El extraño… ¿Parca había dicho?... le tocó la frente y Mauricio cerró los ojos.

“Basura” “¿Para que queremos un hijo como vos?”
“¡No servís para nada!”

Mauricio abrió los ojos lentamente. Se le antojaron pesados. Ya no se sentía como siempre. Tampoco se sentía mal… solo no se sentía, como si no estuviera.
Al abrir los ojos se dio cuenta que estaba encerrado en una habitación… desnudo. Pero se sentía tan desconsolado que no le importó. Llamó a la puerta pero nadie contestó.
Trato de recordar por que estaba ahí… nada… ¡Nada!
Se sentó en la cama. Seguramente esta “Amnesia” se debía a algo… Levantó la cabeza y allí la vio. Parada frente a él.
-¡Madre!
-Has sido un mal hijo, una mala persona…
-¡Eso no es verdad!
-¡Cállate! ¡Tú padre va a estar muy molesto por eso que hiciste!
Mauricio se quedó callado. Se sentía un niño. ¡Esperen! Se miro las manos,,. ¡Eran pequeñas y jóvenes! No de nuevo… Él había crecido…
-¡Mamá!
-¡Cállate ! ¡Sos un monstruo! ¡Un demonio! Ahí llegó tú padre…
Mauricio niño mantenía la cabeza gacha. ¿Qué había hecho? El era inocente, pero no podía decirles que ese desastre lo había realizado su hermana. ¡Lucrecia Ghomikian! ¡La odio!
De repente la escena se difuminó… y se vio desde afuera. Tendría en aquella época unos seis años. Su hermana Lucrecia estaba acostada en un sillón mirándolo, deseándolo. Aún no había descubierto su sexualidad pero su hermana era atractiva.
Lucrecia era apenas cuatro años mayor que él.
-Mauricio, ¿Queres jugar? Hoy conocí un juego nuevo, pero te tenés que desvestir.
-¿Qué gracia ti…?
Un cachetazo lo puso en su lugar, según pensaba Lucrecia.
-Es divertido, ¿verdad?
El Ghomikian de afuera observaba toda la escena advirtiendo que el odio y la rabia le subían por el cuello hasta llegar a su cara.
El Ghomikian del recuerdo no podía contradecir a su hermana.
Luego de haber consumado el acto sexual su hermana lo felicitó.
-¡Bien! ¡Sos un monstruo! ¡Un perfecto monstruo! –Le dijo su hermana mientras lo acariciaba en la cabeza. ¡Prométeme que nunca vas a tener una novia que no sea yo!
-Pero…
-¡¡¡Prométemelo!!! –Lucrecia se había puesto agresiva y Ghomikian estaba asustado- ¡Te quiero para mí! ¡Sos mi monstruo!
Nuevamente la escena se difuminó y Mauricio se vio asimismo, pero joven, siguiendo a una chica rubia de ojos celestes: Gorosito.
No sabía como decírselo. ¿Lo trataría de loco? Quizás. Pero él no quería que ella lo amara. El amor era doloroso. Especialmente si después de hacer el amor te dicen que sos un monstruo tal cual lo hacía Lucrecia.
El Mauricio de la visión se le adelantó y le pidió que lo dejase en paz.
-¡Un monstruo no puede ser feliz!
Vio como Pamela se quedaba allí petrificada, caía de rodillas y se largaba a llorar.
El Ghomikian de la visión advirtió que algo le tocaba el hombro. Era Lucrecia.
-¡Hermano! ¡Me equivoqué! No pises el camino de la oscuridad, es difícil volver.
-¡Hermana! Nunca quise…
-¡Calla! Si alguien tuvo la culpa fui yo… Pero vos… ¡Vos podés convertir la oscuridad en luz!

¡Despierta! ¡Despierta!
Ghomikian abrió los ojos lenta y pesadamente. Algo le decía que ya no estaba en su casa. Apenas abrió los ojos vio a su amigo Américo.
-Quédate quieto, sufriste una “Inmolación espiritual”.
Su amigo le había puesto un pañuelo mojado en la cabeza para tratar de bajarle la fiebre. Mauricio se resignó solo porque era su amigo quien lo atendía. La mirada de Américo era lánguida y silenciosa, como si fuera la mirada de un ave a punto de morir.
-¿Qué pasa Américo?
El doctor suspiro. Sabía que en el aquel cuarto aquellos que albergaban un pasado oscuro perdían su memoria. Américo por supuesto no guardaba ningún pasado oscuro, pero Ghomikian tenía un pasado muy oscuro. Tal vez sería mejor dejarlo ahí… ¡No! ¡Lo necesitaban! Ghomikian había pasado mucho tiempo con Alvarenga.
-No recordás nada ¿verdad?
-Solo mi pasado, vos incluido… ¿Dónde estamos Ame? Esto no es tú casa.
Américo rió.
-Esto es una prisión en la dimensión “Memorex” –Le explicó cuando pudo detener su risa- En ésta dimensión todas las personas que esconden un pasado oscuro solo recuerdan ese pasado y nada más.
-Es cruel –Acotó Ghomikian- pero supongo que así es como debe ser.
-Mauricio, recién, cuando estabas durmiendo, nombraste a tu hermana…
-Supongo que así ha de ser… lo escondí mucho tiempo… todo empezó antes de que mi hermana muriera de Leucemia…

…Ese día nos levantamos temprano. Mamá y papá habían salido de viaje, pero en teoría. Como recordarás mis padres eran agentes bancarios, así que nunca estaban en casa. Mi hermana Lucrecia era cuatro años mayor que yo. Ella era bonita por donde se la viera. Rubia, ojos celestes y pelo largo lacio hasta la cintura. Además era flaquita, al contrario mío que era medio gordito. Desde los seis años que venía realizándole sexo oral a mi hermana… Pero ahora yo tenía catorce y ella dieciocho. Nuestros deseos, nuestra carnalidad, había cambiado. Perdimos el control. Mientras hacíamos el amor y nos desplazábamos desnudos de cuarto en cuarto, íbamos dejando destrozos a nuestro alrededor. Si eso solo hubiese sido el problema… Mis padres llegaron en silencio o nosotros no los escuchamos ya que estábamos en medio del acto sexual. Ellos entraron y vieron el desastre que habíamos hecho. Mi padre fue a buscar al vecino, ¿Te acordas de Jorge, el que era de la federal? Bueno, lo fue a buscar a él. Mientras, mi mamá entraba en los cuartos armada con una de las pistolas que le habían vendido hacía unos días hasta que entró en el que estábamos nosotros. Casi se desmaya. Allí estábamos. Lucrecia y yo haciendo el amor en la cama matrimonial de mis padres…

… A ella la encerraron en un convento de monjas hasta que murió de Leucemia y a mi me mandaron a un psicólogo. Tenía miedo de enamorarme. No quería…
Américo se quedó pensativo unos instantes.
-¿Cómo conociste a Enrique? ¿Qué te prometió?
-Lo conocí en la secundaria. Allí se acercó a mí y me ofreció un trato: Mi hijo, cuando lo tuviera, por la muerte de mis ex compañeros… pero si ahora me pongo a analizar la propuesta… ¡Yo era el equivocado.! Mis compañeros nunca se metían conmigo, sino que era yo quien no les quería hablar. Tenía miedo sabes…
-¿Miedo?
-Al rechazo, a no ser aceptado tal cual soy.
-Necesitas descansar, voy a dejar la puerta abierta, cuando creas necesario salir y ver la realidad, solo hazlo.
Américo se puso en pie y Mauricio se acostó.
-¿Hay tiempo para salvar a los demás… y a mi hijo?
-Si te lo propones, nada es imposible.
Américo cerro la puerta y un grito desgarrador se escuchó. Pero no era un grito de dolor, sino de tristeza proveniente del alma de aquel que ha sufrido.

En alguna dimensión paralela, probablemente un Kenzora, Alvarenga y el niño se encontraban juntos. Estaban allí parados en un suelo que no existía. Frente a ellos se extendía un valle de fuego y azufre. Un portal se abrió justo donde estaban ellos esperando.
-Bienvenido a casa “The Reaper”…
-¿Quién sos?
-¿Qué quien soy? Ni más ni menos que tu creador y como tal puedo hacer con vos lo que quiera.
-Yo no tengo dueño…
Alvarenga estiró una de sus manos justo en el momento en que The Reaper estiró uno de sus puños. Reaper comenzó a retorcerse de dolor. ¿Qué estaba pasando? ¡Él era poderoso!
-¿Quién sos demonio?
-Vos lo dijiste… un gran demonio… Necesito tu ayuda… Tráeme a Gorosito… la necesito.
-¿Gorosito? ¡Nunca! ¡Ahaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Está bien, está bien! Vos ganas… -El dolor menguo- ¿Qué queres que haga?
-Tráeme a tu ex y te voy a llenar de oro y riquezas…
-Como quieras…
Y así de Reaper desapareció, solo quedaron Facundo y Enrique en la inmensidad de la nada.
-¿Qué hago padre?
-Todavía nuestro turno no ha llegado, vamos hay que encontrar a alguien en esta dimensión…
-¿de quien se trata?
-Un antiguo amigo que me debe favores… Aquí lo conocen como “el jefe”.
Solo su nombre causaba escalofríos en aquel mundo y era algo que no podían remediar.

Américo decidió investigar un poco más a Enrique. No lo conocía en absoluto. No sabía quien era ni cuales eran sus poderes. ¿Pero como investigar algo que apenas conocía? ¿Quién podría hablarle acerca de Enrique?
Otra cosa que en aquel momento le molestaba era el paradero de Lalo. Cuando lo había llamado por teléfono “Alguien” lo había atendido y le había dicho, si mal no recordaba, que Lalo ya no estaba en este mundo. Eso, a su entender, no significaba que estuviera muerto. Podría estar en cualquier lado, cualquiera de los cien mundos que la organización controlaba era valido para esa información. Claro que llamarlo al celular no iba a resultar. A menos que tengan una antena de celular compatible con la de este mundo.
La sala en la que se encontraba el doctor era circular. Alrededor de las paredes de la sala se veían unas maquinas. Algunas servían solo si se investigaba en algunos de los macro mundos y otros solo servían en los nuestros.
La puerta plegadiza, que estaba cerca de Américo, se levanto y dio paso a dos de sus más importantes agentes en Latinoamérica: Roxana “Melody” Juárez y Julián “La parca” Napolitano.
-¿Llegamos tarde? –Inquirió Melody- ¿Nos perdimos de algo?
-No aún no. Parca, ¿De donde conoces a Enrique? Lo conocías de antes ¿verdad?
-Sí, así es –La parca aún no había abierto sus ojos- Nos conocemos hace muchísimo tiempo, tanto que ya ni recuerdo… pero no tengo por que contar mi historia, lo único que voy a contarte es que antes yo era una parte de su cuerpo.
Una de las premisas de “La organización” es no obligar a nadie a hablar de su pasado.
-Todos tenemos un pasado que esconder, ¿Verdad Doc?
-Ni hablar…
Todos allí, en especial Américo, tenían un pasado oculto. Un pasado que, sino hubiesen obrado en busca de ayuda, los hubiese matado.
-¿Pudiste averiguar el paradero de Lalo? -Inquirió La parca.
-No, alguien debería entrar y revisar mundo por mundo
-Yo iré –dijo Melody.
-Prepararé el “Pantorum”
Américo y Julián estaban de acuerdo. La habilidad de Melody para visitar aquellos mundos y disfrazarse de “quien viva allí” era única. Solo ella podía realizar aquella misión.
El Pantorum era una maquina que les permitía entrar a distintos mundos mediante el uso de sus habilidades únicas.
La puerta del Pantorum se abrió y ella entró dejando a sus compañeros atrás.
-¿Y ahora? ¿Cómo vamos a buscar a Enrique?
-Tal vez, si lográramos que pisara este mundo podría sentir su olor… -dijo la parca-… Pero temo que lo que va a venir no es bueno. Por experiencia se que un trato con Enrique es un trato hasta la muerte.
-¿Un trato hasta la muerte eh? –Se preguntó Américo más para sus adentros que otra cosa.
Américo decidió que era posible que Enrique atacara a sus ex compañeros de secundaria, lo que le daba una oportunidad de vigilar por cámaras los alrededores de esos compañeros. Se sentó y esperó.

Estaba amaneciendo en la ciudad. Pamela estaba acostada. No había olvidado la charla que tuvo con Murdock y recordaba a cada momento las palabras de Ghomikian. No entendía por que le había dicho monstruo Mauricio, que vivía ahí donde ella ya que se lo había cruzado en la puerta del Country, parecía cambiado. Hacía un tiempo le había escrito una carta. ¿Por qué no la había reconocido? Ella, a pesar de no haberlo visto en mucho tiempo, lo reconoció.
Se dio vuelta para uno de los costados de la cama. Pensaba también en su familia. Como había sufrido la perdida de sus seres. Si no hubiese sido por la plata que había ganado…
Un sonido, como si fuera una alarma, comenzó a escucharse en toda la casa. Pamela se levantó y fue despacio al living que es de donde provenía aquel ruido.
-¿Qué demonio…?
El regalo que le había hecho Miguel Osuna estaba brillando y alumbraba a algo… o más bien a alguien…
-Tati…
-No, desde que salí de ese infierno mi nombre a cambiado, ahora soy “The Reaper”.




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