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 White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]

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Kael'Thas Sunstrider
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Localización : Lunargenta, Quel'Thalas

MensajeTema: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Vie Jun 18, 2010 11:58 pm

Bien, comienzan a llegar las historias.
Acá, el White Dragons vol. 1.

White Dragons Volumen 1: De Dioses y Hombres.


“Come mothers and fathers throughout the land
And don't criticise what you can't understand
Your sons and your daughters are beyond your command
Your old road is rapidly aging
Please get out of the new one if you can't lend your hand
For the times they are a-changing”
-Bob Dylan. “The times, they’re a-changing”.


Acto 1. Amanecer.
Jack Alexander miró nervioso el número de piso ascendiendo conforme se acercaba a su cita con el coronel Baziron, el Supremo Comandante de las Fuerzas Armadas del Imperio Krizánico.
No era tanto por el hecho de que el hombre lo hubiese llamado, si no por que en realidad, tenía muchas cosas qué ocultar respecto a armamento experimental.

Principalmente la DragonSlayer.

Probablemente el arma más sofisticada que se haya creado en el mundo, un armadura de guerra que le daba al portador la capacidad ofensiva de un ejército entero. Una supercomputadora, un tanque, un cazabombardero y una fuente inagotable de energía.
Todas en una sola armadura de dos metros de altura y media tonelada de peso.

El joven dueño de la corporación Arlington, una multinacional enfocada no solo en producción de tecnología armamentista, si no en software computacional extremadamente avanzado y otros proyectos de punta; se preparó para salir del ascensor conforme veía acercarse el infame número veinte que lo llevaría directo a la enorme oficina del coronel James Baziron.

Su llegada fue anunciada por el sonido del elevador parándose en un piso y las puertas de metal abriéndose de par en par. Frente a él aparecieron dos soldados de gran tamaño, portando uniformes ceremoniales del Imperio Krizánico; con el pecho atascado de condecoraciones y un sable en el cinto.
Jack sonrió tratando de ocultar su nerviosismo. Los soldados se creyeron el sutil engaño de una sonrisa “de negocios”, esas que el inventor dominaba desde los doce años.

Los soldados lo flanquearon y lo escoltaron hacia una enorme puerta de madera oscura, con impresionantes decoraciones labradas, representando dos guerreros jaguar trabados en combate.
Su eterna lucha se interrumpió cuando uno de los soldados abrió las puertas de par en par y le indicó a Jack que entrara.

El Coronel era una imagen impresionante. No por las condecoraciones, o el hecho de que midiera dos metros; si no porque su figura era la de un lobo humanoide. Todo pelo gris de color oscuro y músculos. Ojos amarillos, brillantes como ámbares contra la luz,; y con un gesto que Jack no supo descifrar.

-Alexander. Tome asiento. –le indicó el enorme militar, haciéndole un gesto de invitación con su mano derecha; una poderosa mano gruesa y terminada en afiladas garras de varios centímetros.

Naturalmente, Jack se sentó no tanto por que quisiera, si no por inercia al oír la gruesa y feroz voz de Baziron. Tamboriléo con los dedos sobre la carpeta que llevaba en las manos; pues su anfitrión no habló inmediatamente con él, si no que siguió firmando unos cuantos papeles que Jack instantáneamente identificó como importantes al ver el dragón estilizado que servía como escudo del Imperio.

Por unos momentos, todo fue silencio con los únicos sonidos perceptibles siendo la pluma de Baziron al firmar, y el tic-tac de un reloj de pared que Jack no vio al entrar. Sus dedos golpeando rítmicamente el dorso de la gruesa carpeta de argollas que llevaba en las manos ni siquiera se oían.

Ni loco haría algo que molestara al Coronel. Así que mejor esperó a que el imponente licántropo se dirigiera a él.

-Alexander, quiero que me responda algo. –Jack reaccionó bruscamente, más por el hecho de que el Coronel ni siquiera lo miró a los ojos.

-Sí, señor. ¿Qué quiere saber? –por su frente desfilaron gruesas gotas de sudor. Nervios. Sabía que no debía haber probado su armadura en Nevada unos meses atrás, sobretodo tras toda la histeria a raíz de la aparición del Tyrant Lizard hacia medio año.

-Quiero saber su opinión al respecto de los “vigilantes” que han estado apareciendo desde hace un par de años. Dos, para ser precisos. –Jack se quedó callado por un minuto antes de responder sagazmente.

-Si quiere mi opinión, Coronel…me parece que nos hacen un favor. O al menos en Dragon City, tan solo basta ver el descenso en los índices delictivos. –Baziron no lo miró en lo absoluto, y siguió firmando un par de hojas amarillas.

-¿Le parece eso correcto?

-¿Qué defiendan a la gente y hayan reducido el crimen? Por supuesto, no solo como empresario, si no como ciudadano de la capital.

-No, Alexander. Me refiero al hecho de que muchos de ellos poseen habilidades que los convierten en armas de destrucción masiva, si sabe a lo que me refiero.

-No, señor… -mintió. Por supuesto que sabía de lo que eran capaces los vigilantes y criminales con poderes especiales que han estado apareciendo de todos lados desde hace un par de años. Si hablaba de más, Baziron no tardaría en sacarle la verdad de la DragonSlayer, y adiós proyecto personal. Hola, división de DragonSlayers en el Imperio.

Baziron finalmente levantó la mirada, clavando esos malditos ojos de depredador en los de Jack. El empresario sintió como si el Coronel pudiese ver todo lo que pensaba, cada cosa que pasaba por su mente y todos sus secretos. Era imposible, pero Jack tenía esa sensación.
Ese es el efecto de un depredador. Baziron era un lobo.

El Coronel se levantó de su silla de piel y se dirigió hacia una gaveta, de la cual extrajo una botella de tequila realmente costosa. La destapó usando dos dedos y se sirvió una copa gorda, casi totalmente llena.

-¿Gusta beber algo? –dijo, mirando a Jack. Éste, por cortesía aceptó.

-Sí, Coronel.

-¿Qué bebe? ¿Gin? ¿Ron? ¿Tequila? ¿Whisky, acaso?

-Ron, señor. –dijo, asegurándose de camuflar el nerviosismo en su voz con habilidad. Baziron sirvió una copa más pequeña y se la entregó sin hacer gesto alguno.
Por un par de segundos, hubo silencio. Evidentemente el Coronel disfrutaba muchísimo poder tomarse un trago de tequila de vez en cuando.
Jack le dio un sorbo a su copa.

-Iré al grano, Alexander. Puedo oler sus nervios desde aquí…es un olor agradable, por cierto. –Jack pasó saliva pesadamente. No se le había ocurrido que un licántropo como Baziron tuviese sentidos sobrehumanos.
De hecho, algo estúpido el no haberlo pensado anteriormente. Era algo lógico.

-Sí, señor. –respondió él, con un susurro de voz.

-Sé que ha estado desarrollando armas en secreto. Vi su armadura no solo por lo que hizo esa noche contra el “Tyrant Lizard”, si no por fotografías de satélite tomadas sobre Nevada hace un par de meses… Y créame, muchos de los altos mandos están nerviosos de que usted tenga un arma más veloz que nuestro mejor Raptor en servicio y con un potencial destructivo superior al de una Legión Imperial. Incluso el Emperador expresó su desaprobación.

-Es…¿cómo decirlo? Mi “aporte” al Imperio.

-Su “aporte” le pone el cabello de punta a la Fuerza Aérea, y a mí también. Y de hecho, no es conveniente para usted pasearse en ella, mucho menos actuar abiertamente…la Sociedad de Naciones se escandalizaría de saber que estamos desarrollando proyectos tecnológicos y armas más avanzadas que cualquier cosa que pueda estar produciendo la Unión Europea, Rusia o China.

-Sí, Coronel. Lo sé, pero quiero aportar un granito de arena para lidiar con estos monstruos que han aparecido últimamente…usted sabe perfectamente lo que ocurrió en Dragon City el día que apareció el Tyrant Lizard. Se necesitó de cada metahumano activo en la ciudad para detenerlo.

-Lo sé. Y eso también nos preocupa. –Jack alzó la mirada, sorprendido. Baziron se volvió a sentar en su silla, se cruzó de brazos y lo miró fijamente.

-Sé cual es su preocupación. Es un peligro cuando descubre que el chico de al lado acaba de volar la mitad del edificio, o que hay ladrones a los que les rebotan las balas o pueden volverse electricidad para desaparecer por los cables de la luz. Pero, ¿qué espera que hagamos si es el próximo paso en la evolución? –al oír esto, Baziron extendió la mano hacia un cajón de su escritorio y sacó un fólder negro con el escudo imperial.

Picó el fólder con la garra índice derecha.

-Esto, Alexander; es el acta Limoncelli. Ideada por el mismo general, y es un plan que haría que Mengele se sonrojara…estoy luchando porque no se apruebe, pero si no encuentro una excusa, créame que el Congreso votará porque se lleve a cabo y habrá muchas pérdidas.
Pérdidas humanas.

-¿Qué…?

-Hablamos de una ley que automáticamente decreta ilegal el vigilantismo y ordena que cada individuo potencialmente peligroso se dé de alta con el gobierno como integrante de una serie de escuadrones que concentrarán el poder metahumano como arma de guerra; o que sea encarcelado o ejecutado, dependiendo de sus habilidades. Y no quiero entrar en detalles, como el control genético pre-natal, la esterilización obligada a quien no se registre, y una prisión que hará ver a Skarragath o al Abismo como suites de lujo en Atlantic City. –Jack abrió los ojos como platos, horrorizado de tan solo imaginarse eso.
¿Realmente sería capaz el gobierno de joder a sus mismos ciudadanos de forma tan cruel e inhumana?

-Oiga, pero esto… ¡esto es inhumano! Allá afuera hay hombres y mujeres que arriesgan sus vidas todos los días, ¿y así les pagará el gobierno? ¿Convirtiéndolos en criminales y en conejillos de indias para disecarlos y ver qué los hace funcionar?

-Sé que es un ultraje, Alexander; pero el poder de Limoncelli es enorme en el Congreso y ante la Cámara del Comando Central. Usted sabe que su padre fue miembro de la Cámara Central durante más de cincuenta años…la influencia de Limoncelli, a pesar de que aún tiene veinticinco años, es gigantesca. Y sé que en cualquier descuido u oportunidad intentará tomar mi lugar como supremo comandante de las fuerzas imperiales. –Jack puso el fólder sobre el escritorio y miró fijamente a Baziron a los ojos.

-Coronel, esto que me dice…bueno, es algo que no esperaba oír. Pero ahora quiero que usted me escuche. -Baziron se recargó en su silla y le dio un trago a su copa, para luego fijar toda su atención en el empresario.

-Adelante.

-Uno de los planes que he contemplado desde el episodio con el Tyrant Lizard, es que el Imperio necesita en realidad de un grupo o una organización netamente aislada del ejército o de la policía, principalmente formada por voluntarios metahumanos. Una milicia, si así gusta verlo.

-¿Quiere formar una milicia metahumana? ¿Sabe acaso el acto de malabarismo político que necesitaríamos para que funcionara? Limoncelli la prohibiría automáticamente, y si no lo hace él directamente, moverá influencias para lograrlo. Es un buen plan, pero lamentablemente no hay suficiente apoyo para ejecutarlo. No con la situación actual.

-Me arriesgaré a hacerlo, señor. Necesito su apoyo, yo personalmente reclutaré a un grupo que en lo personal he llegado a considerar con una buena reputación entre el público, sin mencionar que algunos poseen poderes que pueden llegar a ser extremadamente útiles dado el caso. –Baziron analizó seriamente la situación por un par de minutos, sin decir nada, guardando sus pensamientos para sí mismo.

Le dio otro trago a su tequila y luego hojeó brevemente el fólder que Jack llevaba. Fotografías de casi cada metahumano conocido, y sobretodo, un análisis detallado de estos en base a lo ocurrido con el Tyrant Lizard esa noche.
Baziron se sorprendió un poco al ver toda la investigación que Jack se había tomado tiempo de elaborar. Información que incluso el Departamento de Defensa o el Departamento de Investigación y Desarrollo en lo más recóndito de Nevada, desconocían.
El tipo ya llevaba tiempo ideando esto, de eso no había duda.

-Está bien, Alexander. Le daré la oportunidad de desarrollar su equipo, pero con una condición.

-¿Cuál condición?

-El equipo será monitoreado por el gobierno, como un seguro a prueba de fallos. Hay mucha presión, y un equipo así incrementará esta como espuma…hablaré con los altos mandos, y ellos monitorearán al equipo y su desempeño. Si es exitoso, adelante y tenga por seguro que la ley de Limoncelli no será aprobada por ningún motivo, pero de fallar, la repercusión será enorme. –dijo esto haciendo énfasis en la última frase. Jack lo miró fijamente y recibió su fólder cuando Baziron se lo regresó.

-Tenga por seguro que no será un error, Coronel. Confíe en mí.

-Eso espero, Jack. –dijo esto con una mirada que el joven empresario no pudo descifrar. De hecho, nadie sabía descifrar a la perfección los planes del Coronel hasta que ya eran llevados a cabo.
Y eso, era algo realmente espeluznante.


Upper Dragon City, unas horas después.
-Algo te incomoda, Jackie… ¿qué es? –la pregunta de su hermana menor, Julie, fue suficiente para que Jack tuviese qué volver a concentrarse en el filete que estaba desayunando y dejara de pensar en lo que habló con Baziron unas horas antes en la Ciudadela.
Jack la miró por un momento. Julie era la viva imagen de su madre, Janice, que había muerto unos diez años atrás cuando él acababa de cumplir diecisiete y su hermana apenas tenía seis años.

-Oh, nada. Es un asunto personal, J. Cosas del trabajo. –la chica frunció el ceño al oír eso.

-Jackie, sé que no son cosas del trabajo. No te preocupó mucho el hecho de que Scythe te quitara los contratos para la Wermacht de Alemania, y sé que tampoco te preocupan muchas cosas de la Compañía… ¿qué es? –Un incómodo silencio y un intercambio de miradas antes de que Julie volviera a hablar-. Ah, ya sé qué es… ¿es por lo del traje, verdad?

-Sí. –asintió Jack fríamente.

-¿Qué…oye, no querrás decir que te lo pidieron, verdad? –en el tono de voz de Julie había una clara consternación, a lo que Jack contestó dejando el tenedor sobre su plato y mirándola a los ojos.
La chica llevaba reprochándole desde hace dos años, cuando vio por primera vez los planos y los diseños de la armadura de combate.

-Son los metahumanos, Julie.

-¿Los superhéroes?

-Si así los quieres llamar…sí. –Julie clavó sus enormes ojos color aceituna en los de su hermano, que comenzó a garabatear algo en una servilleta.

-¿Qué hay con ellos?

-El gobierno quiere convertirlos en un ejército controlado. Algo fascista, si me lo preguntas.

-¿Por qué? –durante varios minutos, Jack le contó a su hermana el plan del coronel Limoncelli, y las cosas que podrían ocurrir si todo seguía de acuerdo al plan de éste. Julie se quedó horrorizada tras escuchar la historia, y el oscuro futuro en el Imperio Krizánico.
Pensó de inmediato en el Holocausto, en las leyes de segregación de la provincia de Florida a inicios del Siglo XX y en la situación de la exterminación indígena en África por parte de los Británicos.
Se traumó al pensar en que el Imperio pudiese siquiera pensar la idea de controlar y exterminar a sus propios ciudadanos, aún si eran gente que salía de los “estándares” de lo normal.

-Dios mío…eso es… -no encontró palabras para describirlo, y Jack respondió por ella.

-Sí, fue lo que pensé en un principio. Y el punto es, que me comprometí con Baziron para lograr que el plan de Limoncelli no salga adelante, por eso crearé un equipo de héroes controlado, para asegurarle al público que no son una amenaza.

-Jack… ¿estás seguro de esto? ¿No resultará peligroso?

-Para nada. Créeme, he pensado en varios tipos que podrían conformar el equipo, y ahora sólo me queda contactarlos y ofrecerles un puesto, y esperar que quieran unirse.

-¿Y qué tal si te dicen que no?

-Iré con el siguiente en la lista. Lo peor que puede pasar es que tenga qué fabricarlos. –a Julie le dio un escalofrío de solo imaginarse eso. Que Jack hablara tan fríamente sobre la creación de entidades con poderes fuera del alcance de cualquier humano común.

-No estás hablando en serio, ¿o sí? –preguntó la joven, a lo que Jack contestó riendo.

-Nah, por supuesto que no. Sería inhumano, por no decir prohibitivo en términos de costos. En fin, creo que tendré que reunir a un grupo icónico, a tipos en los que la gente pueda confiar.

-¿Y en quién estás pensando? –Jack le extendió la servilleta. En ella, se encontraba un burdo dibujo hecho con rayones de una pluma multicolor, de esas de varios cartuchos. Una silueta negra con ojos rojos y con rasgos imperceptibles.
Julie levantó la mirada y negó con la cabeza, incrédula.

-¿Él?

-Sí. Él.

-¿Es real?

-Sí. –y lanzó una mirada hacia la ventana, viendo la zona de rascacielos y más allá, los barrios de clase media baja. Ahí se encontraba su primer objetivo.


Continuará.


Última edición por Moon Knight el Mar Jul 13, 2010 3:27 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Miér Jun 23, 2010 4:13 pm

¿Y la continuacion?... me quede esperando por la conti en el otro foro y si hay algo que no soporto es esperar XD...

Una idea... trata de explicar un poco mejor los sentimientos de los personajes.
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Kael'Thas Sunstrider
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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Miér Jun 23, 2010 8:37 pm

White Dragons Volumen 1: De Dioses y Hombres.

"16 witches, cast 16 spells
Make me a guitar outta skin and human skull
Sing you a song like the wind in the sandy loam
Bring you baby out your happy home

Ram's head, forked tail, clove hoof, love's my trail
I sup on your body, sip on your blood like wine
Out world theirs, this world mine

So kiss me baby till it hurts
God lost in heaven, we lost on earth
Sway down Mama, sway down low
They gonna know me wherever I go
Wherever I go, wherever I go..."
-Bruce Springsteen, "A Night with the Jersey Devil".


2. Leyendas Urbanas.
-Lanza del Relámpago. –Y Ulquiorra Schiffer en su segunda liberación lanzaba su técnica en dirección a un transformado Ichigo Kurosaki, que desapareció en cuestión de nada y esquivó la ráfaga de energía.

Ichigo aparecía tras un sorprendido Ulquiorra, lanzando un mandoble que el Espada apenas pudo esquivar. Ulquiorra aún portando su Lanza del Relámpago, adoptó una postura de pelea, lanzándose para atacar al Shinigami.
Ichigo detuvo la lanza con la mano, deshaciéndose de la energía de Ulquiorra con facilidad, y estaba por empalarlo con su propia Zanpakuto cuando…

-¡Mamá! ¡Comida!

-¿Qué? ¡Ay, no! ¡Me carga la chingada! –Kasumi Narusegawa reaccionó de golpe, y luego volteó a ver la televisión, lanzando un grito de frustración al perderse lo que había estado esperando desde hacia casi un año. La escena final de la pelea entre Ichigo y Ulquiorra, esa escena que tanto la impresionó en el manga y que llevaba casi un año esperando a que saliera animada, y se la acababa de perder.
Se llevó las manos a la cara, en señal de frustración y se levantó para atender a su hija, Claire, de dos años. La pequeña y casi regordeta niña llevaba un plato en la mano, y señalaba la olla sobre la estufa en la pequeña cocina del departamento.

-¿Comida? ¿Po favo?

-Sí, está bien… ¿y Valerie?

-Momida. ¿Comida? –dijo de nuevo, a lo que Kasumi contestó sonriendo. La delgada joven se estiró perezosamente, no sin antes echarle una mirada de reojo a su hija recién nacida, Breeze, que dormía en una pequeña sillita mecedora.
Sonrió un poco, orgullosa.
Le acababa de dar de comer a la niña, y naturalmente tardaría un rato en despertar tras echarse su siesta del medio día.

-Claire, bebé… ¿puedes ir a despertar a tu papá? Dile que ya vamos a comer. –la pequeña niña asintió y salió en dirección a la habitación de sus padres, mientras que Kasumi se encaminaba a servir el picadillo que hervía aún en la estufa.

Se acomodó la manga de la sudadera para no mancharse, y cuidadosamente sirvió tres porciones de picadillo en platos desechables. Suspiró un poco, pues ya le estaba cansando el hecho de que no podían comer seguido en platos normales, ya que no podían permitirse pagar vajillas o cosas que resultarían cotidianas.
No con lo que ganaba Ryu, ni con lo que ella hacía vendiendo artesanías hechas en casa; ni con el gasto que significaban sus tres hijas. Aún así, agradecía los pocos lujos que se podían dar.
Al menos Ryu aún pagaba el cable.
Sonrió pensando en eso.

-¿Qué hora es, K? –preguntó su novio, Ryu. Kasumi lanzó una mirada al reloj de la cocina.

-La una y cuarto, mi amor. ¿Ya vas a comer o vas a bañarte antes de salir?

-Como. Hoy tengo hueva de salir… -se acercó a ella y la abrazó por la cintura, luego le dio varios besos en el cuello.

-¡No! Espérate…ahorita no –dijo Kasumi, riéndose penosamente, mientras terminaba de servir la comida en los platos-. Oye, ¿podrías quitar las flores de madera y mi material de la mesa?

-Ah, sí. Seguro. –y se fue a retirar todo el material de trabajo de su novia. Al levantar los pedazos de madera, lazos, pinturas y demás; sintió algo de culpa por el hecho de que no ganaba lo suficiente como para que Kasumi pudiera volver a la escuela, o que no podía sacar a su familia del pequeño departamento en el Lowery.
Que Michelle Valentine, su ex-esposa le quitara la mitad de lo que ganaba para manutención de su hija, Alcione, tampoco era mucho de ayuda. Y de hecho, si no fuera por eso, bien podría comprarle juguetes a sus hijas, o pagarle la escuela a su novia de 20 años.

-¿Ya?

-Sí, ya. Oye, estaba pensando… ¿te parece que deje un rato lo del superhéroe y me consiga un trabajo de tiempo completo? –Kasumi abrió los párpados como platos, y luego se limitó a servir la comida.

-Mira, no quiero que dejes de hacer lo que te gusta. Ya salimos de lo más pesado, y no se me hace difícil cuidar a las niñas…en serio, podemos mantenernos con lo que ganas, con lo que yo vendo y con lo que me manda mi mamá al mes. Ya llevamos así dos años. Podremos salir adelante. –cerró los ojos y sonrió cordialmente, a lo que Ryu contestó con una sonrisa amigable.

Demonios, como amaba a esa mujer.
Estaba pensando en eso cuando oyó llorar a la gemela de Claire, Valerie; y luego vió a las dos niñas caminando hacia ellos por el pequeño pasillo. Claire llevaba a su hermana de la mano, dando pinitos.
Valerie se talló los ojos, mientras seguía llorando. Kasumi dejó los platos sobre la mesa y la cargó por unos momentos, consolándola hasta que dejó de llorar. Ryu se sentó con Claire en la mesa, y la detuvo de empezar a comer.

-No, espera a que tu mamá se siente.

-Sip. –y la pequeña esperó hasta que Kasumi y Valerie se sentaron a comer. Cuando esto ocurrió, pasaron varios minutos en silencio hasta que Kasumi abrió la boca para decir algo que tenía en la cabeza hasta hace días.

-Amor…

-¿Qué?

-Estaba pensando el otro día, y bueno, desde que descubrí que puedo…que puedo hacer esas…uhm, cosas…que tú haces… Dime, ¿qué opinas de que…yo te…ayude…? –trató de no mirarlo a los ojos, para evadir la reptiliana mirada de su marido.

-No.

-¿Porqué no? –respondió, ligeramente molesta.

-Kasumi, hay mucho en juego. No es como una caricatura, donde puedes esperar que el héroe salve a la coprotagonista. Si juegas a ser Rukia, no hay forma de asegurarte que yo pueda salvarte, y eso lo sabes. ¿Qué pasó con Scarecrow?

-Eso…¡eso fue diferente! –se llevó las manos instintivamente a la espalda. Aún tenía las cicatrices ocasionadas esa noche por los ganchos…por esa vez que ese jodido maniático la tuvo colgando como res, preparándose para disecarla.

Se estremeció al recordar lo visto esa semana.

-No, no fue diferente. Si intentaras jugártela a ser una heroína, podrías morir… ya casi me matan una vez, y no quiero que te pase lo mismo. Quiero que estés aquí, cuidando de las niñas por si algo me pasa.

Ese era un buen punto.
Si moría, si quedaba mal… ¿quién cuidaría de sus hijas? Bajó la mirada, algo perturbada por la sola idea de que sus hijas pudiesen quedar huérfanas, o sin madre. Luego de eso, volvió a mirar a Ryu.

-Sí, pero me siento mal de que estés allá afuera todas las noches, tratando de salvar vidas. Como esa vez que te dispararon, estaba aterrada…no supe si podría sacarte la bala, o si sobrevivirías a la noche. Quiero ayudarte.

-No, Kasumi. No quiero arrastrarte, no pienso… -sonó el timbre, callándolo. Kasumi suspiró para sus adentros, y se levantó de la mesa para abrir la puerta; pero Ryu la interceptó como un relámpago-. Yo abro. No quiero que te vuelva a pasar algo como lo del borracho de hace un mes.

-Ok… -respondió sumisamente, aún algo enojada y triste por el hecho de que Ryu no le permitiera ayudarlo. Se volvió a concentrar en el picadillo, y jugueteó por unos segundos con un pedazo de papa en su plato. Las risas de Claire y Valerie la hicieron mirarlas, y sonrió un poco cuando las vio jugando con un chícharo y un vaso.

-¿Quién…? –volteó bruscamente cuando vio a Ryu de pie en la puerta, viendo sorprendido a una figura del otro lado del umbral. Se irguió y caminó hasta posicionarse tras él, para encarar a quien fuera que lo hubiese sorprendido así.

Y se sorprendió también. Jack Alexander, probablemente uno de los cinco más brillantes y millonarios hombres del imperio, estaba ahí de pie en la puerta, cargando una cesta con alimentos de todo tipo.
El hombre de traje sonreía de oreja a oreja, y habló con un tono digno de un político.

-Ryu Kusanagi y Kasumi Narusegawa. –la pareja lo miró con ojos como platos, sin saber qué decir-. Ah, disculpen que haya venido sin avisar, pero, bueno, tenía qué hablarles de algo que probablemente sea beneficioso para los dos, y para sus hijas-. A Kasumi se le heló la sangre cuando escuchó eso. ¿Qué tal si Jack quería comprar a sus hijas?

El hombre les entregó la cesta, y Kasumi la puso en un sillón con rapidez, volviendo como rayo al lado de su marido. Se apartó un mechón de cabello de la cara con un soplido, y parpadeó un par de veces de forma algo sorprendida.

-Oiga, ¿cómo sabe de…?

-Sé bastante de los dos. Y quiero decirles que su desempeño en la pelea con el Tyrant Lizard fue excepcional, y es por eso que vengo. –Kasumi se agarró con fuerza del brazo de Ryu, asustada. ¿Cómo era posible que Jack supiese que los dos habían estado ahí?

Por su parte, Ryu se estremeció aún más.

-Escuche, no sé como lo…pero es mentira, no estuvimos ahí. Esa noche estábamos acostados, porque trabajé hasta tarde y llegué a descansar. Créame, no lo… -Jack lo interrumpió sonriendo.

-Lo sé todo, Night Dragon.

-Ja, ja, ja…no, en serio…no soy el… -Jack le lanzó un fólder negro, que Ryu leyó con rapidez, y casi se fue de espaldas al ver que ahí había bastantes cosas que él consideraba privadas, que no se imaginó que alguien pudiese saber, entre ellas, el complicado detalle de su identidad secreta.
¿Qué más sabría Jack?

-Escuche, señor Alexander... desde ese día, Ryu ha mantenido un perfil bajo, y bueno, desde ese día nos hemos concentrado en tratar de criar a nuestras hijas, y de vivir como una familia normal.

-Lo sé, señorita Narusegawa. Y por eso quiero ofrecerles un trato que me temo no podrán rehusar, dada su actual situación económica. –Kasumi se estremeció un poco, pues su idea de que Jack quisiera comprarle a las niñas por alguna razón, se estaba haciendo más y más posible con cada segundo que pasaba.

-¿Qué clase de trato?

-Quiero que pertenezcan a mi equipo. –la joven pareja se miró entre sí por unos momentos, y Kasumi suspiró aliviada. Al menos no quería comprar a sus hijas.

-¿Equipo? ¿De qué o qué?

-Estoy creando un equipo de metahumanos, un grupo de “superhéroes”, si así lo quieren ver. Lo del Tyrant Lizard me hizo pensar que, de verdad, el imperio necesita una fuerza conformada por lo mejor de lo mejor; para poder proteger a la gente. –Ryu lanzó una carcajada.

-A ver…deja ver si entendí. ¿Quieres armar una jodida JLA?

-Si así lo quieres ver. Sí, una “jodida” JLA. –Kasumi lanzó una mirada confundida a Ryu. No comprendía el término, y supuso que se trataba de algo de cómics; así que ya no preguntó.

-Lo siento, pero no estoy interesado. Y mi novia mucho menos. Trabajo solo, y ella sólo actuó una vez… vaya a buscar al Demon o a Rapier. Ellos probablemente lo hagan…nosotros no. Gracias por tomarnos en cuenta, y disculpe la molestia. –Jack le dedicó una sonrisa confiada, y se llevó la mano derecha a la barbilla en señal de pensamiento.

-Di un precio.

-¿Qué? –preguntaron Ryu y Kasumi al unísono.

-Sí, dame un precio. Dime qué se te ofrece, qué es lo que quieres…dinero, un auto, una casa, todo eso…dime qué quieres. ¿Te preocupa tu seguridad y la de tu novia? Tienen seguro médico cubierto para toda la familia. ¿Quieres ganar cien grandes al año? Perfecto, te meteré en la nómina de mi compañía. Sólo acepta. –era una oferta jodidamente tentadora, y algo que Ryu no podría rehusarse a aceptar.

-Se-señor Alexander…etto… ¿podemos hablarlo en privado? Es…muy tentador, pero creo que es una decisión que ambos tenemos qué pensar.

-¿Qué hay qué pensar, señorita? ¿Quiere una casa en Hollow Hill? ¿Un viaje a París? Nombre lo que quiere, y le aseguro que lo tendrá…piense en el futuro de sus hijas. Puede asegurarles la mejor escuela, los mejores médicos y una vida que probablemente no pueda darles actualmente…. Piense en ello, por favor. –dijo esto haciendo énfasis en lo último, y mirando a las dos niñas en la mesa, que aún comían su picadillo. Claire le lanzó una mirada apenada y lo contempló por un momento, antes de resumir su alimentación.
Ryu emparejó un poco la puerta, para que Jack no pudiera seguirlas viendo. Algo en este tipo le ponía los cabellos de punta.

-Jack, con todo respeto… Quiero tomar esta decisión en privado con mi novia, y estoy seguro que ella también quiere hacerlo así. Mire, deme un número de teléfono o algo así, y yo le llamaré más tarde para comunicarle nuestra decisión.

-De acuerdo, pero por favor, considérenlo. Su ayuda me sería bastante útil en el equipo, y tengan por seguro que no se arrepentirán de nada. Que tengan buena tarde. –dijo esto, despidiéndose de los dos con un apretón de manos. Al cerrar la puerta, Ryu y Kasumi se vieron mutuamente un buen rato, por lo menos hasta que Valerie comenzó a molestar, diciendo que quería ir al baño.


Al anochecer.
-Desde un principio sabías que la mera idea de reclutar al Night Dragon fallaría. Aún si era alguien real, ¿qué esperanza crees que tenías de obligarlo a convertirse en una figura popular? ¿no quieres también intentarlo con Pie Grande y el Monstruo del Lago Ness? ¿O no quieres también reclutar a una horda de vigilantes de las Ozarks?

Jack se removió un poco, dándole un trago a un vaso lleno de ginebra hasta el tope. Los hielos en él hicieron un ruido agudo y ahogado cuando volvió a depositarlo en su escritorio, Jack mismo lanzó un gruñido de fastidio por la reprimenda que Baziron le estaba gritoneando vía telefónica.

-Mire, Coronel. Sé que él y su mujer no son lo que llamaríamos “figuras confiables”. Son niños, prácticamente…niños con tres hijas pequeñas y con una situación económica jodida. Quise no solo reclutarlos, también quería ayudarlos. –Baziron lanzó una risa seca a través del teléfono.

-Claro. Seamos sinceros, Jack… Los quieres en el equipo por una razón en específico, no por el hecho de que los quieras ayudar a salir adelante. Tú y yo sabemos que el Night Dragon ya estaba pateándole el culo a ese maniático de Aegypt cuando tú aún curioseabas con los planos de tu armadura, y no sé quién sea su novia, pero créeme que no quiero a una niña de veinte años corriendo por ahí, ejerciendo justicia mientras piensa si sus hijas tienen pañales o no.

-Coronel, la gente respeta al Night Dragon como no tiene idea. El tipo es una leyenda allá afuera, y ya es parte de la cultura de la ciudad… Sería excelente para el equipo que él formara parte, pues nos ganaríamos gran parte del apoyo de la gente. Piense en eso.

-Entiendo el punto, pero, ¿qué tiene qué ver su novia en esto?

-La chica es una crioquinética bastante decente. Pudo contener al Tyrant Lizard por un momento, y según sé, puede llegar a causar muchísimo daño si se concentra.

-¿Y esta chica tiene algún tipo de entrenamiento? ¿Cómo sabemos que no se descontrolará y acabará congelando la ciudad entera, o matando a alguien sin querer?

-Es parte del programa, señor. Haré que el equipo tenga sesiones de entrenamiento, incluso hablaré con Reiko Asamiya para que usemos sus instalaciones para adiestrar a gente como la señorita Narusegawa.

-¿Narusegawa?

-Sí, Narusegawa. Es hija del Daimyo Gobernador de Shinedo, Iwao Narusegawa…. Aunque aquí dice que está alejada de su familia desde que tenía dieciséis. –pasaron unos minutos en silencio hasta que Baziron respondió de nuevo.

-¿Sabes qué? He considerado el hecho de que ella esté en el equipo, y tras analizar la situación que me acabas de presentar, quiero que hagas lo posible porque esa pareja esté en el grupo. Serían bastante útiles. –algo ocultaba Baziron en esas palabras. Jack no sabía qué, pero sin equivocación había algo realmente extraño en el hecho de que el viejo Coronel Baziron, comandante supremo de las fuerzas de defensa Imperiales, cambiara de parecer tan rápido.

Era una sensación inquietante. Como la que tendría alguien saliendo de un callejón oscuro solo para entrar a un túnel del metro después de las doce de la noche. Esa sensación que le hacía estremecer, y que le erizaba el cabello en la nuca.

-De acuerdo, Coronel. Pero siendo sincero, créame que de verdad ya es decisión de ellos el entrar o no al equipo.

-Jack, quiero a esos dos trabajando en el equipo. Haz lo que sea para obligarlos a entrar…y cuando digo lo que sea, no me importa si tienes qué darle a Kusanagi un edificio o un portaaviones. Ya me oíste. –ese tono hizo que al empresario se le helara la sangre. Meditó por un momento, y se levantó del escritorio cuando terminó el enlace con Baziron.

Se recargó en la ventana de su oficina, esa que le permitía ver la parte Sur del Upper Dragon City, los barrios de clase media como las Colinas, el Blackwitch Village, Riverside, Emerald Bay y otras áreas; así como los barrios bajos del Lowery y el West Crooklyn; y las áreas industriales y las bahías de Wellington Beach, Torrington Bay y el Bittery Park.
Miró el Lowery por unos minutos, preguntándose como le haría para llevar a los Kusanagi al equipo. ¿Qué podría hacer, siendo que les ofreció todo el mundo y ellos lo dudaron?
Probablemente algo que él no entendería jamás.


El Lowery.
Kasumi se rodó sobre Ryu, desplomándose a su lado tras haber hecho el amor. Algo no le había permitido desempeñarse tan bien como siempre, y tampoco tenía sueño, incluso tras repetir el acto varias veces durante el transcurso de la noche, desde que las niñas se durmieron a las nueve.

Eran las tres de la mañana con dos minutos, según el reloj digital en su cómoda.

El frío la obligó a cubrir su desnudez con las sábanas blancas que obtuvieron de un hospital tras el nacimiento de Breeze, y con el edredón que su amiga Diana les regaló cuando ella se mudó a casa de Ryu tras el nacimiento de las gemelas.
Era patético el hecho de que la mayoría de sus cobijas fueran regaladas.
Parpadeó un par de veces, y sopló levemente para quitarse un mechón de cabello del rostro.

-Ryu.

-¿Qué? –respondió sin retirar la mirada del techo. Kasumi instintiva y mecánicamente repitió el procedimiento que llevaba haciendo desde que Ryu le quitó la virginidad hace casi cuatro años. Encendió un cigarrillo y le dio una profunda fumada.

-¿Qué le diremos al señor Alexander?

-No lo sé. ¿Ya pensaste en algo?

-Sí. Sabes que te amo, y que aunque no quiera, tengo qué respetar tu decisión. Si no quieres que te ayude, está bien… es solo que me asusta la idea de perderte, y lo que nos ofreció el señor Alexander es…bueno, ¿podemos pensar en las gemelas y en Breeze?

-¿Qué quieres que le diga? ¿Qué seremos los Pym de su equipo?

-Deja las referencias a los cómics. Hablo en serio. Nos ofreció mucho, quiero que, bueno, que las niñas tengan una buena vida. No quiero que crezcan aquí.

-Sí, pero… -Kasumi se incorporó y le dedicó una mirada de soslayo, entrecerrando los ojos.

-Piensa en tus hijas, piensa en mí. Podemos mantenernos bien ahora, pero, ¿se te ocurre qué pasará el día que tengamos qué surtir listas escolares? ¿Qué pasaría si alguna de las niñas se enferma de gravedad? Será decidir si las salvamos o si morimos de hambre. –de nuevo, el maldito silencio.

Un silencio cortado por un disparo a lo lejos. Probablemente algún pobre diablo debería estar muriéndose en ese momento a unas calles de distancia.

Kasumi dejó salir una nube de humo de cigarro y se pasó una mano por el cabello, para hacérselo hacia atrás y apartarlo de su rostro. La espalda le brillaba por el sudor.

-¿Sabes qué? Tienes razón. No me parece bien la idea de ser parte de un equipo, pero si al final ustedes serán las que ganen, quiero hacerlo. Quiero que las niñas y tú estén bien, aún si eso involucra hacer cosas que no quiero, o ir contra lo que creo. –dijo esto, acariciándole la espalda a su novia.

Kasumi se estremeció un poco y sonrió, mientras le lanzaba una fumada a su cigarro; pero cuando Ryu subió la mano por su espalda para acariciarla aún más, Kasumi se movió bruscamente.
Las cicatrices en su espalda, ocasionadas por dos ganchos para colgar reses, eran algo que la avergonzaba sobremanera, y aún cuando hacían el amor; evitaba que Ryu la tomara por la espalda o que las pudiera ver abiertamente. Eso era el porqué de que siempre tuvieran relaciones con la luz apagada.
Eso la hacía sentirse mal.

-Perdóname. Es que, ya sabes…

-Sí, lo sé. Se me olvidó en donde estaban; disculpa. –se volvió a acordar por un momento de cuando entró a rescatarla, como estaba colgando, desnuda y a tres metros del suelo; gritando de dolor por los ganchos enterrados en su espalda.

-Entonces, ¿piensas llamarlo mañana?

-Sí, no te preocupes. ¿Qué le pediremos? –Kasumi se volvió a recostar, y apagó el cigarro en un cenicero pequeño de vidrio azulado. Luego se dio media vuelta y se recostó, abrazando a Ryu.

-Quiero salir de aquí, y quiero que aceptes el trato que te propuso de estar en la nómina. Y quiero ser parte del equipo. –Ryu la miró fijamente por unos segundos, y suspiró con desesperación.

-Bien, lo llamaré mañana… veré qué puedo hacer. –y se dio media vuelta, pensando en lo jodido que era hacer que Kasumi cambiara de decisión. La mujer era terca, impulsiva y algo necia cuando se decidía a hacer algo.
De vez en cuando, no sabía si eso era algo bueno o no. No le dio más importancia y trató de dormir.


Torre Arlington, al amanecer.
Jack Alexander caminó hacia el lobby, seguido por su joven secretaria. El hombre lanzó una sonrisa de bienvenida en cuanto vio a Ryu y a Kasumi de pie al lado del escritorio de la recepción, ambos vestidos con trajes de vestir y tomados de la mano.
La chica asiática se veía bastante bien con minifalda y medias de color negro; con el cabello un poco más arreglado y sin un exceso de maquillaje en el rostro. Incluso llevaba un par de pendientes dorados.
Si eran de oro o imitación, Jack no lo pudo decir.

-¡Hola, bienvenidos a mi torre! –Saludó de forma enérgica, estrechándole la mano a ambos-. Veo que decidieron tomar mi oferta, eso me da gusto. Pero, vengan, vayamos a mi oficina y hablemos de ello.

-Claro… -dijo Kasumi, algo insegura. Subieron al elevador, en dirección a la cima de la torre; escuchando mientras Jack hablaba de sus planes, y de cómo al imperio le convenía que un equipo de metahumanos se formase.
Si cualquiera de los dos hubiese sabido algo de las intenciones de Limoncelli y el verdadero porqué tras la creación del equipo, estaría vomitando de asco. Pero Jack no dijo nada, siempre lanzando mentiras tras mentiras; tan bien camufladas que incluso Ryu con sus enormes sentidos sobrehumanos, no pudo discernir.

Llegaron en cuestión de dos minutos al último piso de la torre, el más elegante de todos. El Penthouse de Jack, así como su oficina; elegantes muestras de cuanto podía gastar una persona en decorar un hogar.
Los pasillos estaban llenos de todo tipo de decoraciones. Animales de todo tipo disecados, estatuillas de alrededor del mundo, pinturas renacentistas…por un segundo, Ryu incluso juró haber alcanzado a ver el esqueleto de un T-Rex en una de las salas contiguas.
Kasumi se aferró al brazo de su novio, tratando de no tocar nada en la decoración. Cualquiera de las estatuillas de mármol, o los animales disecados en el pasillo; por no decir las estatuillas o la impresionante máscara funeraria egipcia, deberían valer más que todo el edificio en el que vivían.

La secretaria se adelantó y abrió las puertas dobles de la oficina de Jack. El piso lustrado, los muebles modernistas y un escritorio de metal bastante extraño; eran lo que rompía el encanto de museo que tenía el lugar.

-Adelante, siéntanse en casa. ¿Gustan tomar algo? –Jack les hizo señas, y la pareja se sentó en un sillón negro de piel. Algo incómodo.
Kasumi pidió una piña colada y Ryu un trago de vodka. La secretaria los preparó a toda velocidad y se los llevó. Una tipa muy eficiente, pensó la joven asiática.

Jack se sentó frente a ellos, en un elegante sillón blanco de una sola plaza. Le dio un sorbo a su copa, disfrutando la superioridad que ejercía ante los dos.

-No me gusta andar con rodeos, así que, díganme… ¿Qué quieren a cambio de su membresía? –los dos intercambiaron miradas y luego de unos segundos, Ryu se aclaró la garganta.

-Queremos una casa nueva, y que nos asegure que nuestras hijas estarán bien. –Jack alzó una ceja.

-¿Nada más?

-Sí. Seguro médico, escuela… ya sabe, lo usual. Y queremos irnos del Lowery, a una bonita casa en Serpent Hill. Sabe, lo básico…

-Está bien. ¿Necesitan algo más? –Kasumi le susurró algo a Ryu en el oído.

-Ah, sí. Una garantía, de que si algo nos llega a pasar a cualquiera de los dos; usted personalmente se hará cargado de la manutención de nuestras hijas. –Jack asintió, obligado a hacerlo. Era lo menos que podría hacer por ellos.

Y lo que necesitaba para cumplir las órdenes de Baziron, fuesen cuales fuesen sus intereses finales. El solo cumpliría con su cometido, ya si el militar quería otra cosa más, ese ya no era problema suyo.

-Bien. Me da gusto que acepten… desde este momento, ambos están en la nómina de las Industrias Arlington. Todos sus gastos, incluso los más insignificantes; son cubiertos por mí. A cambio, estarán en mi equipo, trabajando para mí sin importar la misión. Claro, antes de que piensen que cometeremos asesinatos y ataques militares, créanme que no pienso convertirme en alguien con el control de un grupo de personas de destrucción masiva.

-¿Qué clase de misiones, Alexander? –preguntó Ryu, cruzándose de brazos y dedicándole una memoria con la misma confianza que le tendría un perro golpeado y encerrado por meses, a un dueño nuevo; incluso si éste le tendía un filete de tres kilos.

-Operaciones contra el crimen a gran escala, cazar supervillanos, lo usual. Por eso quiero que estés en el equipo, Ryu… Ya has peleado contra casi todo lo que esta ciudad pudo ofrecer… Vulture, Scorpion, Scarecrow, Spine Aegypt, Sandstream, Black Viper… Eres un veterano, un héroe de Guerra prácticamente.

-Sí, y todas esas veces casi me mataron. ¿Qué es lo que quiere? ¿Qué nos maten en el primer asalto? Además, ¿Quién más forma parte del equipo?

-Cierto, hablando del equipo; he pensado en muchos nombres. Y si bien varios de ellos ya me negaron su asistencia, estoy considerando a algunas personas nuevas… Hay mucho de donde elegir, y la verdad, siendo que eres uno de los más veteranos en esto, quiero que me ayudes a elegir al personal. Tú sabes, quiero personas confiables.

-Se me ocurren algunos nombres. Los Knights, Scimitar, Titanosaur… -Jack lo interrumpió tajantemente.

-De hecho, estaba pensando en que tú me ayudases a ir por el siguiente miembro del equipo. Creo que ya lo conoces desde hace mucho.

-¿Quién es? ¿Moon Dancer? –los labios de Jack se tensaron y dijo dos palabras que hicieron que a Ryu se le empequeñeciera todo atisbo de alegría en el cuerpo.

-Zero Lycane.

Al oír eso, Ryu hizo una mueca de desagrado total. Si no hubiera sido por Kasumi, seguro le habría dicho a Jack que se jodiera, y que no habría forma de que estuviera en el mismo equipo con ese maniático borracho, drogadicto, psicótico y posiblemente caníbal; según algunas historias que Hyena hizo correr por el Lowery y el Hell’s Garden.
Sintió unas ganas terribles de vomitar.

-Jack, con todo respeto… ¿Está drogado o qué? –Kasumi hizo una mueca de sorpresa al oír eso, y sintió mucha vergüenza.

El empresario le lanzó una mirada confiada, como si ya hubiese previsto cualquier posible resultado de lo que estaba por hacer. Era como si todo estuviese bajo control, una mirada que incluso pudo tranquilizar a Ryu por unos momentos.
Hasta que de nuevo se acordó que iban a tratar de reclutar a un jodido asesino cuya mayor diversión era empalar gente en garras metálicas que usaba como armas. Y de nuevo, llegó el dolor en el estómago.
Miró a su novia por un segundo, apretándole la mano con fuerza, y ella a su vez se asustó al ver su mirada desencajada, partida por el miedo absoluto.
Algo en ese nombre la hizo preguntarse quién o qué sería ese tipo como para espantar así a Ryu, a un tipo con la velocidad del rayo, control sobre el fuego y fuerza capaz de derribar un muro de ladrillos con un manotazo.
Y ella misma comenzó a sentir miedo.

Continuará.
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Jack

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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Mar Jul 13, 2010 3:19 pm

Esperare ansioso la proxima continuacion... a darle atomos
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Kael'Thas Sunstrider
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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Mar Jul 13, 2010 3:26 pm

White Dragons Volumen 1: De Dioses y Hombres.

"I said
We rep. the South, so what you talking about
I'm not running off my mouth, I know this without a doubt
'Cause if you know these streets, then these streets know you
When it's time to handle business, then you know what to do (what to do)
Me and my crew, we stay true, old skool or new
Many were called, but the chosen are few (were a few)
We rise to the top, what you want? Just in case you forgot
Rush the stage, grab my mic, show me what you got

You didn't know, thought we was new on the scene
Well, it's alright! It's alright!
I know you know, I see you smiling at me
Well, it's alright! It's alright!

Boom! Here comes the Boom!
Ready or not, here comes the boys from the South
Boom! Here comes the Boom!
Ready or not, How you like me now?"
-P.O.D. "Boom".


Acto 3. El Lobo y la Reina de la Velocidad.

The Hell’s Kitchen, el Lowery.
-¡Una más, maldita sea! –rugió una voz rasposa y el cantinero del Hell’s Kitchen; un humanoide similar a un jabalí, sirvió a toda velocidad un tarro lleno de un cóctel alcohólico que podría matar a un rinoceronte por intoxicación etílica.
Deslizó el tarro por la barra, hasta que una mano peluda y grisácea, con dedos terminados en pequeñas garras negras; la tomó y se la llevó directo a la boca, o más bien, al hocico.
Cuando el tarro tocó de nuevo la barra, ya estaba vacío. Una joven mujer de rasgos similares a un zorro fenec, miró de reojo el tarro, bastante sorprendida y alarmada por la velocidad con que el tipo se había tomado casi un litro de varias bebidas alcohólicas.
El sujeto se relamió los labios.

-Si yo fuera tú, nena… Me iría lo más rápido que me permitieran esas patitas. –y la chica reaccionó bruscamente, corriendo hacia el exterior del bar. La rockola cambió de canción, y esta vez comenzó a sonar “Rock You Like a Hurricane”, de los Scorpions.

La puerta se abrió, y el lobo de la barra pidió otro trago igual de cargado. Hubo un silencio generalizado en el bar, seguido por segundos de murmullos.

-Huele a perfume de niño rico y a que a alguien estuvo bebiendo cognac en la mañana; y… uhm… a alguien le llegó su día veintiocho, e intenta ocultarlo con un baño de perfume de mujer barato, ah, y huele a víbora. Hola, Kusanagi. –dijo el lobo, sin siquiera voltear.

Tras él; Jack se sorprendió bastante. Ryu por su parte, se cruzó de brazos y Kasumi bajó la mirada, avergonzada. Una risita burlona de mujer resonó a lo lejos.

-Zero, Zero, Zero. Sabía que te iba a encontrar aquí… ¿Cuántas veces lo has destrozado en lo que va del mes? –preguntó Ryu sutilmente, mirando tablas recién clavadas en el suelo, contrastando claramente con otras más viejas, ennegrecidas por cenizas de cigarrillo, alcohol y otros líquidos a lo largo de los años.

-¿Qué quieres? La mujer que viene contigo, ¿es tu novia? –preguntó el lobo de nuevo, sin dar la cara; con las facciones ocultas por el cuello de lana de su chamarra de mezclilla, y un sombrero vaquero de color negro.

-Sí, es ella. Pero yo no quiero hablar contigo, de hecho rogué porque no me hicieran venir… -lanzó una mirada de asco, y obtuvo una risa seca y corta de parte del lobo. Jack se aclaró la garganta.

-Señor Lycane, soy Jack Alexander. He venido hasta usted porque quiero proponerle algo. –el lobo dejó su tarro en la mesa y giró lentamente para encarar al empresario. Se levantó un poco el sombrero, mostrando sus fríos ojos color sangre.
Kasumi retrocedió un poco, instintivamente.

-¿Sí? ¿Qué te parece que puedo querer de un niño rico como tú?

-Verá, estamos armando un equipo especial, y siendo que su desempeño en la pelea contra el Tyrant Lizard fue más que satisfactorio, usted es de los primeros nombres en mi lista. ¿Qué me dice? ¿Contamos con usted? –Zero lanzó una risotada que intimidó a más de una persona en el bar, para la sorpresa de Jack.

-Amigo, si quisiera formar parte de un equipo especial, ya lo habría hecho. Y además, ¿le parece que soy un héroe? –de nuevo el silencio. Sólo la última estrofa de la canción de los Scorpions como fondo, y el sonido de los vasos moviéndose en las mesas.

-Mire, si bien sé que Kusanagi no confía en usted; he pensado en que de verdad al equipo le hace falta alguien como usted. Necesitamos a una persona que pueda efectuar misiones rápidas, y que no dude en atacar al oponente. –Zero le dio otro trago a su tarro.

-Oh, genial… ¿Qué? ¿Esperabas que fuera tu Wolverine? –Kasumi ahogó una pequeña risa, que para su sorpresa, Zero le devolvió junto con un gesto con el sombrero. La joven chica se enrojeció y trató de mirar hacia otro lado.
Ryu apretó con fuerza los colmillos. En la rockola había comenzado a sonar algo de Simon y Garfunkel, The Sound of Silence.

-Diga su precio. –contraatacó rápidamente el empresario. Zero se llevó la mano a la punta del hocico y se acarició lo que sería el mentón.

-¿Qué tienes por ofrecer?

-Lo que quiera. Dinero, propiedades, vehículos. Nómbrelo. –ante las palabras de Jack, Zero sonrió ligeramente, con un aire lacónico total.

-Ya pensaremos en eso. Ahora, ¿me dará órdenes? ¿Tendré que ir a hacer servicio social y aparentar ser alguien bueno como esta culebra de aquí enfrente? –a Ryu le dieron unas ganas totales de partirle la cara de un puñetazo, pero era probable que Zero se moviese igual de rápido y le lanzara una mordida a la mano.

Se aguantó las ganas, apretando los puños con fuerza.

-De vez en cuando. No le pediré que pose para revistas ni nada por el estilo… Sólo le daré una condición. –Zero alzó las cejas, mientras que Ryu se preparó para cualquier posible reacción.

-¿Cuál, vaquero? ¿Nada de ir borracho al trabajo?

-No, precisamente. Cuando estemos en acción, no quiero que mates a nadie… No me importa si es un asesino psicópata o un mutante de quince metros de altura. No quiero que mates a nadie. ¿Me has entendido? –el lobo bostezó, mostrando su enorme hocico repleto de colmillos; y haciendo que a Jack le llegara a todo el rostro un olor atroz a alcohólico.

-¿Nada más? ¿No quieres que también me ponga un collar anti pulgas y te dé la patita? –Ryu habría estallado en risas si no hubiera sido porque Zero lo estaba viendo directo a los ojos.

-Es en serio, Lycane. ¿De verdad prefiere matar a alguien que ganar un millón de Dragones Imperiales en una semana?

-Oh, sí, señor Alexander. Matar a una persona es un sentimiento que no se puede mejorar ni con todo el dinero de la Ciudadela Central. –dijo esto con toda la calma del mundo. A Kasumi se le erizaron todos los vellos del cuerpo, y sintió la clase de terror que solo puede experimentar la protagonista de una película de horror.

Jack y Ryu intercambiaron miradas, y éste último le dedicó una mirada de “¿ves que te lo dije?”.

-Está bien, Lycane. Usted gana. Veré como demonios camuflar eso. –Ryu abrió la boca en señal de horror, totalmente incrédulo de que Alexander hubiera cedido, permitiéndole a un homicida entrar al equipo. Zero se rió bastante.

-Oh, sí, ahora… ¿A quién tengo qué golpear para que me dé una jodida Hummer con rines cromados y personalización que haría que Xzibit sufriera un paro cardiaco?

Jack rió para sus adentros, habiendo ganado otra pelea. Ya tenía al elemento táctico, ahora le faltaba conseguir jugadores pesados.


Base Aérea Edwards, costa al oeste de Lancaster.
Al amanecer.


El Coronel Baziron entró a la pista de aterrizaje de la base, flanqueado por una mujer de apariencia latina y con elegante cabello lacio a la altura de los hombros. Tras ellos venían caminando varios soldados y un par de Caballeros Jaguar Imperiales; haciendo un ruido metálico al moverse.
El área estaba totalmente despejada, con una escuadra de Raptors F-22 alineados al costado de la pista. Todo listo para el experimento.

-¡Coronel Baziron! –gritó una voz, y el Coronel se encontró cara a cara con un hombre de tez asiática, de al menos unos cincuenta años; y vestido elegantemente. Baziron lo saludó alegremente.

-Embajador Hayasa, me alegra verlo de nuevo por aquí. No sabía que estaría presente en esta situación.

-Claro que tenía qué venir. Es más, personalmente me gustaría presentarle a mi hija, Yoruhime. Pero no sé si esté aquí. –Baziron alzó una ceja sorprendido-. Oh, aquí viene. –miró el horizonte, hacia el final de la pista.

Algo corría hacia ellos.
En cuestión de cinco segundos, la figura cruzó los seis kilómetros de la pista, en una nube de polvo digna de una tormenta de arena en el corazón del desierto de Arizona. Cuando la nube se disipó, Baziron pudo ver de pie en la pista a una joven alta, de aproximadamente un metro setenta y cinco de alto; morena y con rasgos asiáticos.
Llevaba el cabello corto y erizado; y portaba un traje negro de atletismo. Sus pies llevaban zapatos para correr que Baziron en su vida había visto.
La joven se acercó con cuidado, y un soldado le acercó una toalla para secarse el sudor.

-Coronel, ella es mi hija, Yoruhime. Como verá, es… especial. Una Kamijin.

-¿Una qué? –Yoruhime fue la que contestó con una voz suave y profunda en un perfecto Común Imperial.

-Una Kamijin, su señoría. Gente Dios, como dicen los japoneses a aquellos que como yo, tenemos dones más allá del entendimiento de los humanos normales.

-Coronel, traje a mi hija para que forme parte del grupo que Jack Alexander está creando. Él mismo me habló de su idea, y de cómo Yoruhime podría funcionar perfectamente, trabajando con otros Kamijin como ella para hacer el bien común. –dijo el embajador, y Baziron escaneó con la mirada a la joven; que se mantenía de pie, orgullosa.

-Sí sí. Tendré qué presentarla con Alexander, cosa de un par de días. Usted sabe, para hacer pruebas y que pueda familiarizarse con las costumbres del Imperio para adaptarse mejor. –la mirada arrogante de Yoruhime hacía notar a leguas que la chica se sentía como la máxima y más poderosa entidad del mundo.

Obviamente desconocía a otros metahumanos con poderes superiores a los suyos.
Qué sorpresa se iba a llevar.

-Está bien, Coronel. Por cierto, su Alteza Imperial Amaterasu-no Oomikami me envió a darle esto, algo que solo deben leer sus ojos. –y le extendió un sobre de papel hecho con fibras de algodón, finamente decorado con filigranas y motivos florales. En el frente y al centro se encontraba el escudo Imperial del Japón; la Garza Blanca de Amaterasu con el sol naciente de fondo.
Baziron le pasó de inmediato el fólder a la piloto de la fuerza aérea. Fuese lo que fuese ese sobre, y lo que contuviese adentro, era realmente importante.

-Muchas gracias, señor Hayasa. No se preocupe, lo hojearé en cuanto llegue a la seguridad de mi oficina.

-De nada, Coronel. Y recuerde, nadie más que usted puede ver eso… palabras expresas de mi señora Amaterasu.

-Bien, entonces, me llevaré a su hija para comenzar a aclimatarla a las costumbres de América…y que se conozca con los que ya forman parte del equipo. –Yoruhime no le dio importancia a las palabras del Coronel. Estaba segurísima de que nadie estaba a su nivel.

Al ver la confianza en su rostro, Baziron sonrió de forma cruel.
Se iba a divertir mucho.


El Lowery.
-Amor, ¿podrías pasarme esas cajas? Son pesadas.

-Sí, ¿qué tienen adentro? –dijo Ryu, levantando tres cajas con una sola mano. Kasumi con problemas habría podido levantar dos por sí misma.

-Ah, etto…algunas cosas. Desu. –Ryu ya no le contestó, y se limitó a encogerse de hombros. Puso las cajas sobre una mesa y lanzó una mirada a todo su departamento.

Ahora que se iban a mudar a una pequeña casa victoriana de dos pisos en Serpent Hill, todo parecía cambiar para bien por una vez en su vida. Jack les pagó la casa, y les dio unos diez mil dragones imperiales para que se mantuvieran unos quince días, o hasta que los llamara de nuevo. Esa mañana Kasumi había llevado a las gemelas a casa de su amiga, Diana, mientras que a Breeze la tenía en la sillita plegable, pues no les estorbaba a la hora de empacar las cosas para mudarse en un par de días.
Ryu quería una casa en la punta norte de Hollow Hill, pero la otakez de Kasumi golpeó de lleno y se negó rotundamente todo por el maldito nombre. En ese momento le habría gustado arrojarla por la barranca de Hollow Hill.

-Kasumi, en esas cajas… ¿Qué hay? –preguntó al ver una enorme caja rayoneada con dibujitos, entre ellos, decenas de esos conejos que Rukia Kuchiki dibujaba en Bleach. Kasumi sonrió algo nerviosa.

-Ettooo…nada, amor. Ropa y cosas de cuando hacía cosplay. –Ryu frunció el ceño.

-Nah, ni mangos. Te conozco, peque… -usó su uña índice derecha y abrió la caja, cortando la cinta adhesiva como si no estuviera ahí. Abrió la caja y aunque arriba encontró doblado un uniforme de Shinigami, lo movió y se topó de lleno con decenas de películas en DVD, gashapones y tomos de manga; todos perfectamente acomodados.

Kasumi lanzó una risita nerviosa, y se llevó la mano a la nuca en señal apenada. Ryu sonrió cruelmente, incluso emitiendo un gruñido como de gran gato.

-Ryu… No los puedo tirar. Es mi afición, no qué digo… ¡es mi vida!

-Nooooo…. Tu vida son TUS hijas. ¿De dónde cojones sacaste todo esto, si no me puedo comprar ni un pinche cómic porque te alocas toda?

-Ya las tenía. Le dije a mi mamá que me las mandara desde Shinedo. –estaba nerviosa, y probablemente estaba mintiendo. Ryu se llevó una mano al rostro en negación, y movió la cabeza en señal de desaprobación.

Kasumi bajó la mirada y jugueteó con su sudadera; mientras Ryu abría las primeras tres cajas que le había dicho que pusiera en la mesa. Lo mismo, todas llenas de objetos y parafernalia de anime; mientras que de vez en cuando se encontraba algún traje cosplay doblado en una que otra.
Enojado, Ryu las dejó ahí, abiertas y con su contenido desparramado por la mesa; y se fue a la recámara en que dormían, cerrando la puerta sonoramente.

No era su culpa.
Era de ella. Kasumi se acercó a la mesa y levantó una figurita pelirroja. La protagonista de Shakugan no Shana. La miró por unos momentos, y luego contempló su enorme colección; ahí desperdigada por todos lados.
Había estado comprando cosas bastante caras los últimos dos años, y todo ocultándoselo a Ryu. Se sentía mal, pues estaba anteponiendo su fanatismo a su familia, y a sus obligaciones. Lanzó un suspiro prolongado y se dispuso a guardar todo en las cajas de nuevo; aunque ya no tan meticulosamente como lo había hecho la primera vez.

Se puso a pensar en varias cosas, en como aún, por más que lo dijera, no se acostumbraba a su vida como madre y ama de casa. No, debería estar en el último año de universidad, divirtiéndose con Erin en las convenciones de manga y anime, saliendo con sus amigas a pasear y haciendo otras actividades que se perdió desde el momento en que decidió que sí tendría a las gemelas.
Se sentía estúpida.

El llanto de Breeze fue lo que la sacó de ese trance depresivo en el que se acababa de meter gracias a darse cuenta de que aún era una niña. Sí, una niña con tres hijas a los veinte años de edad.

Sintió asco de sí misma.


Torre Arlington. Esa misma tarde.

A Jack le estaba fastidiando el hecho de que Zero estuviese en su penthouse desde la noche de ayer, holgazaneando y acabándose las reservas de su cava. Para las tres de la tarde, el lobo estaba tendido en un costoso sillón de piel, descalzo y llenando la estancia con ese olor a alcohol, pelo mojado de perro y humo de cigarro.

El empresario dio una vuelta rápida por la sala, tratando de no oler la peste que el licántropo despedía a leguas. Zero tenía la mirada clavada en la colosal televisión de plasma del departamento de Jack, específicamente en una película porno de un canal de paga.

-Zero, no es que te quiera “incomodar”, pero, ¿podrías por lo menos cambiarle al canal? Mi hermana no tarda en llegar de la secundaria. –susurró Jack, sin despegar la mirada de su periódico.

-Sí, ya voy. Ahora, Jackie, dejémonos de babosadas y dime porqué me reclutaste. Sí, sé que necesitas un “Wolverine”, por lo que dijo esa culebra…pero, ¿porqué en específico pensaste en mí y no en alguien como la tetona esa de Moon Dancer o en ese bonachón del Demon?

-Porque, sé que si alguien se sale de control, o algo jodido pasa; tú eres la persona en quien quiero confiar. –Zero rió sarcásticamente.

-Vaya, Jackie Boy… Qué honor.

-Deja el humor de lado, Zero. Conozco a Kusanagi, y no tiene las bolas para matar a un enemigo a menos que pase algo muy feo… y su novia, bueno, creo que tendría problemas hasta para matar a un mosquito. Si Vulture o alguien así acaba volviéndose un problema, quiero que tú estés ahí para cruzar ese pasito.

-Je. Bien, Jackie… ahora tienes toda mi atención. Me gusta matar, pero quiero dejar en claro que aunque lo disfrute más que el sexo o el alcohol; aún me vas a comprar mi Hummer. –Jack lanzó una carcajada.

-Está bien, está bien. Tú pídela… tienes crédito ilimitado. Es más, si quieres ve a La Brea o a Atlantic City… gástate un par de millones en los casinos y luego regresas cuando yo te llame. ¿Qué opinas?

-Jackie Boy… acabas de hacer un trato del que no te vas a arrepentir. –se levantó del sillón, poniéndose las botas y preparándose para salir-. Ah, sólo una cosita… -se detuvo, sorprendiendo al empresario.

-¿Qué?

-Harás una redada conra Gustav Sukov. No me importa el motivo, ni lo que tengas qué inventar… Quiero ir contra Sukov y masacrarlo. El tipo me la debe. –y no dijo más, cerrando la puerta tras él.

Jack pasó saliva. El tener a Zero en el equipo había resultado como lo planeó originalmente, pero con la pequeña diferencia de que ahora tendría que ir contra alguien con el que no tenía problemas. Aunque bueno, Sukov, el jefe criminal líder de The Pack; debería tener alguna que otra cosa escondida en su historial, y que podría usarse contra él.
Tendría qué hablarlo con Baziron.


Zoológico Central de Dragon City.
Al anochecer.


La calma del zoológico al anochecer fue rota por las alarmas de seguridad sonando fuertemente en medio de la oscura noche del Parque Central, seguidos por gruñidos, berreos y aullidos.
Alrededor de una decena de guardias salió corriendo en dirección a donde había sonado la primera alarma, hacia el área de los saurios africanos.

-¿Qué demonios fue? –gritó una mujer morena, alta y con cuerpo muscular; mientras corría cargando un pesado rifle de cacería.

-¡No lo sé! ¡No fue un escape, las cámaras no captaron nada! –respondió una mujer de apariencia gatuna, corriendo a su lado. Otro grupo de guardias cargaron a toda velocidad, atravesando los caminos de ladrillo mojado gracias a las lluvias de la tarde.
El zoológico era espeluznante de noche, algo digno de una pesadilla. Sólo podían rezar porque un Chacma no hubiera escapado y estuviese rondando por ahí cerca.

-¡¿De dónde vino?!

-¡Cerca del enrejado del Tarrasque! –la enorme mujer negra lanzó una maldición. Si el Tarrasque escapaba, si esa mole de músculos, colmillos y escamas lograba salir de su enrejado electrificado; se necesitaría del ejército para contenerlo.

Diecisiete toneladas de puro omnívoro, mezcla de los peores rasgos de saurios y primates; el miembro más grande de los Brutosáuridos de Madagascar. Una pesadilla capaz de diezmar ejércitos del mundo antiguo con facilidad.

Al correr por la Ruta Norte, cerca del enrejado donde tenían gigantescas hienas americanas; en el área más amplia de la exhibición titulada “Wild Things”, un sonido hizo temblar la tierra.

-¡Cuidado! –gritó con fuerza un vigilante que corría del lado opuesto, y el grupo de cuidadores y guardias tuvo qué dispersarse para evitar ser golpeados por el cadáver de un colosal elefante del Norte de África, parcialmente devorado.

-¿Qué mierd…? –un rugido tan fuerte como el sonido de una locomotora confirmó los peores miedos de la jefa de cuidadores del zoológico. Primero, una enorme mano terminada en dedos macizos, fuertes y cubiertos de escamas apareció entre los árboles que rodeaban la fosa de los elefantes, arrancando de cuajo un poste de luz.

Acto seguido, una enorme cabeza similar a la de un tiranosaurio, aunque por lo menos dos veces más grande; emergió sobre la maleza, seguida por un cuerpo muscular y colosal. El hijo bastardo de King Kong y Godzilla; una de las pesadillas del mundo y probablemente el depredador más poderoso de todo el orbe.

El Tarrasque.

La enorme criatura bajó su colosal cabeza para alimentarse, arrancando de lleno gran parte de las entrañas del elefante. Un chorro de sangre salpicó el área, haciendo enloquecer a otros carnívoros que aún se encontraban en sus jaulas.

-Santa madre de… -la cuidadora no terminó sus palabras. El Tarrasque cargó a toda velocidad contra ellos; gruñendo y corriendo sobre sus nudillos.
Todo se tornó negro.

Continuará.

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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Mar Jul 13, 2010 3:47 pm

damn it!, lo he leido ya antes, pero es como si fuera la primera vez, ufff, me lo lei todo, ok, que comienze la masacre, ah no, aun no hay plea, verdad? D:, en fin, esperare el otro.
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Kael'Thas Sunstrider
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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Dom Sep 12, 2010 11:11 pm

Actualicemos, ahora que revivió esta madre. Smile

White Dragons Volumen 1: De Dioses y Hombres.

"Now you feel like number one
Shining bright for everyone
Living out your fantasy, the
Brightest star for all to see
Now you feel like number one
Shining bright for everyone
Living out your fantasy, you're the
Brightest star there's ever been..."
-Hazel Fernandes, "Number One".


Acto 4. Donde viven las cosas salvajes.

Torre Arlington. Cerca de las dos de la mañana.

-Siento mucho haberlos reunido tan tarde, sobretodo a ustedes dos; pero, esta es nuestra oportunidad para probar al equipo. –Jack no sonaba muy decidido, y mucho menos lo estaban los Kusanagi, Lycane y una chica morena a la que solo él conocía.

La morena le lanzó una mirada aburrida.

-¿Probar? ¿Tan así de rápido? ¿Qué el Tyrant Lizard regresó o qué?

-No. Es algo fácil… un Tarrasque está destrozando el zoológico. La policía lo cerró totalmente, y hay equipos del DPD cerca, pero aún así, les está costando trabajo encontrarlo entre la maleza del parque; y según sé, un equipo de Control Animal junto con un par de Caballeros Negros del Ejército entraron, pero no ha habido rastro de ellos.

-Vaya… ¿Nuestra primer misión es capturar a un lagarto gorila de diez metros de alto, diecipico toneladas y con un humor del demonio? –preguntó Ryu, cruzándose de brazos. Ya llevaba su traje, con excepción de la máscara.

Kasumi iba callada, y aún llevaba ropas de calle; una sudadera negra y unos pants de licra púrpura que acentuaban sus curvas, cosa que Zero no evitó en notar, y usaba su sombrero para ocultar las miradas que le lanzaba a las caderas de la joven.

-Jackie Boy, antes de seguir con esto… ¿Quién es la morocha? –preguntó el licántropo, moviendo la cabeza en dirección a la morena que estaba ahí de pie, al otro lado de la sala. La mujer le dedicó una expresión excesivamente arrogante.

Por la mente de Kasumi aparecieron las palabras “perra creída”

-Ah, ella es su nueva compañera. Yoruhime Hayasa, hija del embajador del Imperio en Japón.

-¿Y qué hace o qué? –preguntó Ryu, con un tono de frialdad evidente.

-Velocidades de mach 20, reflejos 30 veces superiores a los de un humano normal y la capacidad de crear ráfagas de viento moderado al mover mis brazos, baka. –respondió fríamente.

-¡Oye, perra! ¡¿A quién le dices Baka?! –gritó Kasumi en japonés, sorprendiendo a Ryu. Ni siquiera sabía que su novia pudiese hablar japonés. Yoruhime levantó una ceja de forma ligeramente sorprendida, y luego sonrió.

-¿Y qué vas a hacer, Misuinu Debu? –Kasumi se quedó con la boca abierta, y la cara se le puso roja. Le acababan de decir perra gorda.

-¡Óyeme tú, pedazo de negra mierdera! ¡¿Qué cojones te crees?! –desenvainó sus dos pequeñas katanas y justo cuando iba a cargar contra la morena, Ryu la detuvo con una señal de la mano, limitándose a mirarla de forma fría y feroz. La pequeña asiática se sentó de nuevo, enfundando sus espadas.

-Gracias, Ryu. Bien, ahora quiero que trabajen como equipo… Sé que será difícil, pero es para probar qué tan bien funcionamos juntos. Y sé que ninguno de ustedes tiene experiencia en parte de equipos, pero por favor, traten de actuar lo mejor que puedan en grupo… Recuerden que habrá medios ahí, y tenemos qué dar la mejor impresión ante el público. –Ryu frunció el ceño.

-Genial… ¿Quieres que sea todo un Superman y salude a los niños, mientras doy un espectáculo acrobático para las cámaras?

-No, pero quiero que traten de no actuar como siempre. Nada de explosiones a lo loco, Ryu; y tú, Zero, nada de destripar y/o rebanar gente a diestra y siniestra. Ah, por cierto, evítense el daño colateral y traten de no matar al Tarrasque… es una especie en peligro de extinción, y siendo sinceros, no quiero comenzar y ganarme como enemigos a esos enfermos zoofílicos de PETA.

-Jackie Boy, esa cosa no piensa. Va a intentar devorarnos en cuanto nos vea, y créeme, no me voy a contener si ese hijo de perra me levanta y trata de comerme como bocadillo nocturno.

-Piensen en él como un Tyrant Lizard más light. –Zero lanzó una carcajada burlona y se levantó de la silla.

-Bien, vámonos… hoy vengo con ganas de divertirme. –levantó el brazo derecho y expulsó las cuchillas retráctiles en su guante. Kasumi se sobresaltó un poco ante esto.


Zoológico de Dragon City. Puerta oeste.

El helicóptero negro de las Industrias Arlington descendió en la entrada oeste del Zoológico, justo en una explanada llena de policías, soldados y reporteros; así como caballería pesada del ejército Imperial.
Varios soldados y policías se acercaron con las armas en alto, sobretodo cuando las puertas del helicóptero se abrieron y Jack Alexander apareció, saludando cordialmente a las cámaras.

-¡Señor Alexander! ¡¿Qué hace aquí?! –gritó una reportera. Jack hizo caso omiso de los soldados y bajó del helicóptero con un saltito. Se acomodó el saco, y se acercó a los reporteros.

-¡Damas y caballeros! ¡Buenas noches! –gritó, y todo mundo comenzó a intentar entrevistarlo-. Seguro deben preguntarse qué hago aquí, pues verán… el día de hoy comienza una nueva etapa para la nación. –más flashes y reporteros gritando.

-¿De qué habla, señor? –preguntó un reportero anciano de lentes, vestido como la clásica imagen de un reportero de película de crimen de los años treinta. Jack señaló el helicóptero a sus espaldas.

-Quiero presentarles a la primera iniciativa legítima de defensa metahumana –Mientras dijo esto, el grupo fue descendiendo poco a poco del vehículo; y más flashes se dispararon. Kasumi lanzó una risita nerviosa, mientras que Zero simplemente bajó la punta de su sombrero para evitar las luces. Yoruhime sonrió, altiva y arrogante como siempre; mientras que Ryu se cruzó de brazos.

Odiaba los flashes, y el hecho de que ahora estuviese ahí de pie recibiendo abiertamente a la prensa, le hacía pensar que estaba traicionando su ideología; que estaba rompiendo el concepto de la leyenda urbana que era el Night Dragon.

-¡Night Dragon! ¡Una entrevista, por favor! –comenzó la sarta de reporteros, lanzando preguntas que él no se iba a dignar a responder. Kasumi lo miró por unos momentos, y aún si no podía verle los ojos a través de los visores de la máscara, sabía que Ryu debía estar furioso.

-Momento, momento… Ya habrá tiempo para entrevistas. Enviaré al equipo a entrar al zoológico para calmar la situación con el Tarrasque, y al salir, responderán a todas sus preguntas personalmente… de momento, cualquier duda sobre la creación del equipo deberá ser realizada a mi persona.

-Zero. –dijo Ryu por lo bajo.

-¿Qué? –contestó el licántropo, resguardado por la seguridad de su sombrero.

-Terminemos esto rápido. En marcha. –dijo esto y dio media vuelta, seguido por Kasumi y el licántropo. Yoruhime seguía haciendo poses y se lucía, le encantaba la atención de los medios.

O al menos hasta que Jack la hizo movilizarse.

-Señorita Hayasa, vaya con el resto del equipo. Cuando regrese podrá posar todo lo que quiera. –la morena hizo un gesto de repugnancia al oír esto, visiblemente molesta. No le quedó de otra que ir a regañadientes junto con el equipo, que ya se acercaba a la puerta del zoológico, flanqueado por soldados y policías.

-Disculpe, señor Night Dragon, ¿le importaría tomarse una foto conmigo? –preguntó un soldado joven, probablemente de unos dieciséis o diecisiete años. Ryu se limitó a verlo de forma silenciosa por unos segundos, antes de reanudar su camino; mientras un par de policías fuertemente armados abría las rejas del zoológico.

-Esto será divertido. –la voz de Zero hizo que Kasumi se pusiera aún más nerviosa. Si bien había estado varias veces en el zoológico de visita; el hecho de ver las esculturas, la vegetación y las casas de animales en la noche; y oír los ruidos de los habitantes del lugar, le ponía los pelos de punta. Resident Evil Outbreak 2, pensó.

Y quiso sonreír por la ironía de la cosa, pero no pudo. El miedo hacía que sintiera helados los dedos de los pies, y temblaba con escalofríos. No sabía qué podría estar ahí; pues nunca en su vida había visto a un Tarrasque en vivo, solo en fotografías.
Quería tomar a Ryu del brazo, pero éste seguía enojado y no le dirigía la palabra en lo absoluto desde lo ocurrido con las cajas llenas de merchandising de anime.
Conforme avanzaban por el zoológico apenas iluminado, se comenzó a notar más y más la devastación causada en las últimas horas. Por lo menos una docena de jaulas tenían los barrotes destrozados, y había manchas de sangre alrededor de los boquetes, como en un matadero sumamente exótico.
Algo estaba sacando de sus jaulas a los animales, sólo para devorarlos.

Debía ser jodidamente fuerte, por el daño causado a una jaula con gruesos barrotes de hierro. Al acercarse y entrar a una de las jaulas, Zero pudo oler con facilidad la peste del Tarrasque; un olor profundo y desagradable, como si lo obligasen a oler el suelo de un matadero tras que hubieran ejecutado a cientos de cerdos al mismo tiempo y no se hubieran molestado en limpiar.

Los barrotes de la jaula estaban doblados, algunos incluso partidos. Manchas de sangre en todos lados, y para su sorpresa, en el interior de la jaula se encontraban tirados los cuartos traseros de un enorme ungulado, probablemente un puerco de guerra siberiano, a juzgar por el olor. El animal había sido partido en dos de un golpe, justo por la cintura.

-¿Qué ves, Zero?

-Kusanagi… esta cosa, el Tarrasque… es fuerte. Tal vez más que tú. –Kasumi se sorprendió sobremanera, y un terror casi sobrenatural la envolvió. Sabía que Ryu podía levantar cerca de setenta toneladas, y si el Tarrasque era más fuerte…

“¡CORRE, CORRE! ¡CORRE, MALDITA SEA!”

Y una memoria de Ryu, gritándole mientras él y otros diez metahumanos combatían contra el Tyrant Lizard, que estaba vapuleándolos como muñecos de trapo, le llegó a la cabeza. Vislumbró ese cuerpo rojo y muscular, enorme, poderoso y lleno de ira. Los colmillos y la enorme quijada del gran monstruo rojo… llenas de sangre.

-Kasumi, ¡Reacciona! –el grito de Ryu la devolvió a la realidad, y volteó a verlo bastante sobresaltada. Aún se estremecía por el breve recuerdo.

-¿Q-qué pasa?

-¿Estás bien? –la chica asintió rápido, aún bastante nerviosa. Ryu ya no le dijo nada y siguieron caminando rumbo al centro del parque, un área boscosa y repleta con exhibiciones de los animales más grandes y populares.

Y había una masacre.

En cuanto doblaron por una esquina, Zero divisó el cadáver de un enorme simio de color café rojizo; destrozado sobre el suelo, como si algo lo hubiese arrojado desde el interior de su jaula. El animal murió por el impacto, y por el hecho de que un pedazo de bambú se le había incrustado en el cráneo.

Yoruhime y Kasumi ahogaron un grito al ver al animal, cuyos ojos seguían abiertos, como si los mirara.

-Santa mierda en una galleta… -añadió Zero, sorprendido a más no poder por la escena de masacre en la explanada principal. Los enormes faroles sólo hacían más tétrica la visión. Y el olor a sangre y muerte por todos lados la hacía una pesadilla.

Sin importarle nada, Kasumi se abrazó del brazo de Ryu, sumamente aterrorizada.

Frente a ellos se extendían probablemente cerca de sesenta animales, todos ellos parcialmente devorados o destrozados. Cebras, antílopes, dinosaurios herbívoros… incluso un elefante, un hexaceratops y un destructor tri-cuerno. Animales de varias toneladas; todos ellos capaces de causar un daño moderado en la ciudad…

Y aún así, algo los había devorado.

Un sonido estridente les llegó a los oídos. Como una risa burlona.

Ryu se puso en guardia, esperando a ver a algún maniático por ahí; Vulture o Scorpion. Sin embargo, lo que apareció fueron tres enormes hienas americanas, grandes, feas y cubiertas de sangre.
Sin duda habían sido liberadas durante la pelea del Tarrasque y los grandes animales, y habían estado comiéndose los restos que había dejado el enorme sauroprimate. Una de las hienas, la más grande, gruñó, mostrando todos sus colmillos.

-Bien… Aquí se arranca lo bueno. –Zero se rió sádicamente, mientras desplegaba las cuchillas de sus guantes. Kasumi respondió al ver eso.

-Jack dijo que…

-Escucha, Oyuki… Si quieres jugar a la Cazadora de Cocodrilos y esperar a que los animalitos se sienten como perritos para que los metas a su jaula con una correa, bien por ti. Pero no pienso dejar que ninguno de esos bastardos me lance una mordida, ¿comprendes?

-Si, pero…pero… -y sin que pudiese hacer algo, Ryu también cargó contra las hienas; dando un salto sobrehumano. Los animales gruñeron y atacaron con furia, babeando y lanzando mordiscos al aire para tratar de intimidar.

-Bien, terminemos esto y vayamos por el… -Zero no terminó la palabra, pues un árbol fue lanzado a toda velocidad directo hacia la explanada; aplastando a las hienas y por poco al licántropo, de no ser por la agilidad sobrehumana del Night Dragon, que en el último segundo logró reaccionar, y usando su velocidad extrema, sacó a Zero del impacto.

El licántropo suspiró aliviado, viendo con horror el árbol que rodó por toda la explanada hasta chocar con el cadáver del hexaceratops.

-Te debo una, tipo.

-No me debes nada. Equipo, ¿recuerdas? –Zero sonrió confiado.

Un rugido cortó el momento, y acto seguido, la enorme mole de músculos reptiliana conocida como el Tarrasque, apareció entre los árboles de una exhibición; haciendo volar a una parvada de cuervos que dormían en las ramas. Kasumi gritó con fuerza, pues la simple imagen de la bestia era impresionante, algo salido de un lugar perdido y aislado del mundo como Madagascar.
El colosal monstruo contempló a sus oponentes y lanzó un rugido atronador, que obligó a Zero y a Ryu a cubrirse los oídos, pues el ruido era demasiado para sus agudos oídos no humanos.

Yoruhime lanzó una grosería en japonés.

-Fuck, fuck, fuck… ¿Qué hacemos? –gritó Kasumi, tratando de moverse, pero el cuerpo no le respondía por el temor. Sobretodo cuando el monstruo salió totalmente de entre los árboles y pudieron ver a la perfección su enorme cuerpo mientras levantaba el cadáver parcialmente aplastado de un dinosaurio casi tan grande como un hombre y lo engullía de un golpe.

-Simple. Le rompo la madre. –Ryu se levantó y corrió a toda velocidad, desapareciendo en un borrón y apareciendo justo al lado del monstruo. En un parpadeo, lanzó un golpe con toda su fuerza; el cual resonó con un crujido del hueso del animal.

El Tarrasque lanzó un gruñido y trató de agarrar al Night Dragon, pero la agilidad de éste era demasiado. Era un juego rápido de agilidad y reflejos, que probablemente el enmascarado ganaría con los ojos cerrados.

Aún así, Kasumi lanzó un gritito y comenzó a sentirse mal, nerviosa y con miedo de que algo le pasase a Ryu, aún si el tipo pareciera más divertirse que nada; lanzando llamaradas mientras esquivaba los golpes del enorme monstruo.

-Novatos. –susurro Yoruhime en japonés y desapareció en un borrón; reapareciendo en la cabeza del Tarrasque, mientras comenzaba a lanzar golpes a toda velocidad en el cráneo del monstruo.

-¡¿Qué crees que haces?! ¡¿Estás loca?! –gritó Ryu, dando un gran salto y poniéndose a su lado en la cabeza del monstruo. Luchó brevemente por mantener el balance, mientras la morena seguía lanzando golpes tan rápido que incluso le costaba problema verlos, a pesar de su capacidad de reacción y de su vista superhumana.

-¡No te metas! ¡Le voy a horadar el cráneo, baka! –gritó Yoruhime, reanudando su frenética labor de abrirle la cabeza al monstruo usando sus manos como si fueran un rotomartillo. Ya había logrado cuartear la armadura ósea de la cabeza, y el área comenzaba a emanar sangre.

El Tarrasque lanzó un bufido desgarrador y se sacudió ferozmente, haciendo caer a Ryu y a Yoruhime desde una altura de más de diez metros. En un movimiento veloz, el Krizano lanzó un cable que se enterró en la armadura ósea del pecho del monstruo, y se balanceó para sujetar a su compañera de equipo.

-¡Era una malísima idea! ¡¿Qué tenías en la cabeza?! ¡¿Pensaste que se iba a quedar quieto mientras le hacías una lobotomía?! –lanzó otro cable, columpiándose alrededor de un enorme baobab. El Tarrasque levantó un pequeño pino de unos tres metros de alto y se los arrojó, fallando por centímetros.

-¡Soy rápida, no iba a fallar, maldita habu! –gritó varios improperios más, mientras Ryu seguía lanzando cables para esquivar los manotazos y las cosas que arrojaba el monstruo.

-¡Bien! ¡¿Qué opinas de que te vuelva a lanzar directo al monstruo?! –gritó Ryu, enfurecido por la arrogancia de la mujer, y se columpió en dirección al monstruo; que lanzó un mordisco para intentar devorarlos en el aire.

Yoruhime gritó y se abrazó de él con fuerza.

-¡No! ¡No! ¡No es un buen plan! –y gritó con más fuerza cuando Ryu usó su impresionante agilidad para acercarse realmente cerca de la cabeza y la quijada del monstruo. Bajo la máscara, el Krizano estaba sonriendo cruelmente.

-Sí, ahora vamos a… ¡Ungh! –se la había jugado mucho al vivo y el Tarrasque finalmente logró asestarles un manotazo, tirándolos en caída libre. Ryu intentó asirse a la piel del monstruo, pero la textura era similar a las escamas de un tiburón, y se lastimó bastante la mano que tenía libre, mientras usaba la otra para sujetar a la arrogante morena.

-¡No me sueltes! ¡No me sueltes! –gritó ella.

-¡Ryu! ¡Señor Lycane, ayúdelos! –gritó Kasumi, totalmente en un ataque de pánico. Zero volvió a reaccionar.

-¿Qué puedes hacer, Kurumi?

-¡Me llamo Kasumi, no Kurumi!

-Sí, sí, Tsugumi o como te llames… me da igual.. ¿Cuál es tu poder o qué? –dijo sin prestarle atención al enojo de la joven madre.

-Etto… puedo manipular el hielo a voluntad.

-¿Podrás crear una púa tan grande como para matar a esa cosa? –la pregunta la puso a pensar. Nunca había usado sus poderes para herir, sólo para cosas tontas como helar bebidas, hacer bolsas de hielo para bajarle la fiebre a sus hijas o para enfriar algo muy caliente.
Eso, y de vez en cuando creaba esculturas o hacía bolas de nieve para que sus hijas jugaran con ellas.

No sabía si podría herir a esa cosa con una púa de hielo.

-No… no sé… Nunca… nunca he usado mis espadas para canalizar mi poder y atacar. ¡No sé si pueda! –estaba en un arranque de pánico, mientras veía a su novio debatirse contra el monstruo, mientras luchaba por que no lo agarrara y lo matara.

-¡Escucha, Megumi! ¡Si no haces algo de una puta vez, esa cosa de allá arriba se va a comer a tu novio y a la señorita simpatía! ¡¿Quieres dejar huérfanas a tus hijas?!

-¡No!

-¡Entonces haz algo, maldita sea! ¡Si pudiera lo haría, pero no tengo poderes especiales! ¡Así que actúa de una vez y haz lo que tengas qué hacer! –Kasumi pasó saliva ante los gritos de Zero. Desenvainó sus espadas, Shiraihime y Yukihime, y apuntó con la primera hacia adelante.

El aire se heló en cuestión de segundos, mientras la Shiraihime comenzó a resplandecer de un color azul pálido. Zero retrocedió, se le estaba formando escarcha en la ropa y en el pelaje.

-¡Danza de la Nieve Blanca, Shiraiyuki no Mai! –gritó con fuerza y una ola de energía blanca salió del mango de la hoja, deslizándose a través de esta y salió disparado en forma de un halo de luz, que se solidificó en una púa de hielo casi de metro y medio de largo, que avanzó por el aire como si la hubieran disparado con un arco de tiro largo.

-¿Qué verg…? –preguntó Ryu, y tuvo qué saltar, impulsándose en la clavícula derecha del Tarrasque. La púa de hielo impactó de lleno el pecho del monstruo con un ruido seco, y de no haber reaccionado en tiempo, los habría destrozado tanto a Yoruhime como a él.

El Tarrasque lanzó un gruñido de muerte, y aún así, quiso mantenerse peleando. Golpeó el suelo como lo haría un gorila, sacudiéndolo y tan cegado en su ira que no se dio cuenta de que Yoruhime y Ryu ya estaban de nuevo en su cabeza.

-¿Lista?

-Sí. –Ryu apuntó con la mano abierta hacia el hueco que estaba sangrando, previamente hecho por su compañera tras la tunda de cientos de golpes. Y abrió fuego.

Una bola de fuego de tamaño considerable hizo crecer el hueco, y el Tarrasque lanzó un rugido ahogado de dolor; mientras que Yoruhime se posicionó y pegó el puño a la herida, siendo ayudada por Ryu para no caer con el movimiento del animal.

-¡Ok, Hibagon! ¡Cómete esto! –y comenzó a mover el brazo a hípervelocidad, efectivamente taladrando el cráneo del monstruo tan rápido que para cuando la sangre comenzó a manar en hemorragia, Yoruhime ya le había licuado gran parte del cerebro.
La criatura se congeló y cayó al suelo de frente, aplastando varios cadáveres. Una nube de polvo se levantó cuando el cadáver cayó totalmente. Ryu y Yoruhime descendieron como si nada luego de eso.

-Ryu, Ryu, ¿estás bien? –preguntó Kasumi, completamente repuesta. Se acercó bastante y se detuvo, recordando que aún seguía enojado. Lo miró con enormes ojos y luego bajó la mirada.

Sin que hiciera algo, Ryu la tomó por la cintura, se levantó parte de la máscara y le plantó un profundo beso.

De inmediato, los flashes de las cámaras los cegaron sorpresivamente, y Kasumi se retiró instantáneamente tras ver a decenas de reporteros llegando a la zona, y obviamente, tomándoles fotos a los dos.

-Felicidades, muchachos. Ahora son estrellas. –ahí estaba Jack, sonriendo y con gafas de sol para protegerse de los flashes. Kasumi sonrió tímidamente y saludó a las cámaras, mientras que Ryu solo se cruzó de brazos, algo enojado.

Yoruhime reanudó su pose orgullosa, digna de una modelo europea ególatra. Zero se acomodó el sombrero de nuevo. Algo tenía en común con Ryu, después de todo.

Odiaba que Jack los promocionara como si fueran celebridades.


El Lowery.

-“…Y este es nuestro reporte especial sobre lo ocurrido hace un par de horas en el Zoológico del Parque Central. Como comentario final, cabe aclarar que esta cadena no apoya el vigilantismo de ninguna forma, y que ningún ciudadano aún si usa máscara, está por encima de la ley. Soy Duke Cypress, y buenas noches.”

-Apágala. Ya tengo sueño.

Kasumi apagó la televisión desde la cama, y se recostó de nuevo. Le lanzó una mirada a la habitación, donde ya todo estaba empacado para la mudanza de mañana a su nueva casa en Serpent Hill.
Se le hacía rarísimo y aún increíble.

-¿No puedes dormir, verdad? –preguntó Ryu, sin mirarla. Tenía la cabeza bajo la almohada.

-Sí, no puedo dormir. Tengo… no sé, nervios.

-¿De qué?

-No lo sé. Es una sensación que tengo desde hoy, desde lo que pasó en el zoológico.

-¿Fue porqué mataste a esa cosa, verdad? –Kasumi reaccionó y trato de decir que no, pero por su tono de voz, Ryu se daría cuenta.

-Sí… Nunca usé mis poderes para lastimar ni quería hacerlo, pero verte ahí en peligro me asustó mucho, y Zero me dijo como hacerlo. Él me impulsó a lanzar la púa. –Ryu se levantó y la miró por un momento, y después la abrazó con fuerza.

-Te agradezco mucho que me hayas salvado, y que actuaras con rapidez; pero no quiero que vuelvas a matar… Te hace daño.

-¿Daño?

-Sí. Matar es… No sé, no eres la misma persona luego de que matas a alguien. Te queda esa cosquillita, ese resentimiento de haberle quitado la vida a alguien… aún si es un animal, sabes que no tenías porqué arrebatarle la vida. –Kasumi se quedó callada por unos momentos, antes de comenzar a llorar desconsoladamente. Ryu habló con ella, diciéndole palabras de apoyo por largo tiempo, y al final, los dos quedaron abrazados y dormidos alrededor de las tres de la mañana.


Prisión de Máxima Seguridad de Skarragath, provincia del Atlántico Norte.
Dos días después.

-¡Autoridad presente! –gritó un soldado, y decenas de caballeros imperiales se pusieron en fila, mientras Baziron y Jack caminaban por los pasillos de roca sólida de la prisión que resguardaba a las mayores amenazas para el Imperio.

-Hmmm, Coronel, ¿porqué me trajo?

-Verás, supe que reclutaste al loco ese de Lycane. Buen inicio, pues por lo que dice el reporte preliminar de lo ocurrido con el Tarrasque; impulsó a la joven Narusegawa a atacar al animal. Eso me agrada. –Jack pasó saliva.

-¿Porqué, si me permite preguntar?

-Por el hecho de que ella, al igual que Kusanagi, son jóvenes y pueden ser moldeados para volverse soldados útiles para el Imperio. Quién sabe, tu idea de un equipo de metahumanos podría acelerar el plan de los Escuadrones Imperiales por muchos años.

-Espere… ¿Escuadrones? ¿No cree que es un poco temprano para pensar en crearse un ejército metahumano? –un par de soldados fuertemente armados, similares a rinocerontes; abrieron de par en par las colosales puertas negras del área de máxima seguridad.

Draconio puro de varios centímetros de espesor, por lo que pudo ver Jack. Suficiente como para contener una explosión nuclear capaz de volar parte de una ciudad. Fuese lo que fuese que estuviese en el interior, debía ser jodidamente poderoso.

-No, Jack. Probablemente el plan rinda frutos en unos quince o veinte años, pero de momento, tenemos la suficiente población metahumana como para crear efectivamente un escuadrón por cada una de las trece regiones de la nación. Piense en ello como una fuerza de ataque sumamente efectiva, y que nos pondría a años luz por sobre cualquier arma que pudiese desarrollar el Reichstag, Japón, Rusia o la Unión Europea.

-No me parece una buena idea, señor. Es lo que quería evitar, que el equipo fuese controlado abiertamente por el Ejército.

-Jack, Jack, Jack. ¿Preferirías que eso pasara, o que Limoncelli llevase a cabo su plan y se desatara una limpieza racial que haría ver al Holocausto como una protesta estudiantil apagada por policías? ¿Sabes cuántos posibles ciudadanos del Imperio podrían desarrollar habilidades metahumanas en los próximos veinte años?

-Según mis cálculos, cerca de tres millones. –Baziron lanzó una carcajada al aire, que resonó tétricamente contra las paredes de roca sólida de la fortaleza, creando un eco casi sobrenatural.

-Ni por asomo, mi amigo. Según los registros de población de los últimos cinco años, hay cerca de treinta millones de posibles metahumanos, cincuenta, si contamos que éstos puedan producir descendencia en veinte o treinta año. Verá que, los once millones del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial no resultan un número tan grande en comparación. –Jack se estremeció, sobretodo al recordar a las hijas de los Kusanagi.

Imaginarse que esas pequeñas niñas pudiesen ser asesinadas por un programa de limpieza racial del Imperio, impulsado por un hijo de perra racista y de ultraderecha como Limoncelli…

-Comprendo, señor. Pero, ¿por qué el enrolamiento en el ejército imperial resulta una solución viable? Es decir… ¿cree que los demás países se quedarán callados en cuanto tengamos un ejército de seres capaces de lanzar fuego, volar o manipular los elementos?

-Eso sería un esfuerzo fútil. Japón está desarrollando un escuadrón especial, usando artemarcialistas, ninjas y entidades sobrenaturales como lo serían nuestros dioses. Rusia tiene un programa secreto en Kapustin Yar, y no me haga mencionar lo del paso Dyatlov… Ah, y por favor, no me haga entrar en detalles con lo del niño chino. –Jack se sorprendió un poco. La idea de que estuviese desarrollándose una carrera armamentista con armas biológicas… con ‘personas de destrucción masiva’… era algo muy jodido para siquiera imaginarse.

Los dos siguieron caminando por el pasillo totalmente oscuro y apenas iluminado por antorchas. Tras ellos, la Guardia personal de Baziron; conformada por Caballeros Jaguar de Tezcatlipoca, el más alto rango de soldados del Imperio, avanzaba en silencio.

-Bien, llegamos. –dijo el Coronel, deteniéndose frente a una puerta de metal negro, probablemente una aleación de Draconio y Black Steel. La abrió al digitar un código en un pequeño panel de seguridad al lado, y la puerta hizo un ruido mecánico antes de revelar ante ellos una enorme habitación cómodamente amueblada. Había música clásica de fondo.

-Bienvenidos a mi humilde morada… ¿Qué se les ofrece? –preguntó una voz cavernosa.

-Señor, soy el Coronel James Baziron, Supremo Comandante de las Fuerzas Militares del Imperio Krizánico. El día del que tanto hemos hablado ha llegado finalmente. –la voz dejó escapar una carcajada seca y breve.

-¿Con quién viene? Puedo oler a alguien más aparte de sus hombres de hojalata.

-Ah, permítame presentarle al señor Jack Alexander, dueño de las Industrias Arlington. –un micro temblor sacudió el área, seguido por otro y una serie más hasta que una enorme figura reptiliana apareció al abrir una puerta de madera al final de la primera estancia.

Por un momento, Jack pensó en que pudiese ser el Tyrant Lizard. Y tembló de miedo. O al menos hasta que la figura, casi de cuatro metros de alto, fue alumbrada en su totalidad por la luz de la sala. Era un ser enorme, verde y con una estructura muscular masiva; Jack juró que incluso tenía músculos que ni siquiera deberían existir.
Lo más impresionante era su cabeza, la de un triceratops. El ser iba vestido con ropa de gimnasia; un pantalón negro ceñido y una camiseta sin mangas; así como las botas más grandes que haya visto en su vida.

-¿Así que este es el hombrecito de la armadura? –Jack no se sorprendió. Junto con la chica japonesa, este debía ser uno de los “soldados” reclutados personalmente por Baziron. Naturalmente sabía todo.

-Así es. Lo he traído para que se conozcan, pues el día del que hemos hablado se ha producido finalmente… Su país lo necesita, Annihilator. –el monstruo lanzó una carcajada estentórea y que sonó más bien como el mugido de un enorme búfalo que como una risa humana.

Y Jack se preguntó, ¿qué más tendría Baziron por ahí guardado?
¿Habría otros más aparte de Hayasa y este intento de Hulk?

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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Lun Sep 13, 2010 1:53 am

Tardaste tu tiempo XD... bueno, espero que lo sigas... creo que este universo es una version ultimate del nuestro XD

¡Bruce Lee disparara rayos antimateria gracias a Japon! XD
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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Lun Sep 13, 2010 2:04 am

Jajajajajajaja.
Awesome.

Espérate a que haga una historia en el Japón del Dracoverse. Ahí sí se verá todo. xD

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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Vie Ene 21, 2011 6:35 pm

Hey señor moon, muy bonito, aunque ya dije eso al leerlo en DZ, cuando pondras los demas capitulos aca?
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MensajeTema: Re: White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]   Dom Ene 30, 2011 9:11 am

Pues nomás que los reescriba Nyar, que estoy estirando la historia para que sea más extensa, algo así como una novela.

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White Dragons vol. 1: Of Gods and Men. [13+][03/14]
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