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 Justicia y Poder

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Juri Di Lammermoor

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Mensajes : 141
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Edad : 28
Localización : Montevideo

MensajeTema: Justicia y Poder   Jue Jun 16, 2011 12:06 am



Justicia y Poder

Preludio.



Los Estados Unidos del Norte, basto territorio que se expandía de lo que fue una vez Noruega hasta lo más profundo de siberia.
Eran muchos los rumores de la transparencia de su política y fuerzas militares. Más, todo era cumplido con una perfecta prudencia, se encontraba limitando por do quier con su enemigo.
Numerosos cambios se habían producido en más de esos cien años. Crisis, pandemias, hambrunas y finalizando por una tercera guerra mundial, la cual, había dividido al mundo en grandes bloques. Algunos más poderosos que otros.
Obsoleto se encontraba el término de país como tal, ya solo quedaban las alianzas o los imperios aislados.
Y en un mundo dispar y con diferentes medios de mando y reparticiones de bienes, era casi utópico esperar la paz.

Era una tarde calida de agosto la que acompañaba a la ciudad de Oslo. No eran más de siete jóvenes los que se encontraban sentados sobre el césped de la plaza, tomando un jugo. Eran amigos, si, más, dos de ellos, tenían una especial condición. Aquel basto lugar no era su hogar y de alguna forma, no eran más que un par de intrusos que llegaban a visitar a aquellos ya amigos. Hace unos tres años que mantenían conversaciones cibernéticas, pero, eso jamás había sido una barrera para acercarse a la gente, por el contrario, era una poderosa arma.
Sin embargo, esos norteños no eran para nada hostiles con sus invitados vecinos, “los confederados”, al igual que en la antigua guerra Norte Americana, era ese el vulgar nombre que les solían poner.
Pero para ellos, solo era un detalle, se sentían cómodos. El vuelo había sido corto y planeaban pasar el día juntos, para retirarse a última hora de la noche.

Boris tenia una especial cercanía con la joven extranjera, quizás, se debiese solo a las horas de plática de profundos y delicados temas o a la simple desesperación de escapar de aquel lugar. Más, ellos deseaban pasear, animado, Erick les propuso tomar el subterráneo, para llevarles a pasear por el centro de la ciudad.

No es que el lugar fuese primitivo, es que, simplemente, comparándolo con lo que estaban acostumbrados, lo era. Mantenía sus antiguas edificaciones, aquella estación de metro jugaba con lo moderno y con lo antiguo.
Había sido bombardeada durante la guerra, en manos de sus vecinos, quienes fueron la unión victoriosa de la guerra, hoy, aliados bajo un mismo símbolo. Para los norteños, aquella pared tenía sentimientos encontrados, algunos habían elegido seguir su camino adelante, mirar un futuro mejor y dejar atrás los rencores. Más su mayoría contenía a diario el odio a sus vecinos, casi en un ritual xenofobico despotricaban al solo verle. Y era obvio, la pared no seguía ahí por mera estética, sino por terror de las autoridades al olvido.

Pero ellos eran jóvenes e idealistas. No olvidaban el dolor del pasado, pero entendían que para un mejor futuro era vital encontrar la paz. Los oriundos de la frontera, temían, pese a la continua protección y cuidado de sus amigos.
Elina era quien parecía más alegre por la visita, no era que sus amigos no lo estuvieran, pero su forma de expresarlo, era muy peculiar. Esto hacia sentirse profundamente incómodos a los extranjeros, sobre todo a Lawrence, quien permanentemente buscaba refugio tras su compatriota.

La espera fue duradera, más, el continuaba nervioso por todo aquello. Sabia que su presencia en ese lugar era incorrecta, que, apenas alguien se enterase se formaría un revuelo. Y se sintió paralizado y tembloroso, para tomarle la mano con fuerza a Marina.

-Cálmate, nadie se enterara de esto.

La miro a sus profundos ojos verdes, se la veía tan segura de lo que decía. Trago saliva con su garganta completamente cerrada. Más todo fue rápido, la divertida Elina lo tomo de la mano, para correr directo hacia el vagón.
Se dispusieron a sentarse cómodamente en los confortables asientos del lugar.

Para Lawrence no había quedado opción, la energética morocha le había arrastrado a su lado, para comenzar a hablarle de la historia del lugar. El la conocía a la perfección, pero prefirió callar. Estaban muy lejos de ser niños, más, ella amaba expresarse como una. Modest era acompañado por Sergei, se besaban sin ninguna vergüenza. La mayoría de la gente parecía no reaccionar ante aquello. Pero sin duda que no ayudaba al plan de discreción de Lawrence. Por otro lado Boris le hablaba a la rubia, ella se esforzaba profundamente por ocultar el rubor que teñía sus pómulos, al tan solo escuchar aquella profunda voz. Pero su esfuerzo tenia que ser mayor que nunca, sabia quien era y que podía permitirse y que no. Erick de vez en vez volteaba para hablarles, pero entendía que debía dejarles su espacio.

Fueron dos paradas después, que cuatro tipos con oscuras vestimentas y maquiavélicas miradas abordaron el tren. Para él fue imposible no notarlo y mostrar una mirada de obvia impresión y rechazo.

-No te preocupes-Le susurro la alegre joven- Son radicales y violentos, pero no tienen como saber de donde vienes.

Y su indiscreción no había ayudado. Modest la miro de reojo. No había escuchado sus palabras, pero, no por nada era su prima, la conocía más de lo que deseaba e imaginaba perfectamente por donde venia la cosa.
Lawrence logro notar esto y como a consecuencia de las palabras frenaron violentamente las caricias entre los jóvenes amantes.

-¿Radicales políticamente hablando?-Intento disuadir lo que imaginaba.
-No, tonto, ya sabes, no les gustan la gente como tu-susurro más bajo aun, para ponerle la piel de gallina-A veces les dan fuertes golpizas y terribles asesinatos, son un movimientos muy violento y fuerte por aquí.

El dueño de aquella suave cabellera castaña clara, tomo de la mano de su compañera, quien preocupada miraba a su compatriota, automáticamente comenzó a intercambiar miradas con los hombres. Llevaba un colgante de plata, pequeño, pero visible al fin, el cual, la regalaba fácilmente.

-Vamonos-Les dijo por lo bajo, para que el resto del grupo le imitase.

Se pararon junto a la puerta, esperando aceleradamente que el tren parase y bajar en la siguiente estación, sin importarles cual fuese.
Pero los ojos del cuarteto seguían clavado en ellos. Cual victima mira a su presa antes de hacer el primer movimiento.
La atmósfera de aquel lugar podía cortarse con un bisturí. Como si una densa nube de gas se esparciera en el ambiente, prohibiéndoles respirar.
Y se abrió, los seis corrieron rápidamente por el pasillo de aquella desconocida Terminal.

Un disparo se perdió en el vació del lugar. El eco resonó con violencia en sus oídos. Preso del nerviosismo Lawrence se detuvo en seco.

-Yo no quería esto-Hablo casi en un suspiro-No lo deseaba, pero no podía darles la espalda, solo no podía.

Y la gente gritaba enloquecida, pero aquel grupo tenia bien claro sus objetivos, no tenían intenciones de atacar a sus compatriotas ni mucho menos.
Boris reacciono rápido, doblando ágilmente por un pequeño pasillo, siempre mantenido de la mano de la chica.

-Necesito hacer una llamada telefónica-Hablo esta deteniéndose para sacar un extraño aparato.
-¡¿Ahora!?-Le miro molesto- Estas loca, esta te puede salir cara.

Los habían perdido, la tensión parecía enfocarse ahora en los cinco jóvenes. El no podía evitar mirarla preocupado, ella segura comenzó a hablar.

-Necesito que me mandes a uno de los helicópteros de la frontera a Oslo, ya. La más veloz, da la orden a mi nombre.

Y un estridente y agónico grito inundo el lugar. Su corazón se helo durante un segundo, lo reconocía, demasiado bien.

-Y manden curativos-Hablo para guardar un silencio brusco-Y dile a Bal que prepare una habitación perfectamente equipada.

Atónito la miro, no entendía nada y tampoco era el lugar de preguntar. Apenas colgó, soltó un agónico llanto. Sentía como toda la culpa podía caer sobre ella. Fue su idea venir, fue su idea pedirle que se hiciera cargo, tirarle ese peso.
Apoyo su cuerpo contra la pared, para dejarse caer, con sus ojos bañados en lágrimas. El joven se acerco, para besarle delicadamente los labios y agarrarla de la mano.

-Hay que escapar, este no es momento de llorar a los heridos.

Lo sabía bien e imploraba a que no fuese nada más que una herida, como el decía. Que se encuentre, bien, que nada empeore.

Y se dejaron llevar por sus presentimientos, para encontrar la salida correcta. Tardaron una media hora, para fortuna de ellos, no se encontraron con ninguno de aquellos hombres, pero tampoco de sus amigos.

Lograron subir al exterior. La policía estaba en la puerta, con un pequeño operativo. No apoyaban lo que aquellos rebeldes hacían, pero, tampoco les desagradaba la idea.

Ella lloraba desconsolada en sus brazos, así fue durante unos quince minutos. Y las novedades de los chicos no llegaban.

Y un imponente ruido invadió el lugar. Un moderno helicóptero oficial del vecino principado estaba ahí. Un importante número de militares con tecnología de punta bajaron de él, para hacer caso omiso a los federales locales y meterse en la estación, tenían clara la importancia de la misión.

-Su alteza Marina, tenemos ordenes claras de sacarla de aquí ahora mismo.
-¿Alteza?-La miro entre incrédulo y molesto.
-Lo lamentó, me debo ir-Le beso la mejilla apenada-Adiós.
-¡Espera! ¿Qué significa todo esto?
-No puedo… perdona.
-Señorita, hay que irse de aquí.
-No podemos marcharnos sin él.

Pero la miraron severos, para escoltarla hasta el helicóptero. Volteo para mirar a Boris, la miraba fijo, dudoso, sorprendido, hasta cierto punto se sentía engañado. ¿Le había usado? Se había acomodado en un alterego para hablarle como si nada y entrar a su vida y a su país. ¿Con que fin? Se sentía furioso, ¿Aquello había sido toda una trampa?



-¿Te enloqueciste o que?-Le reprocho con dureza el hombre, parados fuera de la sala de operaciones, ella era incapaz de hacer otra cosa, además de llorar.

Su piel trigueña resaltaba sobre la de ella. Tenía sus guantes de operación bañados en sangre. Había hecho todo lo posible por salvarle. Aun mantenía la fé, sus signos eran bajos, pero aun existía en este mundo.

-Por favor, deja de llorar.

La abrazo con todas sus fuerzas. Es verdad que ambos títulos estaban por sobre todo, pero pese a ello, era su amiga y la quería.

-Bal, todo es mi culpa.

No podía evitar reprochárselo. Había sido su plan, el la había seguido, no lo había obligado y estaba tranquila de ello. Pero fueron detalles que pudo prever, pudo ir en una visita estatal, más que en una salida así.

La túnica blanca que cubría su informal vestimenta se encontraba casi tan manchada en sangre como la de Baltasar. Ella se había encargado de los suyo en el helicóptero, más que nada de abrazar y sostener a Lawrence, pese a que los generales le recomendaron lo contrario.

-Seria bueno te bañes y arregles un poco, no en mucho habrá una conferencia de prensa.
-¿Conferencia de prensa?
-Hay que explicar el estado de su futuro primer ministro-Le miro amablemente-Recuerda, el no será un noble, pero es la voz de nuestra unión, de nuestra gente. Ellos lo eligieron y nosotros lo aprobamos.

Los verdes ojos de la joven se empañaron en lágrimas una vez más. Realmente, no podía hablar así, pero tampoco podía aparecer así ante la gente. Desganada se dirigió a una de las habitaciones, para tomar un baño. Más antes hablo.

-¿Habrá consecuencias?
-Si.
-¿De que índole?
-Yamir ya llamo a una reunión con las fuerzas armadas general, esta noche, todos los militares de alto rango se juntaran en Tel Aviv.
-¿Van a solucionarlo así?
-No lo se-Le hablo con algo de preocupación-Queda en sus manos, sabes bien como es.

Lo miro preocupada. Entendía a la gravedad que se había llegado. Y que esto no era más que un pequeño detonante para la guerra.



Tocaron la puerta del baño, para indicarle que se vistiera y secara el cabello rápido, que Baltasar la llamaba con urgencia a su oficina en aquel hospital.
Su piel se estremeció por un instante, le fue imposible negar aquel pedido.
Y la culpa la aplasto una vez más. Si le llegaba a pasar algo no se lo perdonaría.
Quizás era ingenua, pero soñaba con un mundo diferente, un mundo más unido y menos violento. Por eso había intentado entrar fugitiva a la tierra que desconocía, quería ver la verdad, no saberlo por rumores, historias, mitos que hablaban de sangre y venganza. Pero tenia claro hasta donde estaban sus posibilidades, del funcionamiento del régimen. Y así, les tocaba discutir, pero a fin de cuentas aceptar la opinión del ministro, en cuestión. Ministros, príncipes y señores de sus tierras asignadas, encargados de mantener entre ellos cuatro el equilibrio de aquella alianza.

Nerviosa espero el ascensor, para viajar en silencio junto a un par de enfermeros. Al verla guardaron un lúgubre silencio. No era tonta, podía imaginar de manera perfecta lo que había pasado.

Golpeo antes de entrar, solo fue una formalidad, nada más que eso. Al escuchar su voz abrió, para verlo sentado en aquel hermoso sillón de cuero negro, que resaltaba en contraste a lo blanco de la habitación. Todo minimalista, al igual que en el resto del hospital.
Sin duda, el principado de México era el más tranquilo de todos. La paz con sus vecinos, el imperio del Brasil y Los Estados Unidos de América. Quizás era por el calmado temperamento de su manda más, o por el mutuo beneficio de la paz entre los tres. Baltasar jamás dudaba en dar ayuda humanitaria sin pedir nada a cambio y luego de la tercera guerra, jamás se volvió a ver la violencia en el continente Americano, solo un macabro dibujo de todos aquellos heridos de guerra que llegaban en busca de cuidados médicos. Tenía en su poder a los mejores laboratorios del mundo, a los mejores especialistas y la generosidad de su príncipe, permita otorgarla, olvidando el bando del caído. Pero no se trataba de que fuera menos ambicioso que el resto de las cabezas de los principados, no era ese el tema. Prefería focalizarlo por otro lado y ciertamente se sentía orgulloso de su capital, La habana. Aquel lugar, que un siglo atrás solía estar desolado por un régimen autoritario, hoy, era nada más y nada menos que una de las ciudades más importantes. Y para el y su ambicioso plan de salud, Cuba no era otra cosa que un punto estratégico. Un paraíso de hospitales y servicios a los necesitados.
Era por todo ello, que quizás ella lo admiraba y respetaba tanto, más que a cualquiera de sus compañeros.

-Por favor toma asiento.

No dudo en hacerlo, para clavarle la mirada a sus ojos castaños, ansiosa esperaba que hablara, esperaba que no le diga lo que pensaba.

-Lo lamento mucho Marina-Hablo con consuelo- No pudimos salvarlo.

Se esforzó enormemente por no derrumbarse. Con cólera cerro sus ojos, para prohibirle a las lagrimas escapar. Sentía esa presión en el pecho, como si todo fuese a reventar. Trago imponiéndose ante en nudo de su garganta, para temerosa hablar.

-¿Cuáles son los pasos a seguir?
-Bueno-Se le notaba en la voz, el también estaba devastado, pero no era la hora ni el momento de llorarlo-Hay que darle el velorio que merece.
-¿En el palacio de gobierno?
-Si-Le hablo para quebrarse un poco-Esta dentro de tus funciones, tu conoces el procedimiento a seguir.



Ya estaban en la sala de conferencias, en sus respectivos sillones. Yamir y Akira, venían juntos de la discusión bélica.
Estaba emocionado, quizás más de lo que seria correcto. Desde que tenía memoria había soñado con invadir las tierras de aquellos bárbaros, los cuales, ante sus ojos, no eran más que seres sin inteligencia que habían persistido en la historia por simples casualidades. Y le dolía lo sucedido, pero el sosiego de lo que vendría lo opacaba. Haría historia, seria recordado hasta el final de los días como el príncipe Yamir, quien con la tecnología de punta y su excelente estrategia como general, había conquistado al mundo en casi su totalidad.
Cuidadoso levanto su mano, para pedirle a uno de los sirvientes que abriera una botella de champagne y la sirviera en las copas de ambos.

-¿No es algo desubicado esto?-Consulto con duda el hombre de negro cabello y rasgados ojos, mirando fijo como las burbujas subían-Lo mataron.
-Lo se-Tomo el primer trago-Pero ya sabemos los pasos a seguir. La declaración de guerra es simplemente inminente.
-De todas formas Yamir-Hablo con seriedad, acomodando sus gafas-Realmente desconocemos mucho del enemigo.
-¿El cerebrito me dice eso?-Le hablo con ironía-Vamos Akira, sabes que con los armamentos que tu gente crea para mi, podemos matar a todos los habitantes de ese mugriento lugar.

Atónito lo miro unos segundos para procesar aquellas palabras. Comprendía el enojo que podía sentir, entendía que podía irse puramente a lo patriótico, pero a veces le preocupaba.

-Akira-Le hablo con seriedad-Tu y yo, podemos poner al mundo en nuestros malditos pies.

Y si, solía trabajar casi permanentemente junto a él. El ministerio de ciencia y tecnología, trabajaba a full para el ministerio de guerra y defensa. El era precavido, astuto y hasta cierto punto morboso. Y era cada vez más la presión que ejercía, de nuevos inventos tecnológicos para el fin bélico, más que civil.

-¿No deberías tomarlo con calma?
-Claro que no.

Lo miro un segundo, intentando sacar un tema político menos violento que el que se trataba. Pero era él, vivía encerrado en el laboratorio, en busca de la perfección tecnológica. Y por más esfuerzo, nada era perfecto, nada. Le acompañaba un grupo de personas, quienes se encargaban de tratar los asuntos políticos tanto de su principado en particular, otros, su mano derecho en la ciencia. Le avergonzaba reconocer que era casi nulo su conocimiento de las relaciones políticas entre el resto y sus vecinos. El era así, encerrado en su castillo en Seúl, siendo este el laboratorio más importante del mundo.

-Sabes…-Hablo dudoso, mirando aun perdido las burbujas de la bebida-Estoy mejorando las bombas climáticas.
-Ya deja eso Akira-Le hablo con cierto aburrimiento-Funcionan perfectas, perfectas. ¿Comprendes lo que significa eso?
-Perfeccion, llegar a un punto de excelencia en donde no se pueda mejorar más, que nada sea más sublime que ello, que no halla error…-Pensó un segundo-Hace unas semanas una bomba de clima enloqueció en Auckland, todos disfrutaban el calor y de golpe se helo todo…
-Ya, detalles… siempre hay un margen de posibilidad para el error.
-¿No has pensado que esta guerra lo sea?

Los ojos oscuros del joven se clavaron ante el científico tras esa pregunta. ¿Perder la guerra contra una nación que estaba devastada? ¿Dónde una dictadura totalitarista dominaba hace más de ochenta años?. Algo de razón tenia, era muy poco lo que sabían de su enemigo, pero estaba seguro que esos terrenos pronto le pertenecerían.

-No, jamás me lo plante-Bebe un poco de su copa-¿Tendría que?

Y nervioso miro al suelo. El principado de Australia limitaba con quien se le declararía la guerra. Y los Chinos no tomarían partido. Y a su forma se sentía tan aislado del resto.

-¿Tienes miedo?
-Un poco, si invaden no sabría como manejarlo.
-Para eso me tienen a mi, todos ustedes-Hablo soberbio Yamir-Tengo mi as bajo la manga, no te preocupes.

Pensó un segundo, para recordar algo clave, pero que se le estaba banalizando tanto.

-¿Ya se dio el comunicado a la población de la muerte del primer ministro electo?
-No-Bebió un poco más-De eso se encargan Marina y Baltasar, deberían salir al aire no en demasiado.
-¿No están ya en Rekjavik?
-Si estuvieran, los verías aquí con nosotros sabelotodo-Agrego soberbio-Pero lo más seguro es que, en cuestión de minutos hagan la conferencia desde el avión rumbo aquí.



-¿Estas lista?-Pregunto con ternura el medico, tras ver los nervios con los cuales abrochaba su bata medica la joven, aun pensando bien que decir.
-Debo…-Dudo unos segundos-Tengo que… ¿Hacerlo sola?
-Estoy contigo-Con firmeza le sostuvo los hombros, expresándole en ellos sus fuerzas, sabia lo difícil que era para ella todo eso.


A su alrededor, un grupo de expertos camarógrafos e iluminadores preparaban todo. Miraban concentrados a los mandatarios, esperando la señal de comienzo, para dar inicio a aquella transmisión.

-Vamos-Hablo insegura ella.
-¿Segura?
-Si, vamos, pónganos al aire.



-Estimada población De la Confederación de principados unidos.

Se escucho la voz de la joven de toda pantalla aplicada en las miles de ciudades del extenso terreno geográfico, ya sean tv, computadoras, celulares, carteles pegados en puntos clave de las mismas. Aquello no era algo que se lograra ver con frecuencia, algo había pasado y la reacción de los civiles era notoria, entre susurros y preocupaciones detenían sus acciones, para intrigados escuchar el mensaje de su majestad.

-Yo Marina, princesa del principado de Suiza y ministra de educación y cultura de la confederación de ustedes, me dirijo con una fatídica noticia. Hoy es un día oscuro para nuestras tierras y para nuestra historia-Guardo silencio por un par de segundos, para evitar quebrarse-Nuestro primer ministro electo, hoy a la tarde fue asesinado en una visita no oficial a Los Estados Unidos Del Norte-Se detuvo una vez más, para permitirse escapar una suave lagrima.



-¡¿Esta llorando en cámara?!-Grito irritado Yamir-¿Cómo diablos se le ocurre? ¡¿Baltasar como no hace nada!?
-Tranquilo, no sabemos que paso, es normal que esta tocada.

De mala gana tomo la bebida espumeante, para continuar escuchando.

-Declaramos duelo nacional por cinco días. En este momento se encuentran los preparativos para el funeral en el palacio de gobierno de nuestra capital, el cual tendrá una duración de un día.

-Y ve a lo importante linda, el pueblo tiene sed…
-¿Sed?
-De venganza Akira, esto no se queda así.

-En este momento, se inicio una cumbre, en el propio palacio de gobierno con nuestros cuatro príncipes y ministros. En donde tomaremos una resolución por lo sucedido. Les mantendremos al tanto.

Y se corto, para dejar a la población exaltada en una mezcla de enromes sensaciones extrañas.
El celular de Akira sonó de inmediato, al igual que de su compañero, pero el parecía no darle mayor atención a eso. Lawrence había sido un mártir y seria recordado y vengado.
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