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 The Road to the Reckoning: Más que el Infinito (Prólogo final).

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AutorMensaje
Kael'Thas Sunstrider
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Localización : Lunargenta, Quel'Thalas

MensajeTema: The Road to the Reckoning: Más que el Infinito (Prólogo final).   Jue Mayo 26, 2011 9:01 pm

The Rising, propiedad de Brian Keene.

Prólogo 7.
Más que el Infinito.


Un punto detrás del universo, donde las esperanzas y las lágrimas no importaban. Un lugar donde inclusive algunos dioses temían entrar. Ahí, varias figuras comenzaban a aparecer. Seres que invariablemente estaban rodeados de una tenue aura negra, la esencia misma de la muerte. Y pese a que varios de ellos tenían un aspecto y un porte macabro o imponente, todos parecían estar observando con fría atención a la pequeña figura de una joven mujer vestida de negro.

-Sé que esta reunión no tiene precedentes, y que estamos alterando el orden natural del Otro Mundo, pero debemos unir fuerzas para hacer frente a la amenaza que se aproxima. No se había visto algo como esto desde la época anterior a la guerra entre Morningstar y Miguel, así que… ni siquiera yo sé como debemos actuar. –dijo la mujer pálida. En su voz había un ligero temor, cosa que sorprendió a muchos de los presentes.

¿Qué hacía que la fuerza tras la Muerte se sintiera atemorizada?
¿Qué era lo suficientemente poderoso para intimidar a una entidad como ella?

-Lo que cuentas tiene un mensaje apocalíptico, Death. ¿Estáis segura de vuestras palabras? –siseó una fémina de extraños ropajes.

-Así es, Hela. Todos los reinos de los muertos y los planos de la Otra Vida se encuentran en peligro… si dejamos que los Tres Hermanos salgan de su prisión en el Vacío… los primeros en caer serán los reinos de los muertos. Todos.

Aquellas palabras resonaron en el recinto, como un eco que hizo que todos los presentes se miraran entre sí.

-¿Los Tres Hermanos?

-Ob, Api y Ab. –terció un imponente demonio llamado Mammon. Parecía nervioso en cierta forma al mencionar esos tres nombres.

-No, Death… sabemos que una de nuestras tierras ha sido destruida por una variación del Alzamiento como incontables más, pero, ¿no crees que asegurar que esos Tres pueden arrasar con los reinos de los muertos y el Laberinto resulta algo descabellado? – intervino uno de los señores de la muerte reunidos ahí.

-No, Señor Mictlantecuhtli. Lamentablemente, muchas tierras del multiverso han caído recientemente ante sucesos similares al Alzamiento. En muchos de ellos la muerte reina sobre la vida, y estoy segura que si el Siqqusim y el Elilum encuentran la forma de corromper aún más esos mundos… sus ejércitos crecerán exponencialmente, y causarán una reacción en cadena que puede afectar a toda la vida en el multiverso. Peor aún… si dejamos que reúna a los demás…

-¡¿Qué?! ¿No estás hablando en serio, o sí?–preguntó Mictlantecuhtli, algo perturbado. A su lado, una mujer con el rostro pintado como una calavera y con elegantes tocados similares a los suyos, se estremeció por un momento. Death asintió con tristeza.

-Sí. Los Trece han sido liberados en el multiverso… en este preciso momento, Ob está buscando reunir a sus hermanos. Ahora solo cuenta con Ab y Api, pero no tardará en encontrar al resto, empezando por Leviathan y Behemoth. Cuando los Trece se encuentren reunidos… entonces no habrá poder en el multiverso que pueda detenerlos… arrasarán con todo plano de existencia en su guerra contra el Creador.

-Ob… ese usurpador… -murmuró Mictlantecuhtli por lo bajo.

-Pero El Elilum, el Teraphim, el Gran Diluvio, los Gusanos Conquistadores y el Siqqusim solo afectan los mundos de los vivos… ¿porqué deberíamos de preocuparnos por los reinos de los muertos? –preguntó un ser espectral de voz profunda y aterradora, vestido como un rey medieval y con un parche en un ojo.

-Porque el inframundo es la puerta trasera de las realidades… un pasaje que conecta a todos los universos. ¿Por qué creen que la mayoría de las tierras cuenta con versiones de Hel, el Hades, el Mictlán, el Infierno y el Cielo? –hubo murmullos en la asamblea de seres espectrales. Death no estaba bromeando.

-No, no quiero creerlo… ¿qué sugieres, Death? ¿Qué creemos un ejército y ataquemos al Siqqusim, Elilum y Teraphim en el Vacío? –una risa estruendosa anunció la materialización de siete seres demoníacos. Algunos otros demonios ya presentes como Mammon, mostraron muecas de desprecio a las figuras.

-Los Señores Demonio… -Mictlantecuhtli habló por lo bajo, intercambiando miradas con su esposa, Mictecacíhuatl. Hela, Satannish, Blackheart y Pluto permanecieron silenciosos.

-Vaya, veo que nos perdimos parte de la fiesta. Oh, hola, Mictlantecuhtli… -uno de ellos, similar a un humano alto y con ropajes negros, sonrió con crueldad. El señor del Mictlán frunció el ceño, receloso.

-Baalzurker…

-Y no solo él. Itzilith, Baazelphriel, Lord Vhoralphon, Malphial, Xipe Totec y Halzeroth también. Los Señores Demonio del Círculo Dracónico… -Murmuró Hela, observando a Malphial con cierto interés. Sabía que en el Círculo Dracónico, una contraparte suya era consorte del señor de Phlegethos, uno de los niveles del Inframundo de dichas realidades.

-¿Y por qué nos estamos aliando con demonios? –la sola idea de unirse a seres infernales bastaba para que Seraphimon, Ophanimon y Cherubimon sintieran náuseas. Otros seres angelicales y del bien también se mostraban renuentes a verse al lado de amenazas como los Señores Demonio, Blackheart y Mammon.

-En esta guerra contra los Trece no hay bandos de bien y mal. El cielo y el infierno, los incontables reinos del limbo y todos los reinos de la muerte deben unirse para detenerlos. Ya subestimamos por demasiado tiempo a Ob y a sus hermanos… hay que detenerlos antes de que sea demasiado tarde. –la voz de Death era solo un susurro, y no era en absoluto el calmado y amigable tono de siempre, si no una especie de temor y reverencia.

-¿Y por qué la destrucción del multiverso tendría que significar una tragedia? – una gélida entidad salió de las sombras. Era un avatar, cuya forma era la de una mujer de piel lechosa, vestida solamente una capa negra. Death la vio inquisitivamente. Muy pocos la reconocieron.

-¿Y quién infiernos es ésta? - preguntó Lord Mammon molesto ante la interrupción. La criatura solamente le dedicó una mirada indiferente, con sus extraños ojos blancuzcos.

- Soy la Ina Nishanti, Diosa Caída de la Muerte. Solamente estoy presente por que pensamos que era importante esta reunión –respondió con voz monótona-. Pero veo que solo ha sido una pérdida de tiempo. Desean seguir con la interminable cadena de sufrimiento que es la existencia.

-Pensé que tu amo no se presentaría –dijo severamente Anubis, el dios que adoraban los antiguos egipcios, así como en varios mundos del multiverso -. No todos hemos olvidado lo que tu señor le hizo a uno de los hijos de Osiris. Ni que él es el responsable de que Apophis esté libre para llevar el caos. De hecho, no veo razón para que puedas seguir existiendo. No eres más que el alma de una diosa que se niega a morir.

-Error, Anubis, dios de la muerte –replicó sin emoción -. Yo estoy atada al Amo y Señor. Ninguno de ustedes presentes tiene potestad sobre mí o mi destino, por lo que tus amenazas son vacías. Y el hecho de que los 13 se estén reuniendo, no significa más que dicha para mi amo y mis hermanos. Al fin el sufrimiento de todos los seres conscientes se terminará. Y la verdadera paz vendrá.

Un rumor se escuchó y los dioses se agitaron y se enfurecieron. Hades la miraba inquisitivamente, mientras que Mammon y los hermanos Phlebiac no deseaban otra cosa más que destrozarla. Pero en ese momento Death se colocó frente a la Ina Nishanti con mirada retadora.

-¿Es todo lo que viniste a decir?

-Sí.

-Pues bien. Supongo que tienes que irte.

-Como dije antes, nadie tiene potestad sobre mi excepto mi amo –contestó, esta vez con una mirada siniestra. Pero Death sólo se limito a sonreírle.

-Puede ser. Pero que no se te olvide que ni siquiera tu amo, Anu Danakar ó cualquiera de sus heraldos tienen potestad sobre mi poder.

Al decir esto, se pudo ver algo de terror en el rostro lechoso de la entidad.

-Muy bien, Death. Me retiro, por ahora.

Sin decir más, un siseó suave se escuchó y la figura se desvaneció. Tras esto, Death se volvió hacia el resto de los dioses, demonios y entidades cósmicas y con voz prístina habló.

-Quiero que reúnan a sus demonios y ángeles más poderosos, que contacten con entidades de todos los planos astrales y que por favor no se entrometan en la guerra que está por explotar en el plano terrenal. Debemos actuar con rapidez. –Death observó el enorme vacío del inframundo, y todas las puertas que parecían aparecer de la nada. Se preguntó por cuál de ellas saldría el ejército del Obot.


Otra tierra.
Se mantuvo de pie en el tejado y observó como los cuerpos alados que sus hermanos habían usurpado se alzaban volando hacia el cielo rojizo del atardecer, una multitud de alas muertas de todos tamaños surcando el cielo.
Sonrió, satisfecho al ver su reino en esta tierra.
Como muchas anteriores a esta, este mundo probó no tener forma de detener a sus fuerzas y a él. No había hechiceros, ni ángeles ni nada que pudiese frenar su avance inexorable corrompiendo a todos los hijos de Dios.
Bueno, al menos a la parte más compleja… todos aquellos con almas.
Su trabajo estaba casi hecho, y estaba seguro que la vida superior de este planeta estaba casi desaparecida, exterminada en su mayoría por sus fuerzas. Cada uno ocupaba el cuerpo de un ser vivo… millones, tal vez billones de caparazones que le servían de huéspedes a sus hermanos una vez que el alma original se había ido.
Y aún así, todavía existía un número incontable de otros esperando en el Vacío. Muchos más estaban en busca de la oportunidad de saltar a un cuerpo nuevo para ocuparlo y seguir corrompiendo este planeta… pero ya había muy pocos disponibles.
Una vez que la corrupción estuviese completa, llegaría Api para corromper la vida menor, y una vez que la muerte tomara este plano, sería el turno de Ab para terminar la labor de la corrupción con una lluvia de fuego.
A él no le importaba. Sabía que allá en el Vacío sus hermanos estarían impacientes ya, en especial tras que toda la carne en ese mundo estaba corrompida en su mayoría… y que tal vez el Elilum ya se encontrase desesperado por comenzar la corrupción de las plantas y envenenar el océano.
Ab, por otra parte, ya estaría furioso e incapaz de esperar a que el Teraphim se liberase sobre el planeta y ahogarlo en fuego. Y él no estaba listo para ese paso… o al menos, no hasta que ese señor de la muerte en otro universo encontrara la forma de permitirle a sus fuerzas el desplazarse con libertad por el multiverso, rompiendo las reglas que el Creador les había impuesto a él y al resto de los Trece.
Una vez que pudiera viajar por el enorme telar que conformaba el Laberinto…
Se estremeció, excitado por la simple idea.

“Finalmente…”

Ob sonrió triunfal.


Tierra-1.
“Kal-L de la Tierra-2… Golpea”.
Fue un solo golpe.
Y aún así, fue como si una fuerza sobrenatural hubiera convertido el universo en algo sólido, permitiéndole al kriptoniano golpearlo y abrir un hoyo en el espacio-tiempo.
Nekron tembló al sentir la energía del multiverso, el enorme espacio tras la realidad que era el Nexo de las dimensiones… la ciudad entre mundos, el pasillo entre todas las puertas. Nekron sonrió con crueldad y el kriptoniano se hizo a un lado.
Tras él, Black Hand observaba a su amo con la obediencia de un perro.
El Señor de la Muerte se acercó al borde que había abierto Kal-L y estiró la batería de poder de los Linternas Negras hacia el oscuro vacío del multiverso.

“Ahora… viajen. Difundan la buena nueva. ¡Ob ha llegado! ¡Engastrimathos du aba paren tares!”

A su señal, una masa de pequeños anillos negros se introdujo por el hueco del multiverso. Y en todas las realidades, la muerte se hizo más poderosa.
Nekron pudo sentir la corrupción del multiverso, la forma en que la muerte lo inundaba como un derrame de petróleo en el océano, como veneno de una serpiente entrando por el torrente sanguíneo y licuando los órganos y la carne… sí, era algo casi palpable.
Esta tierra ya no era su preocupación. Sí, la invasión de los Linternas Negras se consumaría y toda la vida sería destruida… pero, ¿Por qué detenerse ahí?
¿Por qué no invadir todo?
Sentía ganas de ver lo que Ob preparó para el resto del cosmos.
Y puso un pie en el hueco.


En otra tierra, Ob, el señor del Siqqusim, comenzó a reír mientras el cielo se enrojecía sobre él, y una ola de corrupción se extendía entre las plantas bajo él.
En la oscuridad del nuevo sol rojizo, las plantas comenzaron a moverse… los árboles se arrancaban de sus raíces, hojas individuales de pasto se mecían como si hubiese viento, y las flores se transformaban en tentáculos hambrientos. La corrupción se extendió a otras formas de vida, mientras los insectos empezaban a matarse entre sí.
Y aún así, el Siqqusim no había desaparecido como incontables veces.
Al parecer, acababa de romper la primera regla, y tras él, una nube formada por insectos de todo tipo; moscas, mosquitos, libélulas, avejas y avispones, entre otros; adoptaba una forma vagamente humanoide.

-“Hola, Api… al parecer, ya no hay más reglas.”

Y la figura hecha de insectos se contorsionó en una cruda imitación de un gesto triunfal.
En el horizonte, un segundo sol comenzaba a aparecer, y la temperatura se estaba elevando poco a poco. El fin había llegado a esta tierra, pero eso no le importó a ninguno de los dos hermanos.
Al fin y al cabo, ahora eran libres de viajar en el multiverso.
Sobre ellos, el cielo comenzó a llorar.


EL FIN DEL INICIO DEL FINAL.


Cosmic Reckoning #1.
Junio 2011.

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Gabe_Logan

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MensajeTema: Re: The Road to the Reckoning: Más que el Infinito (Prólogo final).   Vie Mayo 27, 2011 1:04 am

Interesante, chance y puedo hacer otro Tie inn antes de que empieze je, solo para aportar mas info del Solanum que estoy manejando...
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The Road to the Reckoning: Más que el Infinito (Prólogo final).
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