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 Battlestar Digimon. Anécdotas

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ElohimEditor

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MensajeTema: Battlestar Digimon. Anécdotas   Lun Sep 05, 2011 11:04 pm

Este OS está basado en una idea de fic que tengo pensado escribir algún día. -Cuando termine los otros, claro, y con patente XD- Se basa en un Crossover de Digimon con la serie de scifi Battlestar Galactica. Si no la conocen, recomiendo que busquen alguito de información sobre ella para entender el fic. PD: aqui agrego un link con info: [url=http://mispeliculasyseries.blogspot.com/2009_04_01_archive.html ]http://mispeliculasyseries.blogspot.com/2009_04_01_archive.html [/url]

Aclaro que estos capítulos no serán lineales, y que abarcarán distintos personajes y épocas, pero eso sí: son del mismo mundo y están todos relacionados. De todas formas, espero que les agrade.


Cap. 1: ¿Quién soy? ¿Qué soy?





Añoro esos tiempos maravillosos, en los que creí era un ser humano. Aún recuerdo ese día; el día en que descubrí la verdad sobre mi naturaleza. Acababa de cumplir siete años, y me había ido a dormir después de la fiesta de cumpleaños que me organizaron mis padres. Todos mis amigos y mi familia estuvieron presentes, y tenía junto a mí un balón de fútbol nuevo que me habían regalado.

Estaba profundamente dormido, y creí que sería una noche como todas las demás... Hasta que tuve ese sueño... Pero no era un sueño: era una sensación muy extraña; como una gran oleada que te golpea sin previo aviso en el mar y te conmociona con su poder. Aquí en cambio, era una ola de conocimiento; una tan grande que no creí que mi pequeña mente infantil fuera capaz de comprenderla.

Eran años de recuerdos que al principio no comprendí dado lo extraño que me parecía todo aquello, pero luego lo comprendí, como si mi cerebro se hubiera adaptado a ello de manera automática. Cuando amaneció y me desperté, ya no era el mismo. El que alguna vez fui antes de mi séptimo cumpleaños, había muerto; mis sentimientos a los demás habían cambiado, pero al mismo tiempo, se mantenían intactos. Había despertado de un sueño que duró más de 150.000 años.

Miraba a las personas a mi alrededor y las odiaba; era un odio que muchos verían de irracional, pero para mí era lo más natural, después de todo, era diferente a ellos, superior a ellos. Pero al mismo tiempo, recordaba aquello que me hacía cambiar de opinión sobre ellos y decir: Cada vida humana es preciosa.

Meses después, vino el ataque de Myotismon, en el que varios niños y sus familias fueron secuestrados por un grupo de digimon malignos, entre ellos, los Bakemon. Recuerdo que uno de ellos irrumpió en nuestra casa forzando la puerta y obligándonos a mi familia y a mí a abandonar nuestro hogar e ir hacia el mirador. Allí había cientos de niños y adultos, todos asustados por aquellas criaturas con apariencia de fantasma. A pesar de la situación, me sentí valeroso como para no mostrarles terror mientras el resto de mi familia trataba de consolarse presa del miedo.

Fue allí donde descubrí que no estaba solo. Una niña de cabello castaño, con su ropa de dormir aun puesta, se me acercó con toda tranquilidad y se sentó a mi lado mientras mis padres estaban a algunos metros lejos de nosotros. Ella fue la que inició la conversación.


- Oye... ¿Tienes miedo?
- ¿Huh? La verdad no; es muy extraño. Debería tenerlo, pero no lo tengo.
- Creo saber por qué -dijo algo desafiante- ¿Te crees superior a esos digimon, no?
- Pues... -balbuceé momentáneamente, pues dudaba de responder- Si; me creo superior a ellos.
- Deberías, porque lo eres. Ambos somos superiores a todos los de este lugar.
- ¿Ambos? No te entiendo....
- No estás solo... -me susurró al oído-
- ¿O sea que tú... también...?
- Debes ser el otro agente dormido ¿Me equivoco?
- ¿Agente dormido?


Fue entonces que me explicó que ella también era como yo; que había descubierto su verdadera naturaleza a los siete años y ahora vivía ocultándola de los demás; inclusive de sus padres y amigos más cercanos. Lo más sorprendente, es que me dijo que ninguno de los humanos era tal cosa; que ellos se habían extinguido completamente, dejando como "herederos" a los híbridos de la actualidad, que resultaron de un cruce entre los humanos y los miembros de nuestra raza. Me dijo que no tenía nada de que temer y que todo saldría bien... que había un Plan.

Pocas horas después, éramos libres de las garras de Myotismon mientras mirábamos pasmados el cielo rasgado. No volví a saber de ella hasta pasados 3 años.

Lo recuerdo muy bien: el día que conocí a mi digimon. Nunca esperé convertirme en uno de los Niños Elegidos, pero lo hice. Al levantar el Digiegg que contenía a mi digimon acompañante y compañero, sentí una gran felicidad que tal vez nunca se vuelva a repetir en mi vida. Ahora tenía a un amigo que estaría siempre a mi lado. Por un momento, olvidé mi verdadera naturaleza, lo que era en realidad: tenía amigos, familia, una misión con el Digimundo...

Pero mi verdadero ser siempre despertaba: los recuerdos de aquellos días en que pensaba de manera diferente siempre volvían; como si una parte de mí tomara el control nuevamente. Entonces recordaba todos los detalles: el asesinato de Daniel y de todo su modelo, así como de la destrucción de los primeros digimon que él creó; la charla con mi hermano en la nave base, a mis padres dentro de las tinas de resurrección; el ataque a las Doce Colonias de Kobol; los bombardeos nucleares; los cincuenta billones de muertos en un sólo día: El extermino de la raza humana.

Incluso recordé cómo había nacido en esta época; desde nuestra concepción éramos de por sí unos verdaderos asesinos, tomando al embrión "humano" -no conocía otra forma de llamarlos-, analizando su ADN, replicándolo en nuestro cuerpo de protoforma, para después deshacernos del embrión original sin que la madre lo supiera.

En esos momentos, mi otro yo despertaba y hacía cosas de las que ahora me arrepiento: tomar muestras de agujas de control y entregárselas a Cassandra, otra modelo como yo, que tenía la apariencia de una mujer joven y hermosa de ojos azules y cabello largo y lacio; obtener fragmentos del escudo de Blackwargreymon así como muestras de su sangre, cabellos de Arukenimon y vendas de Mummymon, para dárselos a mi hermano. Me atreví inclusive, a poner a dormir a mi compañero digimon para tomar muestras de su ADN para enviárselo a mis "hermanos"

Siempre me pregunté qué obsesión tenía mi hermano con Blackwargreymon. Desde que lo vi, mi hermano me decía que lo estudiara más a fondo. Creo que el sospechaba que ese digimon de agujas de control no era más y nada menos que Daniel, el "hermano" que habíamos asesinado por celos hace siglos y que de alguna forma sobrevivió, descargando su conciencia al cuerpo de ese digimon; pero eso se me hace imposible.

Mis compañeros siempre me han visto como alguien de mente superficial y sin pensamientos inteligentes, pero es porque ellos no saben realmente qué soy yo. ¿Será que esto que hago es lo correcto? ¿Estaré traicionando a mis amigos los niños elegidos y a los digimon, así como a la especie a la creí pertenecer? Me di cuenta que si hacía cosas horribles era porque sentía afecto hacia ellos y lo consideraba traición hacia su persona; de parte de mis "hermanos" no era traición; era un deber divino que Dios me encomendó para cumplir su voluntad.

Dios... ese Ente Superior que gobierna el Universo con un Amor tan profundo y sincero que es capaz de permitir que sus queridos hijos hagan lo que quieran, incluso desobedecerlo. Hubo un tiempo en que me hacía pasar por un sacerdote, pero no creía en Dios. Dios es sólo una respuesta primitiva a los fenómenos naturales, me decía, así como mi hermano. Pero creo que me equivoqué, y mentí cuando Adama me preguntó sobre él. Si creía en Dios; fue el, manifestándose a través de la camaradería de los humanos que intentábamos matar lo que me impidió matar a Starbuck... esa piloto de cabello corto y rubio que vino de tan lejos y arriesgó su vida para rescatar a los pocos supervivientes del Holocausto que quedaban en Caprica. Fue Dios, el que se manifestó a través de la amistad de mis nuevos amigos humanos y digimon, el que me hizo darme cuenta que estaba cometiendo un error al ayudar a mis "hermanos"... pero que no podía detenerme así de fácil.

Ya sabía lo que mi hermano quería con la ayuda que "voluntariamente" le ofrecía; la otra agente ya me lo había dicho el día de Navidad. No creí que lo volviera a hacer después de que la última vez, habíamos llegado a la conclusión que todo había salido mal. Que nunca lograríamos lo que queríamos con la guerra; ellos jamás nos querrían y amarían por lo que somos si buscábamos conflicto. El amor sobrevive a la muerte, fueron las palabras de esa híbrida... Y tenía razón.

Aun después de la batalla contra Malonmyotismon y la última con Diaboromon, rogaba al cielo para que mi hermano no hiciera lo que me suponía tenía pensado hacer... Guardaba esperanzas para que reflexionara y se diera cuenta que si se guiaba por su odio hacia la raza humana, sólo obtendría los mismos resultados, y la historia se repetiría una y otra vez...



Y entonces... el día llegó. Mi equipo de futbol tendría un partido contra un equipo rival. Estaba sumamente emocionado por el acontecimiento; inclusive mi enamorada -que no era mi novia- iría a verme jugar. Pronto mis demás amigos llegarían para levantarme ánimos.

Estaba por salir a la cancha cuando sentí un extraño zumbido en mi cabeza, que me ocasionó molestias considerables; sentí que parte de mis recuerdos desaparecían como si hubieran apretado el botón DELETE en una sección de mi memoria. Ya no recordaba a la otra agente infiltrada, sólo sabía que existía una... Fue entonces, cuando lo vi: en el horizonte de la ciudad, muy lejos, emergía una nube con forma de hongo, seguida de varias explosiones menores. Miré a mi alrededor a las demás personas, conmocionadas y muy aterradas. Luego di la vuelta y fijé la mirada en las gradas: ella ya no estaba.

Fue entonces que me di cuenta de la verdad; sólo podía poner mis manos sobre mi rostro y lamentarme...


- ¡Por Dios, John! ¡¿Qué rayos has hecho?!

Spoiler:
 

Corrí para buscar desesperado a mi familia, que debía seguir en el departamento. Mientras recorría dicho camino, el cielo se llenó de varios misiles que impactaban contra los edificios de la lejanía, sin dañar a los de mi zona. Los Raiders sobrevolaban el firmamento disparando contra todo lo que se moviese -humano o vehículo- sin distinción alguna. Luego miré de reojo horrorizado a un callejón y vi cómo los primeros Centuriones aterrizaban en sus naves y disparaban a quemarropa a cada hombre, mujer y niño que tuvieran enfrente. Por más que mi digimon trató de digievolucionar, no lo consiguió, y yo sabía el por qué, pero no se lo podía decir.

Cuando llegué al apartamento, los Centuriones ya estaban en la entrada, pero cuando se disponían a entrar, una sombra los destrozó en pocos segundos. Me sorprendí al verlo, pues era imposible que estuviese allí, pero lo estaba: era Blackwargreymon, que había vuelto a este mundo y había destrozado a varios Centuriones. Cuando me vio, me llamó y me dijo que buscara a mi familia de inmediato y que él nos llevaría a un lugar seguro junto a los demás elegidos.

Mi familia estaba aterrorizada por la situación, y dudaron en confiar su bienestar en un digimon como ese, pero no tuvieron más remedio. La desesperación se expresaba en sus rostros al ver semejante destrucción y muerte ocasionada por los "invasores" mientras Blackwargreymon nos llevaba a la isla de Odaiba a bordo de un automóvil que el llevaba sobre sus hombros. Recuerdo que el megadigimon hablaba con alguien a través de una especie de brazalete comunicador y decía la enigmática frase: "Necesitamos una evacuación de tipo Omega Negro, de inmediato"

Mis padres no paraban de decir que los marcianos nos estaban invadiendo; ese comentario me molestó tanto por su ignorancia, que les respondí que no eran marcianos, que eran otra cosa. Cuando me pidieron que les explicara que eran, quedé con la boca callada; no sabía que responderles.

Recuerdo la llegada a la isla: estaban todos menos Kari; varios habían perdido a uno de sus padres -Izzy, Sora, Matt y TK-; Ken y Joe perdieron a ambos. Allí vi a otros tres individuos: uno se llamaba Dante y era un humano de origen aparentemente latino, con unos 20 años aproximadamente, acompañado de una especie de "elfo" vestido de caballero llamado Metal y una especie de "minotauro" albino llamado Time, que aparentemente, estaban junto al megadigimon oscuro. El tal Dante envió a Wargreymon -el cual no entendí cómo digievolucionó- a buscar a Kari a la cancha, con la dura advertencia que no pierda el tiempo salvando a nadie más, pues no había tiempo suficiente para escapar. ¿Escapar? me dije extrañado.

Cuando el digimon de Tai regresó, lo hizo con las manos vacías; sólo con un rostro angustiado de ver tantos humanos muertos y sin posibilidades de hacer nada; dijo entrecortado, que había visto en la cancha los cuerpos acribillados de niños y adultos. Subimos a una nave de escape donde estábamos junto a varios otros sobrevivientes -humanos y digimon- mientras la nave despegaba hacia el espacio. Ahora entendí por qué el tal Dante dijo que no había tiempo para escapar: lo último que todos vimos de nuestro hogar, fue cómo varias explosiones termonucleares resplandecían en donde antes se encontraba Tokio.

Spoiler:
 

Luego vimos una vista de la Tierra en la que varias áreas de su superficie presentaban el mismo tipo de resplandor. Luego observamos a las naves del Invasor, de forma triangular, como dos bumerang de punta aguzada unidos por un eje cilíndrico y otras de aspecto diferente, que trataban -aparentemente- de darnos tiempo para escapar con vida. Nuestra nave dio el salto y desapareció.

Spoiler:
 

Fue en ese momento que comprendí... que la vida que había tenido, que habíamos tenido, nunca volvería a ser la misma... Y que jamás regresaríamos a la Tierra: la habíamos perdido para siempre.


Han pasado ya varias semanas de ese día; del día de la caída de la Tierra y del Holocausto. ¿El precio?: Más de cinco mil millones de humanos muertos y casi el 80% de la población digimon exterminada. John seguro estará contento con esto -me decía-

Las cosas ahora son muy diferentes, pues... ellos saben mi secreto; TODOS: Kari y Gatomon fueron capturadas por John haciéndose pasar por mí, y ahora estaban fuera de nuestro alcance; Tai casi me estrangula al enterarse de lo que era realmente; TK me golpeó lleno de ira mientras me culpaba por la muerte de su padre; Ken y los demás no me dirigían la palabra; ni siquiera mi digimon me apoyaba y me culpaba de traidor y mentiroso.

Blackwargreymon me tomó del cuello y casi me estrangula al enterarse de lo que hice con las agujas de control y los fragmentos de su escudo y muestras de sangre; lo hubiera hecho de no ser por la intervención de Time, que lo obligó a soltarme. El megadigimon se alejó furioso y me amenazó con no volver a ponerme en su camino, o me mataría.

Muerte... Cuando me dijo que me mataría sentí miedo, pero al mismo tiempo, en el fondo, me daba risa. Él mismo había regresado a la vida y burlado a la muerte. Los de nuestra raza, al morir, descargan su conciencia, sus recuerdos, su alma -en cierta forma- a un cuerpo completamente nuevo, conservando toda su memoria. A este proceso se le llama Resurrección, algo que curiosamente, es muy parecido a la "muerte" de los digimon, que después regresan a ser digihuevos. Para nosotros, la muerte no es el final; -como es para los humanos- es sólo un método de aprendizaje que nos permite ver nuestros errores, aceptarlos y corregirlos apropiadamente.

Ahora, estoy completamente solo -ya que mi familia me echó al descubrir que no era humano- y no tengo a nadie con quien hablar mientras vagamos por el espacio en esta colonia espacial; -de las tantas que hay; muy al estilo de la nave de la novela "Cita con Rama"- en busca de Kari y de un nuevo hogar mientras combatimos contra nuestros nuevos enemigos.

Spoiler:
 

Reflexiono sobre mi vida y qué fue lo que aprendí de todo esto. El rechazo de mis amigos -humanos y digimon- , de mi propia familia y su falta de comprensión acerca de cómo me siento en este momento -triste, desolado, angustiado-, me hace pensar que John tiene razón y que la raza humana -y sus descendientes- y los digimon, deben ser erradicados del Universo por el bien de nuestra propia raza, la cual sufrió la mano dura de la Humanidad hace varios siglos.

Pero al recordar los buenos momentos con mis amigos; la felicidad que viví junto a mi familia y las aventuras que tuve junto a mi compañero digimon en el Digimundo, me doy cuenta que aun los amo y que eso nunca va a cambiar, pese al odio que alberguen a mi persona. También sé que muy en el fondo, ellos todavía me quieren, pues de otra forma, ya me habían matado, o por lo menos hecho encarcelar.

Sé que no puedo cambiar lo que soy, como raza; pero sí puedo cambiar mi perspectiva sobre la situación actual. Puedo tener un punto de vista totalmente diferente al de mis semejantes y escoger mi destino. Ya lo había hecho antes en Caprica cuando era un modelo Número Uno, que se oponía a John y sus ideas extremistas. Y si bien me había encerrado poco después de resucitar y él había jurado eliminar a la Humanidad... Aquí estaban los humanos -o mejor dicho sus herederos- aún deseosos de vivir; aquí estaban los digimon, dispuestos a luchar por sus vidas y la de los humanos que quedaban... Y aquí estaba yo, manteniéndome firme en mis ideas de que todo esto no era más que un terrible error que habíamos vuelto a cometer.

Esto ya ha pasado antes, volvería a pasar... y pasará de nuevo. Sé que John fracasará y tanto humanos como digimon sobrevivirán si permanecen fuertes; esta vez, los ayudaría en la batalla.

Y si alguien me pregunta quién soy y qué soy, no le mentiré, ni yo mismo me engañaré, pues nunca seré un humano, y menos un híbrido como los demás... Sólo me queda responder:

- Mi nombre es Davis Motomiya... Y soy un Cylon.

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Próximo capítulo, la prox semana.


Última edición por ElohimEditor el Dom Sep 18, 2011 4:41 pm, editado 3 veces
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Talgoose



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MensajeTema: Re: Battlestar Digimon. Anécdotas   Jue Sep 08, 2011 12:41 pm

dime ¿porque kari es tan importante? y adema sparece que mimi tambien era un durmiente ¿o no?
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ElohimEditor

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MensajeTema: Re: Battlestar Digimon. Anécdotas   Sáb Sep 17, 2011 10:39 pm

Cap. 2: ¿La Extinción de los Digimon?



PRÓLOGO

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En un rincón de la galaxia, había un planeta paradisiaco donde convivían dos razas diferentes: los humanos, creados por los “Dioses”, conocidos como los Señores de Kobol, y los cylon, seres biomecánicos que habían sido creados por los humanos a su imagen y semejanza para realizar sus labores. Pese a que los Señores de Kobol al principio estaban furiosos que los humanos crearan a estos seres dotados de inteligencia artificial, terminaron aceptándolos, tanto así, que los cylon conformaron la así llamada Treceava Tribu, viviendo en armonía junto a las demás tribus humanas. Y por un tiempo, fue bueno.

Pero la sociedad humana pronto cayó en la corrupción, y sometieron a los cylon a la esclavitud, sin que los Señores de Kobol intervinieran en ello. En un determinado momento, los cylon descubrieron la verdad acerca de los “Dioses” humanos, y al intentar informarlos, fueron ignorados y atacados.

Proscritos de la sociedad humana, y pese al reclamo de los “Dioses”, la Treceava Tribu abandonó el planeta que alguna vez fue su hogar, en busca de su propia tierra prometida, donde pudieran vivir en paz. Luego de años de búsqueda, los cylon encontraron un planeta habitable orbitando una estrella amarilla, al que denominaron con el nombre de su tribu –un nombre que, según la leyenda, denota la verdadera naturaleza de los “Dioses”-, pero que comúnmente sería conocido como “Tierra”.

Spoiler:
 

Pasaron más de mil años, y la Treceava Tribu prosperó; descubrieron como reproducirse naturalmente, y la tecnología de resurrección –transferencia de memoria orgánica a otro cuerpo- fue abandonada y olvidada, así como la tecnología FTL, debido a la falta de necesidad de viajar a otros sistemas estelares. Y por un tiempo, fue bueno.

Sin embargo, al igual que sus creadores humanos, los cylon crearon también una raza de sirvientes mecánicos que emplearían como esclavos; así, sin saberlo, los cylon poco a poco caían en el comercialismo, la decadencia y la tecnología fuera de control, que habían arrastrado a sus creadores humanos, convirtiéndose también en los arquitectos de su propia destrucción. En el año mil de la Colonización, un científico de la Treceava Tribu llamado Daniel Oliwah, al ver el camino que su raza estaba tomando, inició con esmero un proyecto que consistía en la creación de una nueva raza basada en la inteligencia artificial, basada más en la informática que en la robótica, pero que incluía también la ingeniería genética; una raza politaxonómica y variada que ayudaría a los cylon a convivir con otras especies desconocidas para ellos y los ayudaría a respetar a sus sirvientes mecánicos; una raza cuyos miembros serían… sus iguales. A esta raza se la denominó: Digimon.

Al principio, los Digimon fueron considerados como una nueva especie de sirvientes a los que los cylon podrían emplear gracias a sus grandes poderes; sin embargo, Daniel inició la lucha a favor de sus derechos, y pese a sus tropiezos, logró su cometido: antes de la muerte de Daniel –el cual fue convertido en el héroe planetario tanto de cylon y digimon- sus creaciones fueron consideradas partes de la sociedad, e iguales de los cylon. La vida en la Tierra prosperó, y por un tiempo, fue bueno.

Pero no tardarían en germinar las semillas de la discordia, en una raza que había sido olvidada por sus amos, y reemplazada por una nueva especie extraña.



______________________________



La mañana era cálida y acogedora; el rocío que cubría el césped y las hojas de los árboles apenas había empezado a evaporarse con los rayos del sol: Sería un nuevo día en la ciudad de Ouroboros, la capital de la Tierra. En una confortable casa en las afueras, un dragohumanoide de menos de 2 metros y medio salía de su hogar, despidiéndose de su esposa para ir a conversar con unos amigos sobre su proyecto.


- Adiós, Rose. Que te vaya bien. –beso en la mejilla-
- Igualmente, querido –le respondió dulcemente- Oye, Draco.
- ¿Sí? ¿Qué pasa? –le preguntó, poco antes de irse-
- Vas a ir a ver a Ellen y su equipo de investigación, ¿No?
- Si, Rose –afirmó con la cabeza- También estarán Wolfgang, Ametist, Osamu, Jane, Machello, Hyparion y…
- Theo también estará ¿No es verdad? –preguntó algo decaída-
- Si… Pero no debes preocuparte por eso; –le dijo con ternura mientras acariciaba su rostro con la mano- dudo que sea tan rencoroso. Ven después de terminado tu trabajo en la florería; ¿Está bien? Sabes que estamos involucrados.
- Pues… -pensando un momento- Está bien, lo haré.
- Excelente; ahora si me disculpas, debo irme. Adiós. –y despegó volando en dirección al centro de la ciudad-
- Adiós, Draco. ¡Cuídate, querido!


La vida de Draco Yagami era bastante sencilla pese a su anterior trabajo ¿Quién hubiera pensado que este Wargreymon había llegado a ser Presidente de la Tierra? Posiblemente nadie, y ni él lo creía, ya que detestaba la política; sólo se postuló porque sus amigos –y en especial Wolfgang- se lo habían sugerido repetidas veces. Y pese a todo, ganó las elecciones y asumió el cargo.
Cumplido su mandato, salió con honores de haber cumplido su deber de manera honorable y honesta, cumpliendo su palabra a cylon y digimon por igual.

Debido a esto, fue condecorado con el distintivo del Emblema de Valor en su escudo, un sello con la figura de un sol que destacaba de los demás, ya que normalmente los Wargreymon no poseían este emblema en su escudo; solamente aquellos elegidos que destacaban por su heroísmo.

Terminada su presidencia, se casó con el amor de su vida, Rose O'Brien, una Angewomon joven y hermosa, muy inteligente e inocente –pese a tener sus momentos de ira- y con quien fue a vivir en los suburbios de la capital. Sin embargo, esta relación le trajo problemas con su viejo amigo de la infancia, Theo Bustamante, un Seraphimon que había estado saliendo con Rose desde hacía años, pero que esta lo abandonó debido a lo celoso y posesivo que llegaba a ser.

Luego de volar por varios minutos sobre la bulliciosa ciudad, Draco llegó al Centro de Investigaciones Prometheus, donde lo esperaban sus amigos cylon y digimon. Entró por la puerta principal y se dirigió directamente al Laboratorio de Experimentación Cibernética, donde esperaba hallarlos; al no encontrarlos allí, fue al comedor, donde fue sorprendido en la entrada por un hombre joven de cabello castaño, con ropa formal y una guitarra en la mano.


- ¡Hey, Draco! –saludó de manera sorpresiva al digimon- ¡Ya era hora que vinieras, amigo; te estábamos esperando!
- Hola, Sam. Disculpa la demora, estaba cavilando en el camino sobre algunas cosas.
- Descuida; -dándole palmadas en la espalda, muy alegre- No te has perdido de mucho. Estábamos en nuestro descanso. ¡Pasa, pasa!
- De acuerdo, pero no me tutees…
- ¡JAJA! Como quieras, ex-Presidente Yagami.


En el comedor, muy amplio y espacioso, se hallaban otros siete digimon que conversaban entre sí – un Metalgarurumon, una Rosemon, un Stigmon, una Phoenixmon, un Zudomon, un HerculesKabuterimon y en un rincón, estaba Theo- , junto a cuatro cylon humanoides que tomaban también un receso de sus labores.

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- Saul, Ellen, Galen, Tory, Wolfgang, Ametist, Osamu, Jane, Machello, Hyparion, Theo ¿Cómo están? –saludó a cada uno el digimon dragón-
- Muy bien, Draco. –le respondió su mejor amigo el lobo cyborg- Estábamos esperándote a ti y a Rose mientras descansábamos del trabajo.
- Mmm… -refunfuñó Theo desde el rincón- Deberías tomarte más en serio este proyecto como nosotros.
- No seas tan duro con él, -agregó Jane- Debe de tener otras cosas en qué pensar.
- ¿Y cómo te trata la vida, Draco? –le preguntó una bella mujer madura de cabellera rubia, mientras se dirigía a el-
- Muy bien, Ellen –dirigiéndose a su amiga de la infancia: luego mira alrededor suyo- ¿Qué han estado haciendo mientras?
- Estábamos por escuchar una de las canciones de Sam –agregó un hombre joven, de cuerpo robusto, cabello corto y negro, y con anteojos-
- No presiones mucho a Sam –dijo una bella mujer de cabello enrulado y oscuro, y piel de oliva-
- Jeje… No me molesta; saben que me gusta tocar la guitarra en los recesos.
- Vamos, Sam; toca por favor –pidió cortésmente el digimon lobo- Sabes cuánto me gusta escuchar buena música.
- Está bien, Wolfgang… Por ti y ustedes amigos míos… -sacando su guitarra y acomodándosela correctamente en el brazo-


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A medida que sus dedos se deslizaban por las cuerdas, Samuel Anders y su guitarra emitían una canción que relajaba al grupo de amigos de manera casi hipnótica, era Su canción, una que se le s grababa en la memoria como fuego en una xilografía, dándoles una sensación de éxtasis, casi de epifanía y apoteosis con tan solo oírla, como si estuvieran más cerca de aquel Ser Supremo al que Cylon y Digimon adoraban como el Dios Único, cosa opuesta al politeísmo mal dirigido que los humanos que habían dejado siglos atrás profesaban. Terminada la serenata, tanto cylon como digimon aplaudieron al joven músico.


- ¡Tienes talento, Sam! –exclamó la Rosemon sentada junto a su amado-
- Gracias, Ametist…
- Si alguien aquí pudiera tener ese capacidad... –mirando pícaramente al Stigmon-
- ¡Oye! –le recriminó- ¡Al menos aporto aquí con mis conocimientos médicos!
- Si, si, como digas, cariño... –respondió sarcástica la digimon planta-
- Lo admito; esa canción me gusta bastante. Es celestial.
- Opino igual, Theo; es bella. –dijo el lobo cyborg-
- Hey, Draco –dijo un hombre calvo de aparentemente mediana edad, sentado junto a Ellen- Dime una cosas –susurrando- ¿Tu y Rose ya… tienen pensado tener hijos?
- Ehm… -algo nervioso y avergonzado- Si; ya lo hemos estado pensando, pero… aún no ha pasado nada.
- Saúl y yo hemos tratado de tener hijos por años; creo que ustedes podrían tener mejor suerte que nosotros –dijo Ellen, con una sonrisa triste- No debes rendirte.
- ¡Vamos, campeón! –dijo Saúl otorgándole unas palmaditas en la espalda- Eres un Wargreymon fuerte y sano; no creo que tengas problemas con Rose… o que ella…
- Oigan, ¿De qué están hablando ustedes dos? –intervino Theo, que apenas había oído la conversación-
- Solo de Rose, Theo –dijo el guerrero dragón- Nada importante.
- Ya veo –dijo entredientes el digimon ángel- y hablando de ella ¿Dónde estará?
- ¿Hablabas de mí, Theo?


Una voz se hizo notar en la entrada del comedor: era Rose, que acababa de llegar al laboratorio; voló suavemente hasta uno de los asientos, plegó sus alas, y se acomodó al lado de su esposo, mientras dirigía una mirada seria al que una vez había sido su amor.

- No, nada.
- Bien –digo la Angewomon- ¿De qué me he perdido?
- Queremos decirles algo; -agregó Ellen, cambiando su tono a uno muy serio-
- Como los consideramos nuestros amigos, queríamos informarles de esto. –repuso Galen, mientras jugaba con sus lentes-
- Ya que los trabajos de la nave están casi terminados, así como la base de datos de los Digimon, creímos que deberían de saber algunos detalles de la misión.
- Disculpa, Tory; -intervino el HerculesKabuterimon- pero aún no he terminado con el motor de impulsión estelar FTL; si lo empleamos apenas llegará al 99% de la velocidad de la luz.
- Lo sabemos, Hyparion –agregó Sam, bajando su guitarra al suelo con cuidado- pero deben saber algo antes de que partamos, considerando que faltan pocos días.
- Supongo que saben para qué es esta misión y por qué los invitamos.
- Si, Saúl –dijo el Zudomon-; han construido esa nave para que tanto ustedes como nosotros seamos la delegación que represente a la Tierra frente a las demás Doce Tribus de Kobol, y establezcamos buenas relaciones diplomáticas con los humanos; ambos: cylon y digimon.
- Es verdad; tenemos intenciones de reencontrarnos con nuestras tribus hermanas, pero… -dijo Ellen en un tono algo enigmático- Hay otro motivo; motivo que incluye también la razón por la que hemos reinventado la tecnología de Resurrección.
- Así que lo han logrado… -espetó Wolfgang Norstein, algo sorprendido- Vaya.
- Sí; y hemos implantado esa tecnología en nuestros cuerpos –señalando a sus cuatro compañeros- Por desgracia; aun no hemos podido hacerlo con los digimon. Nuestras simulaciones nos indican que puede ser viable en teoría, pero aún no es factible ponerlo en práctica, al menos con la tecnología que disponemos ahora.
- O sea que si morimos, nosotros no…
- Si, Ametist; -agregó Tory- no podrán revivir. Lo lamento.
- Ya veo… Pero, -repuso Draco, sumamente confundido- ¿A que va todo esto? ¿Cuál es su objetivo?


El quinteto de científicos cylon se miró entre ellos de manera pensativa; no sabían si les creerían o no, pero estaban seguros que decirles la verdad era la su deber. Por años, esos digimon habían sido no sólo sus compañeros de trabajo en el Centro de Investigaciones, sino también sus amigos; algunos, como el caso de Ellen y Draco, desde la más tierna infancia.


- Sé que les será difícil de creer –dijo Saúl bastante severo- pero deben hacerlo.
- Desde hace varios años –repuso Ellen-, nosotros cinco hemos estado sufriendo de extrañas visiones de personas que aparecían de repente, como mensajeros… que nos advirtieron que pronto vendría una gran catástrofe en la Tierra, y que por ello debíamos reinventar la Resurrección; para escapar de ese desastre.
- ¿Lo dicen en serio? –preguntó Jane, muy escéptica-
- Sabemos que suena extraño, pero deben creernos –espetó Sam, dirigiéndose a los digimon, y luego enfocando su atención a los dos ángeles- Ustedes, Rose y Theo, más que nadie debe comprender la naturaleza de esos mensajeros; tal vez hayan sido…
- Lo sé, Sam –dijo Rose- pero aun no estoy muy convencida.
- Sin embargo –agregó Theo, con algo de soberbia, pero también de sabiduría, al pararse de su asiento- no podemos ignorar esa advertencia. Si fueron advertidos de esto, es por algo; tal vez cosa del destino.
- ¿Pero qué clase de catástrofe podría ser como para llegar a esos extremos? –decía la Phoenixmon- Saben tan bien como nosotros que la amistad entre digimon y cylon se ha mantenido intacta desde hace casi mil años; si algo los amenazara, nosotros los defenderíamos a toda costa.
- No dudamos de eso, Jane; pero si es algo tan grave, no podemos pasarlo por alto.
- Si tú lo dices, Tory –respondió Osamu- ¿Y qué debemos hacer entonces? ¿Seguir con el plan y acompañarlos en su viaje a las 12 Tribus?
- Sólo si ustedes lo desean; no queremos obligarlos.


Los nueve digimon se quedaron pensando un largo tiempo; discutiendo entre si sobre la decisión que tomarían; mientras que los cinco cylon continuaron con los preparativos para el gran viaje. Así pasaron las horas hasta bien llegada la noche; en ese momento, Rose salió al jardín trasero del Centro de Investigaciones, a observar las estrellas, como solía hacer en su casa.


Al verla allí, tan pensativa y absorta en su contemplación celestial, Draco voló en silencio hasta su ubicación, y por atrás, la abrazó tierna y cuidadosamente con sus fuertes brazos, mientras colocaba su rostro desprovisto de su casco junto al suyo para darle un tierno beso en la mejilla.


- ¡Ay, Draco! Me sorprendiste.
- Perdona, mi amor; no quise asustarte.
- No hay cuidado; dime ¿Los demás están decididos a seguir?
- Sí; incluso Ametist y Wolfgang, que tenían dudas al principio, pero ya decidieron acompañar a Ellen y a los demás. ¿Y tú, Rose?
- No lo sé, Draco; aun no me decido –suspiro- Es que… dejar todo esto: nuestro hogar, nuestra familia, nuestros amigos… en busca de algo que está más allá, en lo desconocido –apuntando al cielo estrellado-
- Velo como una aventura, Rose: una en la que nos embarcaremos todos juntos hacia algo desconocido, pero que puede terminar siendo maravilloso.
- ¿Siempre fuiste así de aventurero? –le preguntó la digimon ángel con cierta ironía-
- Por supuesto; desde que fui un pequeño Agumon y recorría los bosques de Artemisa en las afueras de la ciudad. Recuerdo que una vez me perdí con Wolfgang y Theo cuando eran un Gabumon y un Patamon; ellos al principio se asustaron, pero yo no: siempre me mantuve calmado y dispuesto a mantenerlos a salvo.
- Ya veo… -pensativa mientras observaba el cielo- Mira, Draco: allí están algunas delas constelaciones de las Doce Tribus: Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis… Al menos son las que puedo ver.
- ¿Crees que en alguna de esas estrellas estén los humanos? ¿Preguntándose por su tribu hermana perdida?
- Es posible; aunque no sabría decir en cuál de ellas: hay miles y millones de estrellas.
- Me gustaría saber… si llegamos a encontrarnos con ellos… ¿Los humanos nos aceptarán?
- ¿Por qué lo dices, Draco?
- Bueno… -aclarando su garganta- los cylon son muy amables con nosotros y nos han aceptados como sus amigos e iguales; nos hemos integrado tanto a su mundo que suena casi inconcebible una Tierra sin la amistad cylon-digimon. Pero por lo que nos han dicho en las clases de historia, los humanos son seres bastante egoístas, xenófobos y abusadores, maltratando a los demás sin confiar en aquellos que son diferentes a ellos.
- Si por eso lo dices… capaz nunca debamos encontrarnos con ellos; solo ocasionaríamos una guerra.
- Pero Ellen tiene fe en la Humanidad, tal vez nosotros también debiéramos tenerla. Me gustaría conocer a un ser humano que no sea como los recuerdan los cylon; uno bueno y generoso. Ni los cylon creen que todos los humanos sean así.
- Ojalá tengas razón. –agregó Rose- Espero también hallar a alguien así.
- Ajá… -y se recostó en el césped con Rose a su lado, mientras la cobijaba en sus brazos-
- Oye, querido –la interrumpió su amada mientras acariciaba su rostro con sus finos dedos-
- ¿Sí?
- Tengo una noticia que darte…
- ¿Cuál? –preguntó intrigado el guerrero dragón, mientras la miraba tiernamente-
- Pronto dejaremos de ser una pareja… ya que nos convertiremos en una familia –dijo sonriente-


Al oír estas palabras, Draco se levantó de su lecho y miró asombrado a su amada; no lo podía creer: la noticia que tanto había estado esperando parecía al fin cumplirse.


- Rose… Es… ¿Es verdad? –conteniendo la emoción-
- Si, Draco; la doctora me lo dijo. Tal vez en unos meses, tenga el Digihuevo.
- ¡¡ESO ES MARAVILLOSO!! –exclamó lleno de júbilo, tomando a Rose por la cintura y levantándola por los aires mientras ambos reían de felicidad-
- ¡Bueno, bueno, pero ya bájame! ¡Jajaja!
- Está bien; pero no me culpes por estar feliz.
- Y dime –intervino la digimon ángel- ¿Qué te gustaría que fuera? ¿Niño o niña? Sabes que si es niño, será un Botamon, y si es niña, una Snowbotamon.
- Lo único que me importa es que nazca con salud y seamos felices nosotros tres como una familia.
- Es verdad –dijo con ternura- ¿Pero crees que le haga bien nacer, pues, durante el viaje?
- Estoy seguro; además, tenemos a Osamu y Ametist, que saben de medicina digimon. Imagínate: el primer digimon que nace en el espacio… además que podría ser el primer bebé digimon en conocer humanos. ¡Y hasta puede que logre enternecerlos!
- ¡Ya le estás dando cargas a la pobre criatura antes que nazca! –refunfuñó sarcásticamente-
- Solo decía… -abrazándola- Lo importante es que será el comienzo de nuestra familia.
- Si… -pausa de varios minutos- Ya lo decidí.
- ¿Qué cosa, Rose?
- Iremos… Viajaremos a las Doce Tribus.
- Entonces, démosle la noticia a los otros… junto a la Gran Noticia…
- Si, vamos.


Draco y Rose se tomaron de la mano y entraron al edificio para informarles a sus amigos de su decisión, y del futuro nuevo miembro de su familia. Terminada su reunión, y luego de las felicitaciones. Todos volvieron a sus casas, esperando el día del viaje… sin saber… que algo se estaba fraguando tras las sombras.


Última edición por ElohimEditor el Sáb Sep 17, 2011 10:44 pm, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Battlestar Digimon. Anécdotas   Sáb Sep 17, 2011 10:40 pm

Habían pasado un par de días de aquel encuentro, y los preparativos para el gran viaje que los nueve digimon y los cinco cylon emprenderían con rumbo a la desconocida localización de las Doce Tribus Humanas. La ansiedad por saber lo que encontrarían en el camino carcomía su espíritu; sin embargo, continuaban con su rutina diaria mientras Ellen y su equipo se encargaban de los detalles finales con la ayuda de sus amigos: Hyparion trabajando en el motor FTL; Ametist y Osamu de la asistencia médica; Wolfgang y Jane de los sistemas principales de la nave; Theo y Rose se encargaban de recopilar la historia de la Tierra como un registro a compartir con los humanos.

Los demás, pues, serían más que acompañantes y tendrían poco papel en esta ambiciosa misión diplomática –que sabían, también tenía otro propósito- ; sin embargo, el grupo insistió en que fuera Draco el representante de los Digimon ante la humanidad, pero este prefirió ceder su puesto a Theo, ya que al ser el digimon con la apariencia más humana entre todos, les facilitaría el trabajo, lo que el digimon ángel aceptó sin chistar, agradeciendo a sus compañeros.


______________________________


Era un nuevo día, y el sol comenzaba a asomarse en el horizonte, iluminando la ciudad de Ouroboros; sus calles, edificios, plazas y parques. La mañana era fresca y agradable, y mientras las personas salían de sus hogares para realizar sus diversas actividades, otros se dedicaban a meditar sobre sus futuras decisiones.

En el Jardín de las Hespérides, un gran parque ubicado en las cercanías de la Plaza de los Fundadores, se hallaba Theo, quien se había levantado antes del amanecer para reflexionar un poco; apreciaba las mañanas en el parque con el césped verde y la apacible tranquilidad, hasta que el sol se ubicará más alto en el firmamento y la plaza de juegos se llenara de niños cylon y digimon jugando en las atracciones.

Apenas se acomodó en una de las bancas, fue sorprendido por unas suaves manos delicadas que le impedían la visión; al pedir que las retiraran, la responsable se mostró frente a frente: era Rose.

- Rose, ¿Qué haces aquí?
- Yo también acostumbro venir aquí por las mañanas. ¿Qué no te acuerdas?
- Pues… -trataba de recordarlo, pero no podía-
- ¿Y en que estás pensando? –preguntó Rose, interrumpiéndolo- Por algo has venido aquí.
- Es que… Pensaba en la misión, y en la razón por la que Draco me cedió su puesto.
- Él me dijo que te creía capacitado; siempre has tenido el don de la oratoria.
- Tal vez –dijo el digimon ángel, poco convencido-, pero el ex-Presidente es el.
- Si –asintió la Angewomon-, aunque es muy inseguro respecto a eso; por esa razón él creyó que como viejo amigo suyo podrías tomar su lugar.
- ¿El confía en mí? –confundido- ¿Pese a como lo trato?
- No creas que olvida la manera en que lo tratas, con esa hosquedad o algo de frialdad cuando nos ves juntos.
- Sabes lo que sentía por ti, Rose. Pero no te puedo culpar a ti ni a él; ninguno de nosotros te lastimó tampoco y eso es algo que me alegra saber. Draco es bueno contigo y eso me hace feliz; al menos mi amigo ha demostrado ser digno de ti.
- Agradezco que hayamos resuelto ese pequeño problema –haciendo un gesto con la mano en señal de burla-, pero mejor cambiemos de tema antes que te pongas sentimental. Dime, Theo; hay otra cosa en la que piensas, ¿No?
- Mmm… -pensando- Pues pensaba en… las Doce Tribus.
- ¿Sí? –preguntó Rose, confundida-
- En si seremos capaces de encontrarlas, y de llevarnos bien con los humanos; a veces pienso que digimon y humanos no nacieron para convivir en paz.
- ¿Por qué lo dices, Theo? –le preguntó sorprendida- sabes muy bien que cylon y humanos son exactamente iguales, al menos en el exterior. Me sorprende de ti, ya que sueles ser optimista y muy esperanzador.
- Y es el aspecto interior el que me preocupa –señaló seriamente- Dudo mucho que los humanos sean muy tolerantes con nosotros; si te pones a pensarlo, la historia está a favor de mi teoría: los humanos no aceptaron a los cylon aunque estos fueran idénticos a ellos… Y nosotros, los digimon que somos tan radicalmente distintos a ambos que dudo que los humanos nos acepten.
- ¿Estás sugiriendo que los humanos son xenófobos por naturaleza?
- Si, Rose; eso mismo estoy sugiriendo. –asintió el ángel acorazado-


Ambos se quedaron muy pensativos luego de esta última reflexión dada por Theo, mientras contemplaban la tranquila escena del parque rebosante de vida. Repentinamente, Rose sintió un extraño dolor de cabeza que la obligó a colocarse las manos sobre su sien; Theo trató de ayudarla, pero también experimentó la misma sensación por todo su cuerpo. Luego todo terminó tan repentinamente como empezó.

- Rose, ¿Te sientes bien?
- Si… es… estoy bien –algo agotada-
- Dudo que sea por el embarazo, ya que… yo lo sentí también. ¿Qué crees que sea?
- Algo malo, Theo. Me temo que algo malo.


______________________________


En su casa, Draco acababa de levantarse, se había quedado dormido ya que Rose no lo había despertado. Bajó las escaleras para dirigirse a la cocina a prepararse para su desayuno antes de salir para el Centro de Investigaciones junto a Wolfgang Norstein.

Draco y Wolfgang habían sido grandes amigos desde la infancia y siempre se habían llevado bien, pese a algunos pequeños roces propios de la juventud, pero habían hecho tantas cosas juntos que inclusive llegó a ser su Vicepresidente y mejor consejero en la vida; ahora era su vecino, y muy pronto estaría junto la puerta de su hogar para partir juntos al Centro. Tal vez incluso hagan una carrera.

- Rose holgazana; –refunfuñó el guerrero dragón al ver la cocina vacía- no preparaste el desayuno y apenas hay comida aquí. Si así serás cuando seas madre… ¡Pobres de nuestros hijos! –expresó con sarcasmo- Menos mal no fuiste mi Secretaria de Agricultura.

Al encontrar algo de fruta en la alacena, Draco se disponía a comerlas, cuando divisó de reojo algo que se había infiltrado clandestinamente en la cocina a través de la ventana: una serpiente de cascabel cornuda propia de ese planeta; de ojos dorados y atrapantes, de piel negra azabache, pero con la cabeza plateada y con un diseño que hacía parecer que la serpiente tenía una cabellera rubia.

El megadigimon la observó a los ojos con detenimiento mientras la tomaba con cuidado para sacarla de allí sin lastimarla; la mirada del animal era penetrante y casi lo hipnotizaba.

- Dicen que tú eres una especie de animal profético o algo así –dirigiéndose al ofidio-, que das augurios tanto buenos como malos, y por eso te apareces a las personas; para darles esas predicciones. –suspiro- A ver pequeña serpiente, ¿Qué me quieres decir?

El ofidio sólo respondió con una sacada de su lengua y una desviada de su mirada al guerrero dragón. Draco se limitó a dejarla en el jardín con sumo cuidado; mientras la observaba alejarse, la serpiente levantó su cabeza y la apuntó al Wargreymon, señalándole sus colmillos venenosos para luego ocultarse en los arbustos.

- Mmm… Tengo un mal presentimiento de esto. –pero algo interrumpe sus cavilaciones; el llamado de alguien en la entrada, se dirige a ella y…- Wolfgang
- Te estaba esperando desde hace… –revisando su reloj incorporado a su sistema- cinco minutos. ¿Acaso estás sordo?
- Disculpa, amigo; es que… -pensando en lo ocurrido- me distraje con una serpiente que entró en la cocina.
- ¿Serpiente? –confundido- Sí que andas en las nubes por eso del bebé, Draco… ¡Jaja!
- Cállate que tú serás el padrino… -le reprocha de manera irónica-
- Jeje… si... Por supuesto. Vamos ya, que debemos estar en el Centro Prometheus en una hora.
- Está bien –afirmó Draco-
- ¿Unas carreras, amigo? –preparando sus alas, listo para volar-
- No, Wolfgang; hoy no.
- ¿Por qué no? –confundido por su decisión- Te han gustado estas carreras desde que éramos niños, y más desde que evolucionamos a nuestro nivel mega.
- Es que… tengo un mal presentimiento, Wolfgang. No sé cómo explicarlo, pero creo que mejor caminamos.
- De acuerdo; pero ¿De qué trata ese presentimiento?
- Algo va a ocurrir.


______________________________


Jane e Hyparion ya habían llegado a la Central Prometheus para terminar el motor FTL de la nave, con la ayuda de los centuriones del laboratorio, mientras que esperaban la llegada de los demás; Ametist y Osamu ya estaban en camino, mientras que Machello había decidido tomarse un tiempo para nadar en las olas del rio junto al puente Charón. Era algo que disfrutaba desde que era un pequeño Gomamon, y le encantaba practicar pese a los comentarios que le hicieran; la vida para él era demasiado pacífica como para estresarse tanto.

Sin saberlo, pasaba por el mercado callejero al que había acudido Galen esa misma mañana para comprar fruta fresca para llevar a sus compañeros. Entre la multitud de cylon y digimon que agolpaban el mercado, Galen pasaba entre vendedores varios que le ofrecían sus productos, sin percatarse tampoco del Zudomon que nadaba por el río.

De repente, un haz de luz muy fuerte resplandeció en el cielo, luego de ello vino un silencio de pocos segundos, seguido de un terrible estruendo que estremeció todo el lugar, aterrando a los testigos del fenómeno. Sin saberlo, estaban presenciando lo último de sus vidas: el fin de todo lo que conocían.


______________________________


A lo lejos, desde el parque, Rose y Theo observaban incrédulos el horizonte en donde antes estaba el puente Charón; una nube en forma de hongo se había formado luego que surgiera aquel resplandor; todos los presentes en el parque miraban anonadados y aterrados por no saber que estaba pasando.


En medio de la paranoia, algunos fueron inmediatamente a sus casas en busca de refugio, o de información. Sin embargo, Rose y Theo casi no se movían, hasta que un grupo de cylon se agolpó junto a una Kazemon que hablaba con alguien por su comunicador de pulsera. Al ver la gente alrededor, los digimon ángel fueron junto a la multitud.

- ¿Qué dice? ¿Qué dice? –exclamaba una mujer canosa-
- Ya voy, señora, espere…; tengo que escuchar -dijo la Kazemon-
- ¡Vamos, que podría ser el fin del mundo! ¡Apresúrate niña! –gritó un Yiyimon-
- ¿Qué sucede? –preguntó Theo, al meterse entre la multitud-
- Esa Kazemon está hablando con una amiga suya que vive lejos de aquí –le respondió una joven de cabello largo y negro- Parece ser que la llamó y sabe algo.
- ¡Pues qué dice! –exclamó Rose, curiosa y con algo de nervios-
- Dice que algo raro está pasando también en Sosípolis.
- ¡¿Sosípolis?! –exclamó la multitud-
- ¡Pero está al otro lado del planeta! –gritó la Angewomon- Eso quiere decir que…
- Esto debe estar ocurriendo en otras ciudades –agregó Theo algo nervioso- Será mejor que tratemos de averiguar qué pasa.
- Si…

Pero ni bien la multitud se disponía a regresar a la ciudad, oyeron un sonido seco en la lejanía: eran disparos… seguidos de gritos de dolor de personas que morían aparentemente acribilladas. La multitud se preguntaba qué clase de enemigo podía ser el causante de esa masacre, pues ellos no habían conocido a ningún adversario en todo el tiempo de existencia de la Colonia.

Los digimon se prepararon para defender a los cylon en cuanto aparecieran los oponentes contra los que lucharían –pues esto parecía definitivamente una invasión-, poniéndose en guardia mientras esperaban la llegada de la fuerza invasora; pero cuando esta se hizo ver, no daban crédito a sus ojos: eran centuriones, cylon mecánicos que habían sido modificados para el combate, de mejor blindaje y ametralladoras incorporadas en sus antebrazos.

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- No…. Lo puedo creer… -repuso un sorprendido Theo-
- Son… son… centuriones.
- ¿Qué piensas hacer? –le preguntó Rose, tomándolo del brazo-
- Pues defendernos de ellos… -el Seraphimon trata de emprender vuelo, pero al intentarlo, algo se lo impide; sus alas no parecían ser tan fuertes- ¿Qué sucede? No puedo volar.
- ¿Cómo dices? –dijeron Rose y la Kazemon, mientras intentaban alzar vuelo, sin éxito-
- ¿Pero que estará pasando? –preguntó Rose-
- No lo sé, pero parece que tendremos que pelear en tierra firme -agregó el digimon ángel de armadura- ¡¡Séptimo…!! ¡¡¿¿Huh??!!
- ¡¡Flecha Ce..!! ¡¿Qué?!

No solo eran Rose y Theo; ningún digimon podía emplear alguna de sus técnicas, o siquiera volar, y se sentían extrañamente débiles. Pese a este detalle, algunos digimon decidieron lanzarse sobre los centuriones con el fin de proteger a los más indefensos: decisión fatal, ya que los centuriones no dudaron en disparar contra los digimon –y contra cylon desarmados- matándolos al instante. Theo estaba decidido a combatir, pero Rose la detuvo.

- ¿¿Qué estás haciendo?? ¡Suéltame!
- ¿Estás loco? ¡Debemos irnos de aquí y huir; no podemos hacer nada contra ellos!
- Pero, Rose…
- ¡¡Corran!! –gritó la Kazemon, aterrada de la matanza-

La multitud no tuvo más remedio que huir para salvar sus vidas, pero en el intento, varios cayeron al suelo acribillados por los centuriones, entre ellos, la Kazemon que había intentado esconderse en un edificio cercano. Theo, Rose y un grupo de cylon entraron a un pequeño callejón entre dos edificios para buscar una salida, creyendo que no los verían, pero éstos los persiguieron y continuaron disparando a quemarropa; en la lejanía continuaban oyéndose los gritos de terror de cylon y digimon tratando de escapar, sin éxito.

Rose y Theo llegaron hasta una puerta que daba al sótano de un edificio, y entraron a él, para esconderse junto a algunas personas más; estaban aterrados y no sabían por dónde escapar. ¿Qué estaba pasando? –se preguntaban todos- Rose estaba muy asustada por las muertes que había presenciado, y Theo casi estaba en shock; se sentían completamente inútiles.

- Creo que…
- ¿Huh? –dijo confundida la digimon ángel-
- Esta debe ser la desgracia de la que Ellen y los demás fueron advertidos –susurró Theo con pesar-
- Vamos a morir, Theo.
- No digas eso, Rose. No estamos aún seguros de eso.
- Yo sí lo estoy, Theo… Todos vamos a morir.


______________________________


Draco y Wolfgang también lo habían visto desde lejos, y no cabían en su asombro; en un escaparate cercano, un reportero informaba que varias explosiones de semejante tipo habían sido divisadas en varios puntos del planeta alarmando a los presentes. Poco después, la señal se perdió, no sin antes mostrar lo que parecían ser unas extrañas máquinas que emergían del suelo.

Sin previo aviso, comenzaron a oírse disparos en la lejanía, junto a sus siempre compañeros gritos de muerte. Los digimon se ponían en guardia para lo peor, sin saber qué clase de enemigo era, pero seguros que podrían derrotarlo. Pero cuando divisaron a los centuriones que se acercaban quedaron anonadados. ¿Los mismos centuriones que los cylon construyeron, que servían como trabajadores, ayudantes, los estaban atacando?

- ¡¿Qué significa esto?! -exclamó el digimon lobo- ¿Centuriones armados?
- No tengo idea, Wolfgang, pero sabes lo que debemos hacer. ¡¡Todos los digimon capaces de luchar, formen una línea defensiva y protejan a los cylon y digimon indefensos!!
- ¿Sigue con sus aires de líder, ex Presidente? –le preguntó con sarcasmo un GoldRapidmon que estaba a su lado-
- Ahora no es momento de bromas y mejor ponte a la defensiva –le dijo el lobo cyborg con mucha seriedad-

El digimon obedeció y se puso enfrente mientras otro grupo trataba de proteger a los cylon y digimon más pequeños, llevándolos a un lugar seguro. Draco y los demás digimon con capacidad de volar intentaron elevarse en el aire para tener una mejor vista del enemigo, pero al ver que sus esfuerzos eran inútiles, decidieron quedarse en tierra.

- ¿Puedes volar, Wolfgang?
- No, Draco, no puedo –le respondió fríamente-
- ¡Rayos! –exclamó furioso- no nos queda más que luchar a ras del suelo. Trataré de dar algo de tiempo. –juntando sus brazos en lo alto- ¡¡Terra F…!! ¿Qué?
- ¡¡Alient..!! Oh, no… -susurró en voz baja- Significa que…
- ¡¡No tenemos poderes! –exclamban varios digimon, aterrados, al ver que no podrían luchar como estaban acostumbrados-
- ¿Qué vamos a…? –un golpe en seco lo interrumpe-

Los centuriones ya se habían acercado lo suficiente como para poder verlos con mayor detenimiento, mientras filas de cylon y digimon caían al suelo completamente inertes tras ser acribillados; la mayoría eran cylon jóvenes y digimon en sus etapas más básicas: los centuriones no mostraban piedad al disparar… y un Guardromon, que acompañaba a la multitud, ya había caído como víctima, causando el pánico.

- ¡Corran, corran! –gritaban los aterrados cylon humanoides-
- ¡Les cubriremos las espaldas! –exclamó Draco mientras sacaba su escudo- ¡Busquen refugio, ya!
- Draco, creo que deberíamos…
- ¡Ahora no necesitamos tus metódicos análisis, Wolfgang! –le gritó molesto a su amigo-
- Mmm… -gruñido-

Ignorando al lobo cyborg, el guerrero dragón utilizó su escudo para retener la balacera de los centuriones, junto a otros digimon bien armados y protegidos; sin embargo, se asombró al sentir que su escudo estaba siendo magullado por los proyectiles; cosa insólita, ya que el escudo de un Wargreymon estaba entre los más resistentes entre los digimon. Él estaba sorprendido de que esto ocurriera, pero Wolfgang no: el ya suponía lo peor, y por eso… mordió la pierna de su amigo.

- ¡AGH! –gritó indignado por el dolor ocasionado, volteándose para ver al responsable- ¡¿Qué demonios haces?!
- Tenemos que irnos de aquí, Draco. –le respondió de manera muy sombría-
- ¡No podemos; debemos proteger a las personas! ¡¡No soy ningún cobarde!!
- ¡¡ESCUCHAME DE UNA MALDITA VEZ, DRACO!! –le gritó harto de su terquedad- ¡Deja ya ese maldito orgullo tuyo de querer ser el héroe a cada maldito rato que tienes desde niños y hazme caso, dragón estúpido! Dijiste que tenías un mal presentimiento esta mañana, ¿No? Pues ahora yo lo tengo, así que mejor me haces caso.
- Pero, yo….
- Si de verdad eres mi amigo y confías en mí, ven conmigo Draco; debemos escondernos. Además… Rose debe estar en peligro, así como nuestros demás amigos.
- Es… está bien –dijo de mala gana- ¡¡Busquen refugio, corran!!

Tanto cylon y digimon lo obedecieron y se internaron en los edificios cercanos, en los túneles o incluso en los vehículos para poder escapar, mientras Draco y Wolfgang daban algo de tiempo protegiendo a los demás. Sin previo aviso, oyeron un estruendo en el cielo, como si varias naves se acercaran; al fijar la vista en el cielo, el digimon lobo los observo:

Spoiler:
 


Varios cazas habían aparecido, cubriendo el cielo por completo; por desgracia, descubrieron que eran de los centuriones, pues no dudaron en atacar los edificios cercanos, provocando el derrumbe de varios, y disparar a los civiles que trataban de ocultarse o huir por sus vidas.

- ¡Draco, por aquí! –dijo Wolfgang al encontrar un edificio aun intacto-
- ¡Ya voy! –respondió, colocándose su escudo, para luego correr en dirección a su amigo y entrar al edificio-
- ¡Atravesemos el edificio; debemos buscar callejones bien escondidos para ocultarnos!

A pesar de haber perdido sus poderes, la complexión física de Draco le permitió derribar con facilidad algunos de los muros más débiles de los edificios, aunque comenzó a lastimarlo un poco. Ya en una bodega abandonada, se detuvieron para descansar por un momento: habían dejado atrás a cientos de digimon y cylon que probablemente ya estaban muertos, y el sonido de los disparos, las explosiones y los gritos sólo empeoraba la situación, aumentando su estrés.

- Draco, yo…
- No puedo creer que me hayas obligado a abandonarlos…
- ¿Recuerdas ese extraño dolor de cabeza que me dio hace unos momentos?
- Si, lo recuerdo. A mí también me lo dio, pero creo que a ti te afectó más.
- Creo que a todos los digimon… -suspiro- Escúchame, creo que esto que está pasando no es ninguna coincidencia o fruto del azar; todo está relacionado.
- ¿A qué te refieres? –le preguntó el guerrero dragón, sumamente confundido-
- Poco antes de que sufriera de esa jaqueca, mis sistemas detectaron una extraña señal proveniente del espacio, tal vez de nuestros satélites, y poco después me sentí algo débil. Creo que…
- ¿Estás diciendo que fueron los centuriones?
- Piénsalo, Draco; los centuriones están muy bien armados, su blindaje está reforzado, tienen cazas y hasta han empleado armas nucleares… ¿Y no te parece extraño que así de la nada no tengamos nuestros poderes, nuestras habilidades físicas como fuerza, resistencia y agilidad se hayan reducido y estemos indefensos? ¡Los centuriones lo han estado planeando desde hace mucho tiempo!
- No… No lo puedo creer. ¡¿Pero por qué?! ¿Qué les hemos hecho nosotros? ¿O los cylon?
- Lo mismo que les hicieron los humanos a los ancestros de los cylon, Draco: los hemos esclavizado y puesto a nuestro servicio para un sin fin de trabajos, sin considerar sus derechos y sentimientos. Los digimon fuimos aceptados como parte de esta sociedad pese a nuestro origen artificial y nuestro aspecto, pero los centuriones no… y recuerda que son de hecho cylon mecánicos, por lo que deben estar indignados por la preferencia de sus “hermanos cylon humanoides” hacia nosotros.
- Entonces… esto no es una invasión; es un despecho, un acto de venganza… ¿Quieres decir que ellos…?
- Si, Draco; los centuriones nos exterminarán a ambos por igual, por el error que cometimos al tratarlos tan mal.
- Oh… por Dios.

A pesar de lo impactado que estaba por las deducciones de su amigo, Draco sólo estaba preocupado por Rose, y los demás; no los había visto en todo el día, y sólo esperaba que estuvieran bien. Una vez que recuperaran sus fuerzas, ambos salieron a las calles para dirigirse al Centro de Investigaciones, con la esperanza de encontrar a sus compañeros.

Ahora debían esconderse como ratas y cuidarse entre ellos, ya que no serían capaces de salvar a los demás, por lo que tuvieron que ser bastante fuertes para poder atravesar callejones, edificios y escondrijos para evitar ser avistados por el enemigo. En el camino, tuvieron que hacer caso omiso de las densas humaredas provenientes de los incendios y bombardeos, de las explosiones de las bombas, los gritos de socorro de cylon y digimon que eran masacrados sin piedad desde tierra, mar y aire.

Por casualidad, o por obra del destino, se encontraron con Theo y Rose frente a una tienda; ellos también habían decidido salir de su escondite para dirigirse al Centro, y se encontraban sumamente agotados, sin mencionar agitados. Los más emocionados, eran el guerrero dragón y la ángel.

- ¡¡Rose!!
- ¡¡Draco!! –y se abrazaron muy fuerte, felices de estar vivos, mientras sus compañeros los miraban con algo de apuro-
- Debemos irnos de aquí, muchachos; –interrumpió Theo- Anoche Tory me llamó y me dijo que el transbordador que nos llevaría a la nave en la órbita está listo: tal vez sea nuestro único escape.
- ¿Pero y los demás? –preguntó Draco, preocupado por sus demás amigos-
- Rose y yo por desgracia descubrimos el cuerpo de Sam en el camino: lo mataron a balazos.
- Demonios... –susurró Wolfgang entre dientes- Eso me recuerda que la explosión que vimos estaba en dirección al Puente Charón; Galen y Machello suelen ir allí por las mañanas… Eso significa que…
- ¡¡NO!! –gritó Rose desconsolada al saber que podrían estar muertos-
- Al menos… -agregó Theo- Galen y Sam podrán revivir en la nave gracias a la Resurrección.
- Si… -dijo Draco mientras se levantaba nuevamente- Debemos ir al Centro de inmediato y huir en la nave… No nos queda de otra que irnos de este planeta.

Decididos a escapar de aquel infierno, Draco y los demás corrieron por las calles repletas de escombros, autos acribillados y cuerpos inertes en busca de la ruta más corta al Centro Prometheus; Rose no paraba de llorar en silencio al ver semejante masacre, mientras los hombres se limitaban a continuar, aunque derramando una que otra lágrima.

Faltaban unas pocas calles para llegar, hasta que se encontraron con algo aterrador: dos cuerpos tirados en la calle y cubiertos de impactos de bala, rodeados de un charco de sangre; pero no eran de desconocidos: eran Ametist y Osamu, abrazados de manera casi tierna, como si lo último que hicieran en vida fuera estar juntos al momento de su muerte.

Sus compañeros, al verlos, sólo podían llorar en silencio su ida, muy compadecidos al verlos en esa posición; pero las circunstancias no les permitieron llorarlos con el tiempo suficiente, ya que el sonido de los cazas los alertó en sobremanera…

Pero ya era tarde, una de las naves apareció de la nada y disparó contra ellos; al ver que la balacera impactaría contra Rose, Theo se puso frente a ella y recibió los disparos en un intento por protegerla, pero su armadura ya no tenía la resistencia de antes, y fue capaz de sentir cada bala atravesando su blindada protección y el resto de su cuerpo, con un ardor insufrible. Sin embargo, su intento fue en vano, ya que Rose recibió de todas formas varios impactos de bala en el pecho y las piernas, imposibilitando su movilidad. Era definitivo: Sus heridas eran fatales.

- ¡¡ROSE, THEO!! –corrió el guerrero dragón en su auxilio-
- ¡Ya vamos! –correspondió el lobo cyborg-
- ¡Rose, Rose! –suplicaba con lágrimas en los ojos al verla tan herida- ¡No te vayas, Rose, por favor!
- Lo siento, mi amor… Lo... sien... to…
- ¡¡NO TE VAYAS!! ¡Te necesito! ¡Te amo!
- Has… ta siempre, Draco… -y bajó la cabeza-
- Está muerta... –dijo Wolfgang con las lágrimas corriendo de sus ojos-
- Dra…co… Perd... –trataba de hablar el digimon ángel de alas doradas- Perdóname por… no… po... der salvar... la, y por, mi ac... titud.
- Tú no tienes la culpa de nada –dijo en sollozos- Amigo, por favor... no nos dejes…

Pero el Seraphimon también había quedado en silencio; ambos digimon ángel yacían muertos en el asfalto acribillado, uno sobre el otro tratando de protegerlo. A pesar de su perdida, y de las lágrimas que ya había derramado, –perdió a varios de sus amigos, a su esposa e incluso a su hijo- Draco volvió en sí, decidido a continuar, aun con la preocupación de Wolfgang al creer que buscaría venganza.

- Sé lo que piensas, y créeme que no nos conviene que busques una retribución ahora, Draco: –dijo tratando inútilmente de ocultar su tristeza- Ellos también eran mis amigos y lo lamento mucho, pero debemos seguir hasta el Centro y abandonar la Tierra cuanto antes. No podemos hacer nada aquí.
- Si –suspiro- Sigamos…


Ambos megadigimon retomaron el camino al Centro Prometheus en busca de alguno de sus amigos que hubiera podido sobrevivir; ya la mayor parte de los edificios de la ciudad estaban en ruinas e incendiándose, dándole al cielo una macabra tonalidad carmesí debido a las llamas y al humo. En el cielo, continuaban sobrevolando los cazas, pero en tierra ya no se oían disparos o el avance de los centuriones; lejos de parecer una buena señal, esto solo podía significar lo peor.

Spoiler:
 

Al pasar por lo que parecía ser una taberna, creyeron oír un ruido, y se pusieron en guardia. Un individuo en traje, con algunos raspones, salía del edificio.

- ¡¡SAUL!!
- ¡¡Draco, Wolfgang!! ¡Me alegro de verlos! –exclamó el hombre calvo-
- ¡¿Qué haces aquí?! ¡Creímos que estabas muerto! –dijo Draco-
- Sabes cuánto me gusta ir a beber un trago por las mañanas... –suspiro- Es la primera vez que la bebida me salvó la vida… -sacudiéndose la ropa- Esos tostadores mataron a todos los del bar, menos a mí, que me quedé encerrado en el baño. ¡Rayos! –exclamó al ver la ciudad en ruinas-
- ¿Puedes caminar? –le preguntó el digimon lobo-
- Si, si puedo…
- Entonces vamos; debemos ir a esa nave y largarnos de aquí.
- ¡¡Ellen!! –exclamó Saúl al recordar a su esposa- Ella está en el laboratorio.
- Si tenemos suerte, la encontraremos con vida. –dijo Draco-
- ¿Y los demás?
- Están muertos, Saúl –dijo Wolfgang con pesar-
- Demonios... lo… siento Draco –dijo el hombre al ver al megadigimon cabizbajo-
- Está bien, Saúl… Vamos.

Draco, Wolfgang y Saúl corrieron por los callejones hasta llegar al Centro de Investigaciones, el cual parecía estar considerablemente dañado por los ataques. En frente del edificio, se percataron de un pequeño auto rojo estrellado contra la acera: era el de Tory; cuando vieron el interior, descubrieron que aún se encontraba allí… con varios impactos de bala en el pecho y la cabeza, los parabrisas delantero y trasero estaban totalmente destruidos y salpicados en sangre.

- Pobre Tory –susurró Wolfgang entre dientes-
- Estos tostadores no tiene compasión, maldita sea.
- Al menos… ella revivirá en la nave –agregó el Wargreymon- por suerte lograron reinventar la Resurrección.
- Si… -dijo entre dientes, algo molesto-
- Oye, Draco –interrumpió Wolfgang, aprovechando la breve calma- Sé que no es el momento, pero hay algo que siempre quise saber.
- ¿Qué es?
- Cuando estábamos en el cargo, muchos miembros del gobierno se rehusaban con la investigación de la antigua tecnología de Resurrección, incluso el Departamento de Ciencias y Tecnología y el de Cultura. De hecho, incluso yo estaba en desacuerdo, pero tú estabas indeciso. Pero luego, les brindaste todo tu apoyo a Ellen y a su equipo de investigación; sin ti, nunca lo hubieran podido lograr, al menos de manera legal.
- Y el punto es…
- ¿Por qué decidiste apoyarlos?
- Pues... –intervino el guerrero dragón, muy pensativo- no creas que lo hice por nepotismo, sino porque creí que era mi deber, y… que esa tecnología nos ayudaría a todos algún día: a cylon y digimon por igual.
- Pues espero que así sea, -dijo el lobo cyborg al oír el avance de los centuriones cerca de su ubicación- ya que están acercándose.
- ¡Saúl! –exclamó el guerrero dragón, dirigiéndose al cylon de mediana edad- Debes entrar allí y buscar a Ellen de inmediato; nosotros te daremos tiempo.
- ¿Pero y ustedes?
- Estaremos bien, Saúl –agregó Wolfgang, tratando de calmar al hombre- Su bienestar es lo más importante; deben ir de inmediato y advertir a los humanos de esto.
- Si no nos volvemos a ver –terminó Draco- hágannos el favor de no olvidarnos por favor.
- Jamás lo haríamos, amigo.
- Ve…
- Está bien; el transbordador está en el hangar subterráneo del tercer subsuelo. Los estaremos esperando; y si ya estamos muertos, úsenlo por favor. Suerte.

Saúl entró al edificio a buscar a su esposa, manteniendo las esperanzas de que estuviera viva, mientras Draco y Wolfgang esperaban a los centuriones, listos para darle a Saúl algo de tiempo. A medida que se acercaban, pensaban más y más en sí podrían salir vivos de esta.

- ¿Tienes miedo, Wolfgang?
- Claro que sí, amigo mío –respondió calmado-; mentiría si dijera que no. ¿Y tú?
- Por supuesto que sí, pero no quiere decir que deba quedarme de brazos cruzados.
- Lo mismo opino.
- No sé si podamos salir de esta con vida… y subamos a esa nave. Pero no dejaremos que el legado de Saúl y los demás desaparezca.

Cuando llegaron los centuriones frente al edificio, Draco y Wolfgang se abalanzaron hacía ellos a gran velocidad, atacándolos salvajemente hasta destrozar cada centurión que sus fuerzas les permitían: Draco empleaba rápidos movimientos de sus Dramon Killer para destrozarlos, mientras que Wolfgang usaba sus alas –ya inútiles para volar- como cuchillas, incapacitando a cada centurión enfrente suyo cortándole las piernas.

La fila de “tostadores” había sido eliminada –en parte porque apenas tenían ya proyectiles-, y aprovechando la oportunidad, decidieron ir en busca del transbordador. Sin embargo, una sorpresiva nueva oleada llegó a los pocos minutos y comenzó a disparar al aire. Wolfgang volteó y vio que planeaban disparar contra Draco, así que saltó al aire para tratar de tirarlo al suelo y salvarlo, pero la balacera lo golpeó duramente, y cayó al suelo como un saco de plomo, aún con vida, pero con heridas en todo el cuerpo.

- ¡¡WOLFGANG!! –y corrió a socorrerlo, pero ya era tarde- ¡¡No, por favor!! ¿Por qué lo hiciste?
- Por... que so… somos… ami… amigos.., idiota…
- ¡¡NO ME DEJES SOLO; POR FAVOR!!
- Nunca… estarás… so… solo.

Esas fueron sus últimas palabras: el Metalgarurumon había muerto en ese mismo instante, entre tanta destrucción, dejando solo a su amigo de la infancia en medio de un auténtico exterminio. El Wargreymon sólo podía llorar pérdida más reciente, derramando lágrimas a su inerte cuerpo, para luego dirigir toda su rabia hacia sus asesinos.

Apenas se levantó lanzó un estruendoso grito al momento de correr hacía los centuriones y destrozar a todos los que podía con sus Dramon Killer. Pero era inútil; ya estaba cansado, herido y su armadura estaba muy dañada. Con sus últimos golpes, uno de sus Dramon Killer quedó totalmente destrozado, así como su hombrera izquierda y parte de su escudo. Ya agotado, cayó al suelo sin fuerzas para poder volver a levantarse.

De reojo miraba como un grupo de centuriones entraba al edificio, y luego uno de ellos se le acercaba lentamente; éste lo miraba con sus brillantes ojos rojos que parecían escanearlo poco antes de asesinarlo. Tenía miedo, pero morir ya no le importaba: había perdido a todos sus amigos, conocidos, vecinos, a su esposa, a su hijo, su hogar; al menos había logrado su cometido y darle algo de tiempo a Saúl para buscar a Ellen y huir. Ahora sólo esperaba el golpe final.

Repentinamente, sintió que el tiempo parecía detenerse, y el silencio se impuso en todo el lugar; al mismo tiempo, Draco miraba por el rabillo del ojo al cielo, donde vio un haz de luz muy cálido y tranquilizador que parecía tomar forma… y no una cualquiera: era la de su esposa –o eso creía- que descendía suavemente con una expresión de felicidad en su rostro; en uno de sus brazos, se hallaban dos pequeños digimon en etapa bebé, un Botamon y un Snowbotamon. La Angewomon resplandeciente uso su mano libre para mover la cabeza de Draco con delicadeza y tenerlo frente a frente, así el guerrero dragón la pudo apreciar mejor.

- ¿Ro… Rose?
- Volveremos a vivir, Draco… A través de nuestros hijos… -repuso mientras acariciaba su rostro con sus delicadas manos-
- ¿Nu… nues... Nuestros hijos? –dijo confundido- ¿Esos son… nuestros hijos?
- Debes estar orgulloso de ellos; les espera un gran futuro. –le habló la aparición angelical-
- Lo… lo estoy... –dijo mientras derramaba lágrimas y trataba de acariciarlos-

El megadigimon lloraba al verlos, pero no de tristeza o por el hecho que iba a morir, sino porque al fin podría estar junto a su familia y vivir lo que nunca pudieron vivir juntos. Tal era su sensación de epifanía que no sintió la bala que el centurión le había disparado en el corazón, de cuya herida manaba abundante sangre. Pero eso ya no importaba: había muerto feliz de saber… que algún día, se reencontrarían.


______________________________


Saúl Tigh había despertado en una de las tinas de resurrección de la nave en órbita: el líquido amniótico de la misma cubría su desnudo nuevo cuerpo. Era una sensación muy extraña esto de la transferencia de memoria, pero era pasable, considerando lo que había ocurrido. Frente a él, estaba su esposa Ellen, cubierta con una toalla desde el pecho hasta la altura de las rodillas; también había acabado de revivir.

- Toma, Saúl –pasándole una toalla-
- Gracias, querida –le respondió mientras se levantaba de la tina y envolvía su cuerpo con la misma- ¿Estás bien?
- Si –respondió fríamente-
- Espero no volver a pasar por esto nuevamente ¿Dónde está la ropa?
- En el armario; cambiémonos aquí. Sam, Tory y Galen ya nos están esperando.
- ¿Quién fue el primero en llegar?
- Galen; nos dijo que la explosión del puente Charón lo vaporizó en el mercado.
- Mmm… Ya veo.

Luego que la pareja se vistiera, se reunieron con sus demás compañeros en el puente de mando; todos estaban sumamente serios y casi inexpresivos por lo que habían visto. Y más que nada, estaban solos en esa enorme nave interestelar. Sam oía las transmisiones de radio provenientes de la Tierra, que al principio daban lo mismo: podían socorro a las ciudades vecinas y ayuda del ejército, solo para después ser acalladas. Las pantallas mostraban repetidas grabaciones de la superficie de la Tierra cubierta de explosiones nucleares que aparecían cada cierto tiempo, cubriendo cada pedazo de tierra firme arrasando ciudades, pueblos y villas, e incluso el mar. Los datos actuales mostraban una Tierra con menos explosiones, y ninguna emisión de socorro.

Spoiler:
 


- Es oficial; –repuso Samuel con mucho pesar- No se detectan señales de vida.
- Parece ser... –agregó Galen- que la aniquilación fue total; ni los centuriones sobrevivieron: estamos solos.
- No puedo creer… que los tostadores esos nos hayan hecho esto.
- Por la forma en que los tratamos, no me extraña, Saúl. –dijo Tory al otro lado de la habitación- Los esclavizamos convirtiéndolos en nuestros sirvientes, tratándolos como meras herramientas… y nos olvidamos que alguna vez fuimos como ellos.
- Nuestros ancestros, dirás.
- Tienes razón -afirmó Sam, convencido de las palabras de su compañera- Pero aun así…
- Los digimon… no se merecían esto –dijo Ellen entre sollozos- ¡No se lo merecían!
- Ellen… –dijo Saúl, acercándose a su esposa para tratar de consolarla- No fue nuestra culpa.
- ¡¡SÍ LO FUE!! –estallando en llanto- No consideramos a los centuriones, y comenzaron tener celos de los digimon ya que a ellos si los respetábamos. Y ahora… todos están muertos… Hyparion y Jane se sacrificaron para evitar que me capturaran… Y Draco... ¡Pobre Draco! –dijo en voz apenas audible- Lo conozco desde que era una niña en el jardín de infantes…, crecí con el… Incluso estuvo en el funeral de mi padre… -cubriéndose el rostro para llorar desconsolada-

Nadie intentó detenerla; los otros cuatro cylon bajaron la cabeza en señal de luto y lloraron en silencio la perdida de sus amigos, -a quienes recordaban en los buenos y malos momentos-, y de todos los digimon, pues inevitable e involuntariamente, habían provocado su extinción.

- Ellen, sabes que también eran nuestros amigos, -le habló Sam con ternura- pero no nos podemos quedar aquí a llorar por ellos el resto de nuestras vidas. Ellos no lo hubieran querido así; debemos continuar, en memoria de los digimon.
- Tiene razón, -agregó Tory, enjugándose las lágrimas- Debemos advertir a los humanos del riesgo de crear vida artificial y no tratarlos con respeto. O les podría pasar lo mismo.
- ¿Pero a donde podremos ir? –preguntó Saúl al grupo- No sabemos dónde están las Doce Tribus y sin mencionar que Hyparion no terminó el motor FTL; esta nave apenas viaja al 99% de la velocidad de la luz. Tardaremos siglos en llegar a alguna parte.
- Las cabinas de hibernación están listas. –dijo Galen- Ametist y Osamu las terminaron hace tiempo; podremos mantenernos en un estado de animación suspendida durante el viaje mientras la nave viaja en piloto automático. Pero necesitamos un destino. ¿Ellen?
- El Templo de la Esperanza.
- ¿Qué? –exclamaron atónitos al unísono-
- ¿Te refieres al templo que nuestros ancestros construyeron en aquel planeta de algas?
- Sí, Tory, a ese mismo; nuestros ancestros lo construyeron para detenerse a rezar pidiendo una señal que los guiara a un nuevo hogar. Las coordenadas están en la base de datos de la nave; si vamos allá, tal vez…
- Es un comienzo. –agregó Sam-
- Entonces será mejor que hibernemos; será un viaje largo.

Los otros cuatro científicos asintieron con la cabeza y se dirigieron a la sala de hibernación, mientras Galen introducía las instrucciones a la computadora con el curso programado y activaba el piloto automático, para luego ir a hibernar, pero Ellen se quedó frente a una ventanilla, observando tristemente el planeta que alguna vez llamó hogar, y el cual ahora era nada más que un páramo radiactivo. Al verla, Sam fue junto a ella, y la tomó del hombro.

Spoiler:
 

- ¿En qué piensas?
- En todo lo que dejamos atrás… Parece aún imposible de creer que esto pasó.
- Lo sé; hoy fue un día que no debe ser olvidado por nosotros jamás.
- Así es... –suspiro-
- Oye ¿Qué es eso? –mirando un extraño objeto negro y rectangular en la manos de la mujer-
- Es un disco de almacenamiento de datos de gran capacidad. Draco y los demás me ayudaron a crearlo.
- ¿Qué contiene?
- Toda la información sobre cada especie de digimon existente en el planeta; planeábamos llevarlo para mostrarles a los humanos la gran variedad de digimon que existían…
- Pero si tiene toda la información de cada digimon... –meditando- Eso quiere decir que…
- ¡Podremos crearlos nuevamente! -exclamó al darse cuenta de ese detalle-
- Es posible, pero no tenemos los medios para hacerlo, al menos aun no; nadie sabe, por desgracia, como fue que Daniel Oliwah los creó.
- Sea como sea, me encargaré que los digimon tengan el renacimiento que merecen –dijo Ellen muy decidida- y les dotaremos de la Resurrección como a nosotros para que no ocurra lo que pasó aquí.
- Pero si hacemos eso, entonces serían…
- Mitad cylon, lo sé… -respondió la mujer, terminando la frase-
- Aun así, necesitaríamos a un Daniel como el original.
- Lo hallaremos…

Ellen y Sam luego entraron a las cámaras de hibernación, esperando el día en que encontraría a las Doce Tribus y se aliarían con los humanos para ayudarlos a evitar una catástrofe como la suya, y si lo conseguían, también podrían recrear a los digimon y darles una segunda oportunidad. Sólo el tiempo lo diría…



______________________________



EPÍLOGO


152.000 años después...



Me hallaba con muchas confusiones al haberme despertado en aquel lugar de manera tan repentina; mi cabello y mi ropa estaban cubiertos de polvo gris y la luz era sumamente intensa. Al levantarme, caminé varios metros para averiguar en donde estaba. Creí inicialmente que era de noche debido al cielo negro y tachonado de estrellas, pero al ver el gran resplandor sobre mi cabeza, quedé sin palabras: no era la Luna, era el sol.

- ¡Estoy en la Luna! –exclamé demostrando mi asombro- ¿Pero cómo?

Nadie estaba para responderme, por lo que seguí caminando –no sé por qué, tal vez por impulso- Subí por una colina hasta llegar a una zona más elevada, donde encontré entre el polvo varios escombros metálicos que no parecían ser de alguna misión de la NASA o la Agencia Espacial Rusa; los revisé con detenimiento y descubrí que eran de un metal bastante fuerte y resistente, en nada parecido al aluminio u oro material que hay conocido, entre ellos hallé algunos papeles perforados con letras impresas -¿Papeles en la luna? Me dije- Al revisarlos, al principio parecía que estaba leyendo algo en una lengua semítica, como hebreo o arameo, pero luego, inexplicablemente, los caracteres se volvieron latinos, como si estuvieran escritos en inglés; así puede leer en uno de ellos: “Informe de Reparaciones de Galáctica”

Spoiler:
 


Tomé algunos de ellos y seguí mi caminó, mientras los revisaban, tropecé sin querer con lo que creí era otro escombro de metal, pero al revisarlo con mayor detenimiento y desempolvarlo, caí de asombro: era algo parecido a un yelmo metálico, o la parte superior de un robot, con un letrero adjunto que decía: “Centurión Cylon de la Guerra Cylon”*

Spoiler:
 


Cuando creí que no podía estar más fuera de mí, desvié mi mirada hacía la Tierra, que resplandecía a lo lejos con su brillo azulado provocado por el reflejo del sol.

Spoiler:
 


Entonces noté algo raro: unos minúsculos destellos que parecían aparecer en su superficie intermitentemente… como si fueran… explosiones continuas. Apenas noté esto, me di cuenta que no estaba solo: Enfrente mío estaban un hombre de cabello castaño oscuro y bien arreglado vestido con un traje a rayas, una hermosa mujer rubia con un vestido rojo muy provocativo, y lo más bizarro: un Wargreymon y un Metalgarurumon. Los cuatro, observaban la Tierra de manera muy pensativa, y yo los escuchaba discutir entre ellos sin que pareciera molestarlos con mi presencia. Algo se me hacía claro: esos no eran humanos, y tampoco eran digimon.

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Spoiler:
 

- Comercialismo, decadencia, tecnología fuera de control. ¿Se te hace familiar? –dijo la mujer del vestido-
- Como olvidarlo: Kobol, la Tierra –la Primera antes de esa-, las Doce Colonias antes de la Caída.
- Todo esto ya ha pasado antes… -dijo la mujer-
- Pero la pregunta persiste, –intervino el hombre en traje- ¿Tiene que volver a pasar? ¿Tuvo que volver a pasar?
- Al parecer si: -dijo el dragón- Sólo que esta vez, estos “humanos” no crearon cylon.
- Pero estaban a punto de hacerlo –dijo el lobo- De todas las naciones de esta “Segunda Tierra”, una de ellas estaba bastante cerca; pudieron haber cometido el mismo error.
- No es coincidencia –dijo el “Wargremon”- que los primeros Niños Elegidos “humanos” que fueron escogidos para tener compañeros digimon sean de esa nación.
- Pues no… Todo fue debidamente planeado.

Por unos minutos hubo silencio mientras contemplaban el planeta azul, que presentaba cada vez más esas explosiones que ya me suponía era de origen nuclear, pero... ¿De quién? Luego continuaron su conversación.

- Los hijos de Hera están siendo asesinados. –dijo la mujer con algo de congoja en su voz-
- Por desgracia, los hijos parecen estar destinados a pagar los errores de sus padres. –agregó el sujeto de traje- Solo que esta nueva generación de humanos ha cometido peores atrocidades que sus padres de las Doce Colonias.
- ¿Dices que se lo merecen?
- Tal vez –le respondió mientras se le dirigía, mirándola a los ojos- Pero merecen una oportunidad.
- Los hijos de Daniel también están muriendo. –dijo el dragón guerrero bajando la cabeza, muy cabizbajo-
- Digimon masacrados sin piedad, tal y como ocurrió antes –agregó el lobo cyborg con congoja-
- Incluso los digimon deben pagar sus actos; nadie escapa al Juicio de Dios.
- Pero ellos también representan el futuro, una nueva etapa en la evolución cósmica de la Creación. Y sabes –insinuándosele a la mujer del vestido, con una sonrisa algo seria- que a Él no le gusta que lo llamen así.

Ellos callaron un momento para contemplar nuevamente en silencio lo que parecía ser un ataque masivo a la Tierra, como si sólo pudieran observar, deliberar y juzgar, más no actuar. No entendí de qué habían estado hablando, pero debía de ser algo muy importante y relacionado con lo que pasaba en la Tierra. Luego desviaron su mirada hacía mi dirección, lo que me asustó inicialmente, pero luego sentí una sensación de calma indescriptible mientras se acercaban a mí.

- Te estábamos esperando. –me respondió la mujer-
- Necesitamos que les des un mensaje a los hijos de Hera y a los hijos de Daniel, así como a los cylon. –dijo el hombre de traje-
- ¿Cuál es el mensaje? –les pregunté, sin saber aun de que me hablaban-
- El Primogénito arrepentido ayudará a los humanos y a los digimon. –repuso el hombre de traje-
- La Primogénita de Hera, la portadora de la Luz guiará a los tres pueblos al origen de su historia. –agregó la mujer-
- El Séptimo Hijo regresará del olvido y salvará sus hijos. –dijo el guerrero dragón-
- En los hombros de esos tres está el destino de las tres razas: Los Cylon, los herederos de la Humanidad, y los herederos de los Digimon. –completó el lobo cyborg-
- Si el ciclo de destrucción se rompe, las tres razas podrán vivir en armonía.
- Si no es así, estarán condenadas a la extinción total.
- Los humanos se han extinguido, los digimon se han extinguido, y los cylon pueden seguir el mismo destino.
- Deben unir fuerzas ante la adversidad, y no dejarse llevar por las diferencias, sino por las semejanzas.

Apenas cabía en mi asombro por semejantes palabras… ¿Cómo podrían ser escuchadas estas palabras de advertencia por tres razas tan dispares? A pesar de ello, decidí cumplir con mi misión de mensajero. Pero antes de irme, uno de los digimon hizo un ademán para decirme una última cosa.

- Entre los elegidos hay dos cylon de la nueva generación… Y entre los digimon hay cuatro: que son los responsables del Segundo Renacimiento de los Digimon, pues el primero fue abortado por aquel que mató a su hermano y a sus padres por celos.
- Pero hay otro último cylon –agregó el otro digimon, si es que se le podía llamar como tal-, que al ser develado podrá poner fin al ciclo de destrucción, y traerá la paz.
- Diles a las tres razas…
- Que el Creador de los Digimon…
- El Artista, el último que será develado.... El Séptimo Modelo Cylon
- Daniel Oliwah… está vivo.


FIN




Notas Aclaratorias:

- CYLON: son las siglas de Cybernetic Lifeform Node.
- Casi no hay información de la Treceava Tribu, por lo que los nombre de las locaciones como la capital y partes de la misma son ficticios.
- En la serie, el séptimo modelo cylon nunca tuvo un apellido conocido o una aparición oficial, aunque el nombre si es real. El apellido Oliwah es un derivado de Daneel Olivaw, un personaje robótico de la Saga de "La Fundación" (http://es.wikipedia.org/wiki/R._Daneel_Olivaw) y que tiene gran importancia en la trama. El Daniel mencionado aquí también la tiene, en el fic al menos.
- El epílogo transcurre en el año 2003, la misma época y mismo momento del OS de: ¿Quién soy? ¿Qué soy?
- El hombre y la mujer que aparecen en el epílogo son personajes de la Serie BSG, conocidos como Head Baltar y Head Six. http://en.battlestarwiki.org/wiki/Messengers
- La Hera mencionada en el epílogo no se refiere a la diosa, sino a un personaje de BSG llamada Hera Agathon, una niña que resulta ser el primer híbrido exitoso de humano y cylon, y que a la vez es la Eva Mitocondrial, de quien desciende todo el género humano que vive actualmente en la Tierra.
- El personaje que se encuentra en la Luna sumamente confundido no es nadie en particular, lo creé de manera que el lector se identifique con él y se meta, de alguna forma, a la historia.
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Talgoose



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Fecha de inscripción : 04/03/2011

MensajeTema: Re: Battlestar Digimon. Anécdotas   Lun Oct 31, 2011 1:01 am

osease que Kari seria la primogenita de hera, la portadora de la luz.
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MensajeTema: Re: Battlestar Digimon. Anécdotas   

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